Ir al contenido
_
_
_
_

Del pollo al limón: la vida criminal de El Botox, el mayor extorsionador de Michoacán

Objetivo prioritario del Gobierno, César Sepúlveda se había convertido en proveedor e intermediario obligado para buena parte de la actividad productiva en Tierra Caliente. La violencia era su moneda de cambio

El sobrevuelo de helicópteros, este miércoles, en el poblado michoacano de Cenobio Moreno, en el Valle de Apatzingán, hacía presagiar detenciones importantes por parte del Gobierno mexicano. Las autoridades buscaban a César Sepúlveda, alias Bótox, una de las caras más visibles del crimen en el Estado, acusado de más de una decena de extorsiones y asesinatos, entre ellos el del líder de la asociación local de citricultores, Bernardo Bravo, a finales del año pasado. Finalmente, lo atraparon en la noche, en la localidad vecina de Santa Ana Amatlán. Dos muchachos lo acompañaban, apodados Pánico y Greñas. El Bótox, acorralado, intentó huir por la ventana, pero de nada sirvió. Sepúlveda ya duerme en prisión y el Gobierno que dirige Claudia Sheinbaum se apunta otro tanto.

Este jueves en la mañana, las autoridades de Michoacán, encabezadas por el gobernador, Alfredo Ramírez, de Morena, han dado detalles de la operación, que inició el 23 de octubre, tres días después del asesinato de Bravo. Entonces, el hermano del líder de limoneros contó a las autoridades que, a principios de mes, El Bótox y su gente, autonombrados 10 años atrás como los Blancos de Troya, habían “levantado” a Bernardo, situación que uno de los ayudantes del Bótox le había contado por teléfono. En esa llamada, el ayudante, alias Pilones, le dijo que ya lo iban a soltar. Así lo hicieron, pero Bravo nunca escapó del todo. Semanas más tarde, El Bótox le convocó a una reunión, precisamente en Cenobio Moreno, entre Apatzingán y Buenavista, tras la que acabó asesinado.

El seguimiento al Pilones estos meses y los cateos en la casa del Bótox, donde convocaron a Bravo, concluyen ahora en la detención de ambos y la práctica desarticulación del grupo, a la espera de la caída del hermanastro del líder, alias Jando, con quien ha compartido el negocio estos años. En la presentación que han repartido a la prensa, las autoridades de Michoacán rescatan parte de los dichos de Pilones, tras su detención este miércoles, horas antes que su jefe. El hombre señala que Bravo se reunió a principios de octubre con un operador del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en Jalisco, para solicitar que “le quitaran de encima al Bótox”. Según esta versión, El Bótox se enteró de la reunión, motivo por el que habría ordenado su asesinato.

La caída del presunto criminal parecía inminente, tal cual señalaba este diario la semana pasada, convertido, El Bótox, en un objetivo prioritario para la presente Administración. Protagonista de un puñado de vídeos divulgados en redes sociales a principios de año, sus peripecias delictivas llegan así al final. En los vídeos, al menos tres, El Bótox defendía su inocencia en el caso de Bravo y daba toda una explicación de la injusticia constante que alimenta, a su juicio, la industria del limón en Michoacán. Intermediario de cítricos, criticaba los precios que pagan las empresas a los productores y, por tanto, a él, peaje obligado del gremio de agricultores. El Gobierno federal señala que El Bótox “mantenía el control de la venta del limón amarillo en las localidades de Cenobio Moreno, la Huina, Capiri y el Razo, en los municipios de Buenavista y Apatzingán”.

“Me andan buscando”, decía en uno de los vídeos que divulgó, caso extraño en el mundo criminal, donde abundan grabaciones de hombres enmascarados y armados, en desfiles y procesiones. Su aparición a cara descubierta extrañaba, y recordaba a las de José Antonio Yépez Ortiz, alias Marro, ladrón de combustible de Guanajuato, hace algo más de cinco años. Tanto uno como otro parecían sentirse ultrajados, tratados injustamente. Incomprendidos. No es que negaran las acusaciones en su contra –al menos no todas– pero sugerían, uno y otro, que las conductas señaladas eran al fin y al cabo parte de un juego, cuyas reglas suelen escapársele a los foráneos. Me andan buscando, decía El Bótox, como si fuera injusto, la maestra señalando solo a uno de los 25 muchachos que gritan en el salón.

A sus 43 años, El Bótox proyectaba una imagen campestre en los vídeos. En dos aparecía vestido igual, en algún paraje de la Tierra Caliente michoacana, jeans y botas de montaña, abrigo marrón forrado de borrego, barba de varios días, papel higiénico y un vaso en las manos. “Chequen en las centrales de abasto, a cómo están vendiendo, y chequen aquí abajo, a cómo le pagan a la gente, desglose, caja, arrastre y empaque”, decía, interpelando a la misma Sheinbaum. “Cheque qué gana cada uno, para que usted le ponga precio al valor del trabajo, porque acá les pagan como quieren, si no hay nadie que les defienda”, añadía, un discurso político en toda regla. Tramposo, quizá, pero iluminador de la realidad agrícola en el país.

Personaje de claroscuros, como cualquiera que transite la delgada línea entre el crimen y la economía en México, El Bótox llevaba años en el radar de las autoridades, aquí y en Estados Unidos. En un comunicado publicado en agosto, anunciando sanciones en su contra y en contra de otros, el Departamento del Tesoro lo colocaba como parte de la estructura del grupo criminal Los Viagra, junto a Heladio Cisneros, alias La Sirena, señalado de organizar el asesinato del antiguo líder autodefensa Hipólito Mora, en La Ruana. Los dos, según el Tesoro, respondían las órdenes del fundador de Los Viagra, herederos de la rama principal de los Caballeros Templarios, Nicolás Sierra Santana, alias El Gordo.

Si en México resulta complicado en general entender las relaciones y jerarquías de los grupos criminales amparados bajo unas mismas siglas, en Michoacán es del todo imposible. La implosión de La Familia Michoacana en la primera década del siglo y la caída posterior de sus herederos, los Templarios, dieron origen a una miriada de grupos, como los Blancos de Troya, cuyas lealtades eran volátiles, inestables, como si fueran isótopos de uranio. El Ejército seguía al Bótox desde hacía cinco años y veía que igual se peleaba con Sierra Santana, que con otro exlíder autodefensa devenido en narco, El Abuelo, que se acercaba a alguna franquicia local del CJNG, uno de sus movimientos más recientes.

En todo caso, la voracidad empresarial del Bótox era fascinante, como lo son las llamas del napalm, pese al horror que causan. En un documento elaborado a mediados de 2022, el Centro Nacional de Fusión de Inteligencia (CENFI), que manejaba el Ejército, señalaba que Sepúlveda y su grupo, entonces supuestos integrantes de una liga de organizaciones regionales, Cárteles Unidos, hoy extinta, estaban “tratando de generar conflictos” al interior de esta red, para su beneficio personal. En esa época, El Bótox ya controlaba, según el CENFI, “la recolección de basura y material de reciclaje, venta de cerveza y gasolina, compra/venta de limón y aguacate; así como narcomenudeo”, además de la venta de pollo y huevos. Para diciembre de 2021, el CENFI calculaba que el Bótox, como intermediario, vendía dos toneladas de pollo al día.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_