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El Paraíso de Dos Bocas, un mechero de petróleo arde al lado de tu escuela

Las consecuencias en la salud y la vida cotidiana para los vecinos de la Refinería Olmeca se han agravado en los últimos cuatro años para quienes antes vivían al lado de un manglar

Un niño de cuatro años dice “demasiado olor, señorita, me siento mal”. La maestra, un poco mareada y con dolor de cabeza, abre la puerta que da al patio y le comenta a la docente del salón contiguo, que responde: “Sí, hoy está más fuerte”. Una niña de trenzas, en otra aula, comienza a toser, le cuesta respirar. La directora del preescolar Agustín Melgar —en la Colonia Lázaro Cárdenas del Río, en el municipio Paraíso, Tabasco—, se apura a poner en marcha el protocolo para que madres y padres vayan a buscar a sus hijos. La escena es similar en la Escuela Primaria Abías Domínguez Alejandro, ubicada junto al kinder. Esa mañana, como siempre, todo ocurre con un sonido de fondo, fuerte y penetrante. “Es como el ruido de un avión que nunca termina de despegar”, describe una de las maestras al bramido del "mechón", como todos llaman a esa antorcha de varios metros que está a la vista. El mechón no se apaga nunca, ni de día ni de noche. Arde en medio de la Refinería Olmeca —o más conocida como Dos Bocas—, inaugurada en 2022 al otro lado de la barda de la escuela y el jardín.

Obra insignia del sexenio de Andrés Manuel López Obrador, la construcción de la Refinería Olmeca fue celebrada en Paraíso, un municipio de 96.000 personas que vivió unos años de crecimiento laboral y económico para muchas familias. El impacto en la salud y la vida cotidiana se hicieron notar rápidamente, agravándose sobre todo para quienes vivían cerca de ese predio de casi 600 hectáreas. La zona fue, por años, una barrera natural de árboles y animales.

“Todo era manglar. Un día llegaron los camiones y comenzaron a deforestar. Se llevaban árboles muy antiguos a escondidas y salían monos, mapaches y animales que nunca habíamos visto”, describe Laura Díaz Gómez, la delegada municipal de la colonia Lázaro Cárdenas del Río, conocida como La petrolera. Vive hace 30 años en una casa en la que hoy es imposible abrir las ventanas. “Primero fue el polvo, no se podía respirar. Después cuando llovía se inundaba, algo que nunca había pasado. Hubo un momento en que venía mucha gente de afuera, había mucho movimiento, pero ahora la gente no quiere estar acá. Huele muy fuerte, a hidrocarburo, a gas. Uno amanece con dolor de cabeza, malestar estomacal. Y el ruido es infernal”, dice Laura. Como prueba propone un recorrido por las calles del barrio, que parece abandonado. Salvo en los horarios de entrada y salida de la refinería —cuando van y vienen cientos de hombres con overoles y cascos—, las calles de la colonia lucen vacías. En una cuadra se cuentan siete viviendas consecutivas deshabitadas. Modernas, de dos o tres plantas, con alberca. Sólo algunas portan un cartel de venta. “Los que nos quedamos a vivir acá es porque no tenemos adonde ir, por eso es difícil entender cómo la escuela y el kinder siguen ahí”, apunta la delegada municipal.

Faltan pocos minutos para las 13.00, la hora que marca la salida para los 293 alumnos de la escuela. Un cartel en la entrada dice: “Misión: brindar una educación primaria integral en un ambiente seguro…”. Un grupo de madres dialogan entre sí. Algunas prefieren mantener el anonimato. “Mi marido trabaja en Pemex (Petróleos Mexicanos)”, dice una. Su hijo padece asma y tuvo que internarlo tres veces el año pasado. “El olor es muy fuerte y la contaminación auditiva también. Tengo un hijo de 10 y una niña de 4 en el jardín. Es común que tengan alergia, los ojos llorosos o escurrimiento nasal. Está demasiado cerca la refinería”, dice Melina López. A ella le asalta también otro temor común entre la comunidad: “¿Y qué pasa si un día hay una explosión?”.

Cristian Javier Angulo, de 32 años, viste una playera amarilla. Es padre de un niño de ocho. “Los chamacos están en riesgo, a diario huele a gas, y eso suelta humo”, dice señalando el mechón. “Estamos pegados a la refinería y la única medida es el tapabocas. Esto es una bomba. En cualquier momento nos vamos todos. Los de Protección Civil dijeron que no es peligroso. ¿Por qué no vienen ellos a traer a sus hijos?”, cuenta.

En una ocasión en la que el jardín de niños y la primaria fueron evacuados y varios menores recibieron asistencia médica, la coordinación municipal de Paraíso informó que se trataba de “aminas”, un producto químico derivado del amoníaco utilizado en la refinación. Las autoridades aclararon que la sustancia “no es tóxico ni explosivo”, aunque reconocieron que podía generar mareos y náuseas. En dicha ocasión, según medio locales, el coordinador de Protección Civil, Limberg Domínguez Hernández, recomendó a los planteles educativos apagar los equipos de aire acondicionado, ventilar los salones y evitar las actividades al aire libre.

“Lo que vivimos es insoportable y los papás tienen miedo. Un día escuchamos una alarma y no supimos cómo proceder. Hemos pedido protocolos de actuación a Protección Civil. No vino nadie, ni gente de Pemex ni del Gobierno a decirnos cómo actuar si sucede algo más grave. En el último tiempo hemos evacuado dos veces”, dicen desde el jardín Agustín Melgar, donde también piden anonimato por temor a represalias. Más de 200 padres de familia de los dos centros educativos realizaron gestiones ante la Secretaría de Educación federal, el Gobierno de Tabasco y las autoridades municipales para reubicar las escuelas. “Todo queda en trámites, no nos dan una solución. Al gobernador actual [el morenista Javier May Rodríguez] le hemos entregado dos oficios. Al anterior [​​Carlos Manuel Merino Campos], también”, denuncian.

“¿Cómo estaremos en 10 años?"

Gabriela Alejandro, una docente de 47 años que enseña en Quinto grado dice haber sufrido recientemente dos cuadros de bronquitis severa. “Todo diciembre estuve enferma. El olor es penetrante, me afecta mucho”, dice detrás de un tapabocas. El neumonólogo le recomendó cambiar de empleo a un sitio donde el aire sea mejor. Hace una década que trabaja en esta escuela y asegura que han aumentado las enfermedades respiratorias. “Tengo niños asmáticos, que faltan muchísimo, y muchos con gripa, sangrado de nariz, dolor de cabeza, mareos y ganas de vomitar. La refinería es una devastación total. Se siente en toda la ciudad, pero aquí más. Lo estamos tomando como algo normal, pero no lo es. Esto es un monstruo. En Torno Largo [a pocos kilómetros, donde funciona el Puerto y el Complejo Dos Bocas] hay varios casos de cáncer porque tiene dos mecheros cerca. ¿Cómo estaremos en 10 años? ¿Cómo van a estar nuestros hijos?”, cuestiona.

La norma mexicana NMX-R-003-SCFI-2011 señala que la construcción de escuelas debe evitarse en terrenos que estén ubicados a una distancia igual o menor a un kilómetro de depósitos de combustible o a 500 metros o menos de ductos por los que fluyan combustibles, así como de instalaciones industriales de alta peligrosidad.

La escuela y el jardín existían casi tres décadas antes de que se construyera la refinería. Cuando comenzaron las obras, distintas instancias gubernamentales anunciaron la reubicación. “Hay una escuela que vamos a reubicar porque quedaría a la espalda de la barda de la refinería y ya tenemos ahí mismo el terreno en Paraíso en la colonia Petrolera”, anunció en diciembre de 2019 la entonces titular de la Secretaría de Energía, Rocío Nahle, hoy gobernadora del vecino Estado de Veracruz. “Una refinería no afecta a la población, esto va a estar muy interesante porque la alta eficiencia energética y los estándares que marcan ahora, las emisiones contaminantes son muy bajas, hemos reconfigurado nuestras refinerías para bajar los niveles de azufre”, pronosticó entonces Nahle.

Este jueves, José Ramiro López Obrador, el secretario de Gobierno de Tabasco y hermano de Andrés Manuel López Obrador, aseguró que el cambio no es sencillo. “Esta reubicación, como la están planteando algunos, no es fácil porque los ciudadanos van a seguir viviendo ahí, a menos que quieran que se construya toda esa parte de Paraíso en otro municipio”, dijo el funcionario en una entrevista a la prensa local.

Patricia Rodríguez es coordinadora del programa internacional de OGI (imágenes ópticas de gas) de Earthworks, una organización que busca visibilizar la contaminación al aire por el metano y otros gases. Ella maneja una cámara termográfica FLIR GF320, capaz de detectar fugas en instalaciones de petróleo y gas. En agosto de 2024, de paso por Paraíso junto a otras organizaciones, apuntó su cámara desde muy cerca de la escuela y el kinder junto a la refinería. “Más que la quema, hay que prestar atención a los penachos o plumas de gas que siguen. Por eso seguí el humo con la cámara. Lo que nos dice es que es una quema ineficiente, y eso es indicio de que varios gases están siendo liberados: metano, un gas con un efecto invernadero 80 veces mayor que el dióxido de carbono; benceno, un carcinógeno conocido y otros compuestos orgánicos volátiles (COV) que causan diversos problemas de salud, como afectaciones al sistema respiratorio, circulatorio, hemorragias nasales, dolores de cabeza y náuseas”, indica en una entrevista.

Otra cosa que sorprendió a Rodríguez durante sus días en Paraíso fue lo que percibió fuera de cámara. “Mucho ruido, olores a gas ácido y mucho carbón negro, que es algo visible siendo liberado desde los mecheros. Se nota el polvo encima de los autos, techos y patios. El carbon negro es un componente del material particulado fino, principalmente PM2.5, y eso tiene efectos adversos a la salud, principalmente en el sistema respiratorio”, señala la especialista.

La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) asegura que “las partículas PM2.5 tienen un efecto mayor en la salud humana por su composición, que puede ser más tóxica y se caracteriza principalmente por la presencia de sulfatos, nitratos, ácidos, metales y carbono negro (...) que por sí solo ofrece una elevada toxicidad”. El documento indica asimismo que las PM2.5 “permanecen durante períodos más largos suspendidas en la atmósfera, viajan distancias más largas y penetran en los interiores de las casas y oficinas”, por lo que la población está más tiempo expuesto a ellas.

Una cámara termográfica muestra las emisiones de metano de la Refinería Olmeca.

Sheila Cadena, la titular local de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable (Semades) ha afirmado a los medios de Tabasco que solicitó la elaboración de un estudio de calidad de aire por las denuncias realizadas por los padres de familia. Alfonso Baca, el presidente municipal de Paraíso, también confirmó un acuerdo con Pemex para monitorear “las áreas aledañas a la refinería” y colocar semáforos que informen sobre los niveles de contaminación. Sin embargo, hasta la fecha no hay avances ni fechas para los estudios ni las medidas.

Alteraciones cromosómicas

Las consecuencias a la salud por causa de la quema de gas no es novedad en Tabasco. Las comunidades de Andrés García y Nuevo Torno Largo, en Paraíso, llevan décadas denunciando los impactos de Pemex. El Comité de Derechos Humanos de Tabasco (Codehutab) presentó en 2011 un estudio en el que se encontraron alteraciones cromosómicas en el 10% de niñas y niños de Nuevo Torno Largo, muy cerca de donde están ubicados los mecheros. El defensor del pueblo advirtió entonces que estas podrían derivar en “cáncer, leucemia, trastornos mentales y deformaciones”. El mismo estudio se realizó en Guanasolo, también en Paraíso, pero donde no hay operaciones de la petrolera estatal. El resultado fue 0% de alteraciones cromosómicas.

Después de presentar informes y oficios y no recibir respuestas oficiales, diferentes organizaciones socioambientales comenzaron a medir la calidad del aire cerca de las escuelas de Paraíso con sensores de partículas de 2.5 micras o menos. “Comparado con el grosor de un cabello humano, una partícula de 2.5 micras es mucho más pequeña, incluso más pequeña que los glóbulos rojos. Estas partículas entran más fácil a los pulmones y al sistema circulatorio”, explica Juan Manuel Orozco, de Conexiones Climáticas. El científico apunta que se midieron 27 días de enero de 2026, lo que arrojó que en 12 se superó la concentración de partículas mayor al recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

María Estrella Del Carmen Cruz Ruiz es directora del Hospital General de Paraíso desde hace un lustro. La doctora confirma que han crecido las consultas por afectaciones respiratorias e intoxicaciones. “Más que nada en niños menores de cinco años. Algo hay en el ambiente que está ocasionando que la mucosa del pulmoncito, de los bronquios, se inflame y cueste trabajo el flujo de aire“, indica Cruz. No obstante, afirma que lo que más ha aumentado son las consultas oncológicas por leucemias. ”Lo más común linfoblástica, cáncer en la sangre, aparece en niños y en la población en general”, señala.

Cruz Ruiz aclara que determinar el origen de estas enfermedades implicaría un estudio más amplio, que aún no se ha realizado. “Sería importante que se pudiera hacer para saber con certeza las causas. Anteriormente, cuando nada más estaba el mechón en Torno Largo, se pensaba que podía ser por eso, ya que de todo el municipio, en esa zona era donde estaban los niños con más afectaciones de leucemia y diferentes tipos de cáncer. Pero después, cuando llegó la refinería se han presentado casos de cáncer en otras zonas”, dice.

Javier May, el gobernador de Tabasco, y el presidente municipal de Paraíso, Alfonso Jesús Baca Sevilla, participaron a finales de enero en una inauguración de obras en el municipio. El mandatario no descartó la posibilidad de la reubicación, pero no sería como la solicitan los padres de familia.

“Si los reubican será dentro de la misma colonia, por eso estamos haciendo un estudio. Los papás no van a traer a los niños hasta Puerto Ceiba. Podemos alejarlos dos cuadras, que es lo mismo”, dijo el gobernador a EL PAÍS. El alcalde no quiso dar declaraciones. Una fuente cercana al Gobierno estatal señala que Baca Sevilla fue funcionario de Pemex e incluso llegó a ser subgerente dentro de la empresa.

En las últimas horas, de manera sorpresiva las autoridades de la escuela y el jardín fueron convocadas a una mesa de trabajo en la Secretaría de Educación de Tabasco, después de años sin respuesta. La cita fue el miércoles a la mañana, justo en el mismo momento que un grupo de madres habían convocado una rueda de prensa. En dicha reunión, se informó de la repentina “solución” gubernamental: cerrar ambos establecimientos. La noticia llegó a las madres y padres, que enfurecidos exigieron hablar con las autoridades de la Secretaría de Educación. Estas se hicieron presente en la escuela y se vivieron momentos de tensión, sobre todo cuando el subsecretario Gonzalo Mario Martínez Gómez dijo desconocer la problemática y propuso “hacer estudios para ver si se está contaminando y con ese dictamen tomar decisiones”.

“No siente el olor, venga a dar clase acá como los maestros. Nos divide una barda de la refinería. El dictamen va a decir que no pasa nada, un dictamen que van hacer ustedes mismos”, gritó una madre. Algunos padres que quisieron inscribir a sus hijos para el siguiente ciclo lectivo descubrieron que tanto la escuela como el jardín habían sido dados de baja, no aparecían en el catálogo, lo que generó aún más enojo.

“Fui alumna de esta escuela cuando no había salones. La escuela no se fundó sola, hubieron padres de familia, como el mío, que vino a dar mano de obra para echar encolado en cada salón. La escuela no la hizo la Secretaría de Educación ni la hizo el gobierno, la hicieron los padres de familia”, dijo otra madre que fue aplaudida. “Son 35 años de servicio, mis tres hijos pasaron por acá. ¿Y por qué los tuve aquí?, porque es una escuela de calidad. Acá hay un esfuerzo de toda la comunidad educativa, como para que usted diga, la cerramos y punto. La única solución es la reubicación. Esta es la palabra de todos los padres”, dijo otra madre. E inmediatamente el grito retumbó en el tinglado del patio de la escuela: “Reubicación, reubicación, reubicación”

Al cierre de este artículo, madres y padres planeaban reunirse para continuar con su reclamo. Entre sorprendida e indignada por la propuesta de la Secretaría de Educación de Tabasco, una de las madres dijo: “Esperemos que llegue a oídos de la presidenta Claudia Sheinbaum, porque acá quedó claro que nadie piensa ni en la salud ni en la educación de nuestros hijos. Nos están matando poco a poco y la solución que nos ofrecen es cerrar la escuela y separarnos”.

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