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Trump usa las amenazas a México en seguridad para alardear de su poder ante su electorado

La nueva entrega de 37 presos a Estados Unidos responde a la última tanda de intimidaciones del republicano, con la advertencia de una intervención sobrevolando la relación bilateral

Donald Trump durante conferencia en la Casa Blanca, en Washington D.C., este martes.Foto: REUTERS | Vídeo: REUTERS

La entrega de 37 narcotraficantes a Estados Unidos por parte de México es el último gesto complaciente en una tensa relación bilateral. El Gobierno de Claudia Sheinbaum ha buscado rebajar con cifras de detenciones e incautaciones las constantes presiones de Donald Trump, aferrado desde principios de año a la idea de intervenir en territorio mexicano para atacar a los carteles, quienes, defiende, gobiernan el país. El Ejecutivo de Trump ha mostrado ambigüedad con México, a quien felicita de forma constante por sus logros en seguridad, pero a continuación exige mayores resultados. Expertos consultados coinciden en que esa aparente contradicción es parte de la nueva dinámica con la que el republicano busca alardear ante su electoral de su poder de presión en el exterior, una estrategia que en México ha encontrado la respuesta mesurada de Sheinbaum. Esa postura de Washington, explican, abona a la incertidumbre.

La última llamada entre ambos mandatario el lunes 12 de enero logró que Sheinbaum aliviara, al menos por momento, la creciente tensión con Estados Unidos, que reavivó esa idea de atacar a los carteles en México tras la incursión en Venezuela que terminó con la captura de Nicolás Maduro. Las autoridades mexicanas presentaron desde entonces una veintena de detenciones mediáticas, con figuras como las de seis integrantes del poderoso cartel venezolano del Tren de Aragua, la de un fugitivo de los más buscados por Washington o algunas figuras del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG). A eso se ha sumado la tercera tanda de reos enviados cárceles estadounidenses de este martes. Van 92 en el último año.

Los mensajes ambiguos con los que Washington ha reaccionado a las acciones en seguridad de México tienen un fuerte tinte electoral. En noviembre, Estados Unidos celebra las elecciones de medio mandato, que servirán en parte como balance de los primeros dos años de legislatura de Trump. Esa muestra de poder en el exterior es un punto a tener en cuenta en esos comicios. El analista de seguridad y director de la consultora Lantia, Eduardo Guerrero, afirma que la pretensión electoral es “el objetivo final de todo el trabajo que hace Estados Unidos en México en materia de seguridad”. Y añade: “Lo que quieren es anunciar algunas acciones como triunfos o como cumplimiento de anuncios y promesas que Trump hizo durante su campaña. Y quiere mostrarle a su electorado que con esta manera que él tiene de gobernar a través de la negociación dura, con aliados como México, se pueden conseguir muchas cosas”.

Es una postura también respaldada por María Teresa Trujillo, profesora del Tecnológico de Monterrey y responsable de estudios en el Programa para México y Centroamérica de Noria Research. “Creo que México es, en ese sentido, una pieza muy importante del rompecabezas, porque precisamente es quien representa la puerta de entrada de estas cosas que le permiten construir, digamos, lo que degrada las dinámicas de su país”, afirma, en relación con las críticas vertidas por el republicano en materia de inmigración y el tráfico de drogas.

Los expertos defienden que las últimas detenciones de peso que precedieron a la entrega de reos no supusieron una novedad respecto a la habitual estrategia del Gobierno de México para atajar al crimen organizado. “No creo que estas detenciones sean resultado de esa charla. Yo creo que si en algo ha habido buenos resultados por parte de México ha sido en el número de detenciones y la frecuencia con que se han registrado a lo largo de este primer año”, señala Guerrero.

El Gobierno de México ha utilizado cifras como la de detenidos —unos 35.000 en el primer año de Sheinbaum— o la reducción de homicidios —el Gobierno defiende una caída a unos 55 homicidios diarios, 32 menos al día desde el inicio del sexenio— como indicadores de éxito en su estrategia de seguridad. “Parece que todo eso que se ha hecho sigue siendo abiertamente insuficiente para las ganancias que quiere Trump en lo local y para el grado de poder que ya se dio cuenta que efectivamente tiene”, subraya la directora de México Unido Contra la Delincuencia, Lisa Sánchez.

El regreso del republicano a la Casa Blanca puso en el foco a México desde el principio. Al comienzo de su nuevo mandato, Trump designó como terroristas a algunos de los grandes carteles mexicanos, como el CJNG o el Cartel de Sinaloa, lo que despertó los primeros murmullos sobre la intervención del Ejército estadounidense en México. Más tarde, sus señalamientos pasaron por clasificar el fentanilo como un “arma de destrucción masiva”.

El director de Lantia considera también que la última llamada, lejos de apaciguar la tensión, la ha incrementado: “Creo que tiene que ver mucho con la estrategia de Trump de presionar todo el tiempo al máximo, sacar concesiones y luego presumirlas como triunfos políticos […] Creo que el lenguaje es cada vez más extremo”. Sheinbaum ha tratado de distender ese ambiente con Estados Unidos. “Creo que lo que está haciendo la presidenta de manera reiterativa es resignificar —o por lo menos relatar— esas conversaciones, dando a entender que no hubo subordinación, sino cooperación”, afirma Trujillo.

La conversación telefónica del pasado 12 de enero, cuenta Trujillo, refleja esa “nueva diplomacia de estira y afloja”, en la que Sheinbaum toma un papel mesurado: “Por lo pronto, mientras siga la Administración Trump, me parece que lo que va a hacer el Gobierno de la presidenta Sheinbaum va a ser jugar, digamos, en la parte de destensar cada vez que él tensione”. El regreso del republicano a la Casa Blanca y las acciones que ha llevado desde entonces han abierto las puertas a la impredecibilidad. “Justamente es el estilo de Gobierno y de negociación de Trump. Le gusta guardarse esos escenarios por si él cree que en cierto momento son pertinentes. Y con él no podemos estar seguros de absolutamente nada. Por eso es tan eficaz para poder obtener concesiones de México”, concreta Guerrero. En una entrevista concedida al New York Times, Trump se jactaba de esa posición: “Mi propia moralidad. Mi propia opinión. Es lo único que puede detenerme […] No necesito leyes internacionales”.

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Sobre la firma

Rodrigo Soriano
Es periodista de EL PAÍS en la redacción de Ciudad de México. Estudió Periodismo en la Universidad de Valencia y es máster por la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS.
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