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El sueño de ser una futbolista profesional en México pasa por la violencia y el ciberacoso

Los expertos advierten que los ataques contra jugadoras, árbitras y periodistas buscan expulsar a las mujeres de un deporte históricamente dominado por hombres

Jugadoras de la selección mexicana durante un partido en Texas, en 2025Omar Vega (Getty Images)

Un comentario machista disfrazado de humor, un insulto bajo la excusa de la implacable pasión del fútbol, una fotografía manipulada con inteligencia artificial para simular contenido pornográfico o directamente una amenaza de muerte. Las formas de violencia digital que enfrentan las futbolistas mexicanas no solo persisten, sino que se multiplican. Algunas jugadoras han dejado el país tras episodios de acoso. Otras son hostigadas cada día por redes sociales, y en los casos más extremos, las intimidaciones salen de la pantalla para alcanzarlas hasta la puerta de casa. Los expertos y estudios consultados por este diario advierten que cerca del 80% de las mujeres dentro del fúbol mexicano ha sufrido de estos ataques, en un país que aún carece de mecanismos eficaces para afrontarlos.

Scarlett Camberos llegó en 2021 al América Femenil para buscar su lugar como estrella del fútbol femenino, pero su llegada a la Liga MX quedó marcada por casi un año de acoso. José Andrés N la hostigaba en Twitter e Instagram: “Este muchacho sigue creando cuentas falsas de mí en redes sociales y acosándome… ya no soporto más todas las cuentas que hace para molestarme diario y hoy me lo topé camino a casa”, denunció entonces la futbolista. Meses después, sus redes fueron hackeadas para modificar su información personal y difundir que el agresor era su pareja sentimental. Aun con el apoyo del equipo legal del club, uno de los más grandes del país, la única sanción que recibió el acosador fue un arresto domiciliario de 36 horas.

La delantera se marchó al Angel City FC de la liga estadounidense durante tres años, pero su caso rompió el silencio. Selene Valera (Pumas) y Jana Gutiérrez (América) denunciaron al mismo sujeto, mientras que Selene Cortés (Pachuca) señaló al usuario de Twitter angelpuentee01_, que amenazaba con abusar de ella. La llamaba “mamita” o “zorra”: “No estaría mal toparte aquí en Pachuca y abusar de ti”, escribió.

Para las futbolistas, árbitras y periodistas deportivas, la violencia no se limita a lo que sucede en la cancha o en las gradas. Claudia Pedraza, doctora en Ciencias Políticas y Sociales especializada en género y deporte, apunta que las agresiones contra ellas forman parte de una estrategia simbólica para desalentar su presencia. “Hay dos tipos de violencia. El primero es minimizar el valor de las mujeres en el fútbol: su actuación, su conocimiento, su técnica, la calidad de su juego. El segundo es hacerlas sentir incómodas a través de la sexualización”, explica. “A medida que aumenta la participación de las mujeres, con más ligas de fútbol, más directivas y más mujeres periodistas, los ataques se vuelven más agresivos”, advierte. Y en las redes sociales no hace más que amplificarse.

En México, 10 millones de mujeres han sido víctimas de violencia digital, según datos del Inegi de 2024. Una de cada tres ha recibido contenido sexual no solicitado y, en los últimos años, el auge de la inteligencia artificial (IA) ha abierto nuevas formas de agresión. “Con todo lo que permite la IA, como los llamados deepfakes, la violencia tiende a ser no solo más intensa, sino también cualitativamente más dañina y perjudicial”, señala la experta. El diseño de las redes sociales facilita que los ataques se propaguen. “Son espacios donde se permite el anonimato, los mensajes se replican rápidamente cuando más personas interactúan con ellos y viajan entre distintas plataformas. Fácilmente se convierten en una captura de pantalla que circula en Facebook, Instagram u otros medios”, añade Pedraza.

El coste emocional

Las consecuencias de la violencia digital, muchas veces minimizada, van mucho más allá de lo virtual. Raúl Martínez Reyes, psicólogo deportivo de la Dirección General del Deporte Universitario de la UNAM, asegura que el impacto emocional puede afectar tanto a la salud mental como al desempeño profesional de las jugadoras. “Algunas de las reacciones que pueden experimentar cuando se convierten en blanco de acoso o hostigamiento son miedo, ansiedad, estrés, insomnio e incluso depresión. En algunos casos también podrían llegar a desarrollar trastorno de estrés postraumático”, describe. El estrés constante termina por reflejarse en la cancha: “La sensación de incertidumbre e inseguridad las obliga a estar en constante alerta. Al final, repercute tanto en su calidad de vida como en su rendimiento deportivo”.

En casos más recientes, la árbitra Katia Itzel García, quien en marzo del año pasado se convirtió en la segunda mujer en dirigir un partido de Primera División varonil en México, ha sido blanco del acoso digital. Tras un partido entre Monterrey y Cincinnati en la Leagues Cup, recibió mensajes como “vieja tenías que ser”, “te vamos a disolver en ácido”, “te vas a morir” o “vamos a matar a toda tu familia”. La ola de amenazas fue tan grave que llegó hasta el presidente de la FIFA, Gianni Infantino: “Me consternan y entristecen las amenazas contra la árbitra Katia Itzel… Sin árbitros no hay fútbol. Ofrecemos nuestro apoyo incondicional para que los responsables rindan cuentas”, dijo. El pasado enero, la futbolista Aaliyah Farmer solicitó ser liberada de su contrato con Tigres tras denunciar acoso durante su estancia en México, apenas un año después de iniciar su carrera profesional con el club.

Una encuesta de ESPN realizada a deportistas mexicanas que han participado en Juegos Olímpicos, Paralímpicos o en la Liga MX Femenil encontró que el 66% ha experimentado violencia física o verbal en su entorno deportivo. Aun así, más de la mitad (54%) no sabe a dónde acudir en caso de sufrir violencia, mientras que el 81% desconoce si su federación o liga cuenta con lineamientos para atender estos casos. La comentarista deportiva Marion Reimers, también víctima de esta violencia, describe el fenómeno como “un silencio estruendoso”.

En México, la respuesta institucional sigue siendo limitada. La Ley General de Cultura Física y Deporte incorpora algunos elementos relacionados con la perspectiva de género, pero no establece obligaciones claras para prevenir o sancionar la violencia en el deporte ni exige protocolos específicos contra el acoso o el hostigamiento. “El patrón suele ser reaccionar de forma tardía. Primero aparece un comunicado de apoyo a la jugadora, pero rara vez se anuncian acciones concretas para acompañarla”, explica Pedraza.

La investigadora considera que la prevención debería comenzar mucho antes de que se convierta en un caso mediático. “Primero se necesita alfabetización digital para las jugadoras: saber cómo reaccionar ante una agresión, cómo denunciar, cómo guardar evidencia. Segundo, los clubes deberían tener protocolos claros de actuación frente a ataques a jugadoras”. También propone exigir mayor responsabilidad a las redes. “Las plataformas tienen herramientas para suspender cuentas o eliminar publicaciones violentas. Aunque cerrar una cuenta no evita que alguien cree otra, sí envía un mensaje claro a la comunidad de que ese comportamiento no es tolerado”, denuncia. Para Martínez, el objetivo es tan simple como complicado: “Ojalá cualquier mujer que quiera practicar fútbol tenga la libertad de quererlo hacer porque es un espacio libre y seguro, y que no sea conocido por el hostigamiento o acoso”.

Los expertos coinciden en un aspecto positivo: la presencia de las mujeres en el fútbol mexicano sigue creciendo. La presidenta de México, Claudia Sheinbaum ha decidido no asistir a la inauguración del Mundial de 2026 en el Estadio Azteca y su boleto, el número 00001, será entregado a una joven aficionada a través de un concurso. El gesto, que busca promover la participación femenina en el fútbol, fue anunciado este jueves en la conferencia matutina donde participaron la árbitra Katia Itzel García y la futbolista Charlyn Corral. “Hoy sé que muchas niñas van a llegar a ser futbolistas, van a poder vivir de esto, ver un Mundial”, dijo Corral. Ambas señalaron la necesidad de poder ocupar ese espacio sin convertirse en blanco de violencia.

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