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De dolor de cabeza a depresión: los peligros de respirar el aire contaminado de Ciudad de México

La Organización Mundial de la Salud estima que la contaminación atmosférica provoca alrededor de siete millones de muertes anuales

Vista de la contaminación en Ciudad de México, el 17 de febrero.Graciela López Herrera (Cuartoscuro)

La contaminación del aire en Ciudad de México puede enfermar a sus habitantes. No se trata solamente de ojos irritados o tos pasajera, respirar en la capital mexicana implica un riesgo acumulativo que puede ocasionar desde dolores de cabeza persistentes hasta irritación laríngea, daño pulmonar severo e incluso depresión y ansiedad. El riesgo no está solo afuera. Un estudio de la UNAM documentó que dentro de los hogares hay una alta concentración de metales pesados dañinos para la salud.

La capital mexicana inició el año con una contingencia ambiental Fase 1 declarada el 1 de enero. En lo que va del año, en la ciudad y el Valle de México se han decretado ya cuatro contingencias derivadas de los altos niveles de contaminantes detectados en el aire. La más reciente decretada este 10 de marzo.

La dimensión del problema es global. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la contaminación atmosférica provoca alrededor de siete millones de muertes anuales y la considera uno de los principales factores de riesgo de enfermedades no transmisibles, como el cáncer y los padecimientos cardiovasculares. En 2025, el organismo reportó que 140 países ya cuentan con estándares de calidad del aire, un aumento del 17% respecto a años previos.

Contingencias ambientales en aumento

En Ciudad de México, durante 2024, la Comisión Ambiental de la Megalópolis activó nueve contingencias ambientales por altos niveles de ozono, cinco más que en 2023 y cerca del récord de 12 que se vivieron en 1993. Una de ellas fue la más extensa de los últimos cinco años: tres días de muy mala calidad de aire. Al decretar las alertas, la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe) tiene una principal recomendación: disminuir la exposición al aire contaminado. Pero para millones de personas, especialmente quienes trabajan en la calle, quedarse en casa no es una opción.

Un estudio publicado en 2025, en el que participaron 300 personas trabajadoras ambulantes, documentó la magnitud del impacto. Los académicos de la UNAM y el Hospital General de México analizaron los efectos a la salud de las contingencias de aquel año. Encontraron que más de la mitad (52%) reportó aumento de expectoración, un 44,3% infecciones respiratorias recurrentes, casi un 40% dolor de cabeza, un 35% tos persistente y un 26% disnea o sensación de falta de aire. Las pruebas de espirometría ofrecieron un panorama más preocupante. El 61,3% de los trabajadores presentó un patrón restrictivo, caracterizado por una disminución de la capacidad pulmonar total; un 14,3%, un patrón obstructivo; y un 13,3%, un patrón mixto. Solo el 11% no mostró alteraciones funcionales. Entre quienes ya padecían asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), el 44% sufrió exacerbaciones agudas tras las contingencias ambientales.

La contaminación no actúa de manera aislada sobre los pulmones. Las partículas PM2.5 —lo suficientemente pequeñas para penetrar hasta los alvéolos— y gases como el dióxido de nitrógeno (NO2) desencadenan procesos de estrés oxidativo: generan especies reactivas de oxígeno que dañan proteínas, lípidos y ADN. Este fenómeno altera la función mitocondrial, afecta la producción de energía celular y favorece inflamación sistémica.

Las consecuencias se extienden al sistema cardiovascular —insuficiencia cardiaca, hipertensión pulmonar, arritmias— y, cada vez con mayor evidencia, al sistema nervioso central. En el estudio realizado en la capital mexicana, el 26% de los participantes presentó síntomas compatibles con depresión y el 25% con ansiedad, asociados a la exposición prolongada a contaminantes. Investigaciones internacionales han vinculado además la polución crónica con un mayor riesgo de enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson o el Alzheimer. La contaminación en Ciudad de México provoca entre 8.000 y 14.000 muertes prematuras cada año.

El impacto económico también es considerable. Se estiman alrededor de 48.000 defunciones anuales en el país atribuibles a la contaminación del aire. El costo asociado asciende a casi 10.000 millones de pesos. Modelos de salud pública calculan que cumplir con los límites de PM2.5 recomendados por la OMS en el Valle de México, Guadalajara y Monterrey evitaría al menos 2.170 muertes prematuras cada año.

Las políticas de mitigación no son nuevas. El programa Hoy No Circula, implementado en 1989, buscó reducir emisiones vehiculares durante episodios críticos. Sistemas de monitoreo en tiempo real permiten hoy informar a la población sobre la calidad del aire y activar protocolos de emergencia. La discusión rebasa el ámbito ambiental. La OMS califica la adopción de estándares más rigurosos como una de las mejores inversiones en salud pública: reducen la carga de enfermedad y, a largo plazo, los costos para el sistema sanitario. En una ciudad donde millones de personas respiran aire que supera regularmente los límites recomendados, la calidad del aire no es solo un indicador técnico, sino una variable que define la esperanza y la calidad de vida.

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