Hallado en la bahía de Cádiz un barco italiano casi intacto hundido por el pirata Drake en el siglo XVI
La nave, cubierta por ocho metros de fango, se conserva en “excelante estado” al igual que su carga


Sir Francis Drake era un pirata —según los españoles—, un honorable marino —según los ingleses—, comandado por la Isabel I de Inglaterra para acabar con las ciudades, fortalezas, campos, granjas o súbditos de Felipe II allí donde estuvieran. Drake distribuía sus ataques por ambos hemisferios sin previo aviso. Podía arremeter contra Santo Domingo, las Canarias o la Patagonia. No había límite. Uno de los puertos que atacó con gran éxito fue el de Cádiz en 1587. [Este texto es un extracto del boletín semanal sobre arqueología de EL PAÍS, ‘Cuatro piedras’. Para recibir la newsletter, puedes apuntarte aquí].
En la bahía gaditana, Felipe II construía parte de la flota con la que tenía previsto atacar Inglaterra. Por ello, Isabel I ordenó a Drake destruir aquellos amenazantes galeones artillados que ponían en peligro su reino. Así, el marino inglés, en una maniobra audaz, se adentró en el puerto andaluz y hundió entre 30 y 35 naves hispanas, portuguesas o aliadas.
Entre ellas, el italiano San Giorgio e Sant’Elmo Buonaventura, cuyas bodegas estaban repletas de los más variados productos. El dragado de la bahía de Cádiz ha permitido ahora recuperar el pecio del barco. Lo cuenta el estudio multidisciplinar Ciencias experimentales en la arqueología subacuática: pecio Delta II (San Giorgio y Sant’Elmo Buonaventura). Empleando técnicas de genómica, dendroarqueología, paleobiología, fisicoquímica, arqueológica y archivística, los expertos han reconstruido el hundimiento. Y mucho más.
A solo unos ocho metros bajo el fango, estaba la nave casi intacta. Fue enviada al fondo el 29 de abril de 1587. “Los restos orgánicos localizados presentaban un excelente estado de conservación debido al gran espesor de la capa de fango que el pecio sepultado había mantenido, proporcionando un ambiente anaeróbico que impidió el deterioro de un material frágil y, por tanto, de fácil descomposición; el cual, por otro lado, presenta un gran valor patrimonial y científico”.

Además de restos de animales, en el lugar se halló el cráneo de una mujer de unos 25 a 35 años que presentaba un impacto en la frente. Los huesos de los ejemplares corresponden a vacas, cerdos, caprinos y gallináceas. Se han localizado también botijuelas o botijas, tanto completas como selladas. En su interior guardaban aceitunas gordales en salmuera con alcaparras, laurel, romero y orégano.
También se han determinado las enfermedades que la tripulación sufría al haberse obtenido ácido desoxirribonucleico genómico (ADN) en el interior de las vasijas: un patógeno causante de la neumonía y del Staphylococos de piel y del sistema respiratorio. El estudio es espectacular y está firmado por 11 destacadísimos expertos del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico, la consultora Tanit Gestión Arqueológica, CSIC, DendroResearch Wageningen (Países Bajos), Sociedad de Ciencias Aranzadi, Universidad de La Laguna y Estación Biológica de Doñana.
Igualmente, durante el proceso de excavación del pecio se localizaron una serie de barriles de madera que contenían un elemento denso, de color rojo que, tras el análisis efectuado en la Universidad de La Laguna, se ha identificado como Dactylopius coccus costa. Se trata de un tinte procedente de un insecto, la cochinilla. Una tintura que en el siglo XVI llegaba de Nueva España, concretamente de la zona de Oaxaca, y que se convirtió a lo largo de la Edad Moderna en el tercer producto más cotizado de América. Los barriles encontrados –fabricados con madera del Báltico- fueron cortados entre los años 1586 y 1601, según los análisis. Acertaron de pleno, porque el barco se hundió en el 1587.
“En definitiva, el San Giorgio e Sant’Elmo Buonaventura, mientras estaba fondeado frente a la ciudad de Cádiz, fue echado a fondo (entre las cinco y las seis de la tarde del 29 de abril de 1587) por la armada comandada por el corsario Francis Drake, siguiendo órdenes expresas de la reina inglesa Isabel I”, concluye el estudio.
Finalmente, el almirante español Álvaro de Bazán salió tras la flota de Drake, pero no llegó a tiempo y el vice admiral logró arribar a Inglaterra donde desembarcó una enorme fortuna.
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