Ir al contenido
_
_
_
_

La ola violeta del 8M tiñe las calles en México: “No llegamos todas”

Miles de mujeres llenan las calles de Ciudad de México con el dolor de los feminicidios recientes en Morelos, Estado de México y Sinaloa

Marcha por el Día de la Mujer en Ciudad de México.Aurea Del Rosario

Con el sonido de una batucada y los gritos de “¡justicia!” de fondo, Margarita Castro, de 59 años, muestra un tatuaje de la Sirenita en su antebrazo derecho. Era el personaje Disney favorito de su hija, Ana Hassel, que fue estrangulada por su pareja en julio de 2024 en el Estado de México. Su calvario sigue a día de hoy, ya que la familia del feminicida —condenado a 43 años de prisión— no le deja ver a su nieto, de ocho años. Dice que la justicia ha mirado hacia otro lado y por eso, como decenas de miles de mexicanas, Castro marcha durante el 8M, Día Internacional de la Mujer. “La presidenta dijo [al asumir el cargo] que llegábamos todas. Pero no es cierto: nos faltan nuestras asesinadas”, advierte.

Este 8M, las calles de las principales ciudades de México se han vuelto a teñir morado y han retumbado con el eco de un grito de frustración, rabia e impotencia en un país que se ha acostumbrado a contar a sus muertas por centenares. En el Paseo de la Reforma, las manifestantes comenzaron a agolparse sobre el mediodía entre la sombra de monumentos y los establecimientos comerciales blindados. Como ocurrió el año pasado, Palacio Nacional, sede de un poder encabezado por primera vez por una mujer, amaneció parapetado tras vallas de acero. Con una camiseta de tirantes y un vestido decorado con los carteles de búsqueda de las ausentes, Araceli, una artista de 26 años, ironiza: “¿Dónde están los muros que nos protegen a nosotras?”.

La ola, que comenzó a tomar fuerza desde la mañana, tiene de todo: madres buscadoras de desaparecidos, estudiantes, mujeres trans, grupos grandes, grupos más pequeños, oenegés. Los carteles destacan casos personales, pero también recuerdan los distintos feminicidios que han encendido los focos de alarma en los últimos días. Entre ellos, los asesinatos de dos estudiantes de la Universidad Autónoma de Morelos (UAEM) a inicios de este mes o el de una madre buscadora en Sinaloa.

También hay historias intergeneracionales. Alina Barojas, de 65, aún recuerda la primera vez que fue a una marcha en el Día Internacional de la Mujer, “por allá en los años ochenta”. Mucho ha cambiado, pero no todo lo que le hubiese gustado: “Este es un grito de amor, pero también de dolor, esperanza y para nutrirse de esta energía y seguir luchando diariamente contra el patriarcado”, cuenta al lado de su hija Ana, de 39, y su nieta, de cuatro años.

Esa lucha diaria de la que habla Barojas se traduce en cosas que van, en el menor de los casos, desde los comentarios misóginos y miradas lacerantes hasta el nivel máximo, con el feminicidio y las desapariciones. En esto último México se convierte en un mar de cifras negras. El país norteamericano cerró 2025 con 2.798 asesinatos de mujeres. De ese total, la justicia solo ha abierto diligencias por feminicidio en 725 casos. Dicho de otra forma: cada día del año anterior fueron asesinadas siete mujeres. Sin mencionar que, de los casos que sí llegan a los tribunales, solo hay un 5% de posibilidades de que las víctimas logren justicia.

“Todos los casos están llenos de corrupción”

Con un cartel de mariposas con los nombres de mexicanas secuestradas, Abril Díaz, 32, de la organización Resistencia Sorora pone las cosas negro sobre blanco: “Todos los casos están llenos de corrupción. Cada año hay más violencia, cada año hay más casos de desaparecidas. Y el Gobierno no hace nada. No nos cuida. Yo creo que tener una presidenta mujer no quiere decir que este país se convertirá automáticamente en un país feminista ni que las leyes vayan a estar a favor de las mujeres”.

Mientras decenas de miles de mujeres marchaban por las calles, la presidenta, Claudia Sheinbaum, pasó este 8 de marzo en el Campo Militar Marte, en Ciudad de México, flanqueada por el secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo, y el secretario de Marina, Raymundo Morales Ángeles. La mandataria le habló a cientos de mujeres de las fuerzas armadas para anunciar que este mes de marzo estará dedicado a “reconocer a las mujeres mexicanas”.

Mientras se aproxima al Zócalo, Alejandra Torres, regiomontana de 33 años, suspira con frustración. Se siente decepcionada por la forma en la que la presidenta ha tratado el tema y recuerda las más de miles de mujeres desaparecidas en 2025 que siguen sin ser encontradas, según el controvertido Registro Nacional de Personas Desaparecidas. “Creo que ella, siendo la primera mujer presidenta, tiene que salir de su burbuja y tener conversaciones difíciles”, dice.

La realidad es que la propia mandataria ha vivido en carne propia el machismo cultural que perdura en México. El pasado noviembre, Sheinbaum fue acosada por un hombre desconocido que se le acercó, intentó darle un beso y le tocó el pecho. Sobre la violencia machista, la gobernante reconoció esta misma semana que aún queda camino por recorrer para poder erradicarla: “Obviamente falta más, no es suficiente hasta donde hemos llegado”.

Los reclamos este año tienen también nombres propios: Kimberly Joselín Ramos y Karol Toledo. “Estoy aquí porque Kimberly no pudo”, se lee de un pedacito de cartón que sostiene una joven. Los cuerpos de Ramos y Toledo fueron encontrados en los primeros días de marzo. Ambas eran estudiantes de la UAEM y sus casos han movilizado a toda la comunidad universitaria. Maite, alumna de Derecho en la FES Acatlán, de 20 años, le entrega una paleta a las mujeres policías que custodian la manifestación. En ellas se lee la leyenda “también eres mujer, gracias por tu trabajo”. Para ella lo de Morelos es el síntoma de un problema mayor. “Es muy triste que, como estudiante, no puedas ni ir a la universidad segura”.

Varios metros después, Laura, estudiante de Biotecnología de 23 años en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), añade que no solo es que las universidades en México no sean seguras, si no que también que miran para otro lado cuando las estudiantes levantan la voz. Ella y sus compañeras levantaron un tendedero con denuncias de violencia machista, sobre todo contra profesores, pero hasta ahora, asegura que la respuesta de las autoridades ha sido el silencio.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_