Un día a la vez: la ‘receta Kalimán’ de Sheinbaum para lidiar un año con Trump
La presidenta ha logrado contener el vendaval de amenazas del magnate, cuyo regreso a la Casa Blanca obligó a cambiar las prioridades de México


El regreso de Donald Trump rompió todos los esquemas de un Gobierno que apenas comenzaba a delinear su Plan Nacional de Desarrollo. Desde el 20 de enero de 2025, la explosividad del presidente de Estados Unidos ha puesto a prueba al Gobierno mexicano. La volatilidad de Trump se convirtió en el principal desafío de la presidenta, Claudia Sheinbaum, conocida por ser meticulosa con la planeación y la disciplina. Un año después de que Trump se instalara en el Despacho Oval, la propia presidenta definió en una frase su estrategia para lidiar con él: “No es un asunto de hoy y ya”.
Lo explicó el lunes 12 de enero, minutos después de haber concluido su más reciente llamada telefónica con el presidente estadounidense, en la que el tema principal fue el de sus declaraciones sobre una posible incursión de militares estadounidenses en territorio mexicano. “Hay que buscar el diálogo en esos momentos de tensión, es el mejor momento para el diálogo”, dijo Sheinbaum, resumiendo la estrategia que ha seguido frente al peor fantasma de su sexenio: Trump y las deportaciones masivas; Trump y los aranceles; Trump y el fentanilo; Trump y la revisión del TMEC; Trump y la invasión a Venezuela; Trump y la amenaza de una intervención militar en territorio mexicano.
El regreso del magnate a la Casa Blanca, hace un año, obligó a Sheinbaum a replantear su plan de gobierno, redefinir sus prioridades y alinear la estrategia de seguridad, la política económica y la política interna con la relación bilateral, la única que destaca en una política exterior desdibujada. Una incómoda, pero obligada relación que se construye día a día, que no se resuelve con horas de trabajo entre los gobiernos, 15 llamadas telefónicas entre mandatarios o una reunión casual, por más cordial que haya sido. “Esto es permanente. Ya llevamos casi un año de relación con el presidente Trump y ha habido sus momentos... no es un asunto de hoy y ya, es permanente la comunicación, la coordinación, la defensa del pueblo de México aquí y allá”, explicó Sheinbaum en su mañanera del 12 de enero.

Tras un año de relación bilateral, la presidenta ha ido decantando su estrategia y su discurso en torno a cuatro ejes: respeto a la soberanía y la integridad territorial; responsabilidad compartida y diferenciada; respeto y confianza mutua y cooperación sin subordinación.
Lo cierto es que hoy todo pasa por el matiz de Trump. Desde el diseño del Plan México (una estrategia de inversiones y desarrollo del mercado interno), la constante extradición de capos solicitados por la justicia estadounidense, una larga cadena de decomisos de droga, el despliegue de efectivos de la Guardia Nacional en la frontera sur, la instalación de albergues para la atención de migrantes en la frontera norte, hasta la organización del Mundial de Fútbol de la FIFA.
Serenidad, paciencia y cabeza fría
Desde el 6 de noviembre de 2024, un día después de que Trump ganara por segunda vez la elección presidencial en Estados Unidos, Sheinbaum tuvo que referirse al tema, con un tono de alerta. “A todas y a todos los mexicanos: no hay ningún motivo de preocupación”, dijo al inicio de su conferencia matutina de ese día, la número 26 de su gobierno. “A nuestros paisanos, a sus familiares, a las empresarias y empresarios mexicanos: no hay motivo ninguno de preocupación. México siempre sale adelante, somos un país libre, independiente, soberano, y va a haber buena relación con los Estados Unidos, estoy convencida de ello”, insistió, adoptando una retórica que se volvería una línea constante y que ella misma comparó con la táctica de Kalimán, el icónico personaje de la cultura popular mexicana que siempre apelaba a la “serenidad y paciencia”.
Dos días después de la elección de Trump, la presidenta mexicana le llamó para felicitarlo por su triunfo. Él agradeció el gesto, pero no bajó el tono de su discurso antiinmigrante y antimexicano que caracterizó su campaña, la que lo había llevado por segunda vez a la Casa Blanca. Conforme se acercaba la toma de protesta, programada para el 20 de enero de 2025, el republicano se fue radicalizando, enfocándose en sus tres obsesiones: la inmigración, los cárteles mexicanos y el tratado de libre comercio.
Cuando faltaban ocho días para la investidura de Trump, la presienta Sheinbaum encabezó un mitin multitudinario por los primeros cien días de gobierno. El Zócalo lleno sirvió para mostrar el respaldo popular del gobierno ante el regreso de Trump a la Casa Blanca y su amenaza explícita de deportar a miles de inmigrantes. Flanqueada por su gabinete, gobernadores y legisladores de la coalición oficialista, Sheinbaum hizo una férrea defensa de los migrantes mexicanos y su aportación a la economía de los dos países. De ese mitin proviene otra de las frases que le han servido de bandera en su relación con el presidente norteamericano: “Siempre tendremos la frente en alto, México es un país libre, independiente y soberano. Nos coordinamos, colaboramos, mas no nos subordinamos”.
Al día siguiente, Sheinbaum congregó a empresarios en el Museo de Antropología para presentar el Plan México que, según anunció, contemplaba un portafolio de inversiones, nacionales y extranjeras por 277 mil millones de dólares. Una semana después, apenas instalado en el Despacho Oval, Trump comenzó a cumplir sus advertencias, con la firma y publicación de una batería de decretos que afectaban seriamente al país: la declaración de emergencia en la frontera, el regreso del programa Quédate en México, la imposición de aranceles y la designación de los carteles de la droga como organizaciones terroristas. “Es importante tener la cabeza fría”, respondió Sheinbaum el 21 de enero, en un ambiente de emergencia nacional.

Las amenazas de Trump gravitaron sobre la economía y la política mexicana durante dos semanas, en las que Sheinbaum tuvo que responder decenas de preguntas sobre cómo iba a lidiar con ello. “Cabeza fría, serenidad y paciencia”, respondió varias veces. El 2 de febrero tuvieron una de las llamadas cruciales que han intercambiado. Duró 45 minutos y en ella tomaron un primer acuerdo para pausar hasta abril la entrada en vigor de los aranceles a los productos mexicanos.
En marzo, el gobierno y Morena convocaron a una nueva movilización popular en el Zócalo, ante la inminente entrada en vigor de los aranceles. Pero una nueva llamada desactivó la alerta y, el 9 de marzo, ante miles de simpatizantes, Sheinbaum recordó: “Como bien saben, esta asamblea fue convocada por si no llegábamos a algún acuerdo, con el objetivo de anunciar una estrategia y acciones que habíamos preparado con meses de anticipación. Afortunadamente, ha prevalecido el diálogo y, sobre todo, el respeto entre nuestras naciones... y fueron levantadas las tarifas o aranceles que se estaban aplicando a productos que exportamos hacia el vecino país”.
“Los cárteles controlan México”
Desde entonces, las llamadas se sucedieron: 17 de abril, 1 de mayo, 22 de mayo, 17 de junio, 31 de julio, 25 de octubre... Casi todas solicitadas por la presidenta Sheinbaum a través del embajador Ronald Johnson, y siempre para atender una emergencia derivada de una declaración o acción del presidente norteamericano; como la de junio, ocurrida después de que Trump se regresara de una Cumbre del G-7 celebrada en Canadá, en la que sostendría su primer encuentro personal con la presidenta mexicana.
El desaire en el G-7 fue resuelto con otra llamada telefónica, un par de mensajes en redes sociales y la aparente cordialidad de Trump hacia la presidenta, a quien le ha dedicado todo tipo de elogios, destacando su inteligencia, su amabilidad y su talante. Elogios que siempre vienen acompañados de la descalificación, la amenaza y la afirmación de que el gobierno mexicano le tiene miedo a los cárteles. “Es una buena persona, somos amigos, pero los cárteles controlan México, ella no controla México”, ha repetido decenas de veces.
Paradójicamente, el gobierno de Sheinbaum encontró en Trump la némesis perfecta para alentar a sus huestes, y para aumentar su popularidad. Además de las concentraciones de enero y marzo, la relación con estados Unidos estuvo presente en sus discursos de octubre, cuando celebró un año de gobierno, y de diciembre, cuando Morena volvió a llenar el Zócalo con motivo de los siete años de la Cuarta Transformación. El manejo de la relación con Trump es, según la encuesta de Enkoll y EL PAÍS, una de las políticas más respaldadas por la ciudadanía. La aprobación de Sheinbaum se ha mantenido arriba del 74% durante toda su gestión, y alcanzó el 83% en mayo, después de que logró aplazar la entrada en vigor de los aranceles.

Fue hasta el 5 de diciembre cuando finalmente se encontraron cara a cara, en el sorteo del Mundial de fútbol de 2026 celebrado en Washington DC. Ante la mirada de millones de televidentes que seguían el evento en todo el planeta, Sheinbaum y Trump -con el primer ministro de Canadá, Mark Carney, como testigo- platicaron directamente durante algunos minutos mientras se definían los grupos del torneo, en un encuentro calificado por ambos como cordial y amistoso. “Fue muy amable, en ningún momento hubo ninguna grosería”, declaró Sheinbaum. Después tuvieron una reunión privada, en la que los tres mandatarios acordaron mantenerse en contacto para la revisión del TMEC, programada para el mismo año del Mundial.
Un mes después, Trump decidió atacar Venezuela para capturar al presidente Nicolás Maduro, y la relación volvió a tensarse. México condenó la intervención militar y la presidenta defendió los principios de libre autodeterminación de los pueblos y resolución pacífica de las controversias. El ataque a Venezuela sirvió de marco para nuevas amenazas de Trump, esta vez con el ingrediente de una posible incursión estadounidense en territorio mexicano.
Tras diez días de declaraciones y advertencias, Sheinbaum pidió una nueva llamada con Trump y ésta se concretó el 12 de enero. “Pedimos la llamada porque había dicho tres veces el tema en una semana y lo peor que puede hacer uno es decir: ‘bueno, pues nada más nos comunicamos por lo que decimos públicamente, en la mañanera, en los mítines, en las asambleas’. Pues no, hay que buscar siempre un diálogo, una comunicación, para que quede clara la posición y el trabajo conjunto que se está haciendo”, explicó ese día, luego de la llamada.
Horas después, y a pesar de la llamada, vinieron nuevas advertencias de parte de Marco Rubio, el secretario de Estado y hombre fuerte de la administración Trump. Y nuevas respuestas de la presidenta, más anuncios de decomisos, detenciones de criminales y desmantelamiento de laboratorios. A punto de cumplirse un año del huracán Trump, Sheinbaum ha planteado también un último recurso, el de la movilización popular, de la que ya se habla en círculos morenistas. “Si es necesario llamar a una movilización, a algo, lo vamos a hacer”, ha dicho la presidenta.
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