Detenidos seis integrantes del Tren de Aragua en Ciudad de México
Los miembros del grupo delictivo de origen venezolano se dedicaban a la explotación sexual de mujeres, la extorsión y el tráfico de drogas en la capital mexicana, de acuerdo a las autoridades federales


Los tentáculos del Tren de Aragua, la organización criminal venezolana que se ha expandido por América Latina, se extienden por Ciudad de México. El secretario de Seguridad federal, Omar García Harfuch, ha anunciado este martes la detención de seis integrantes de la banda en la capital mexicana. Los miembros se dedicaban a trabajos de extorsión, trata de personas y tráfico de drogas.
El operativo de la Fiscalía, Guardia Nacional y Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana se llevó a cabo en dos viviendas en la colonia Valle Gómez, en la alcaldía Venustiano Carranza. Allí arrestaron a Lesli Valeri Flores Arrieta, de 40 años, encargada del cobro de las actividades de la explotación sexual y de controlar a las mujeres víctimas de su red, así cómo de gestionar las ganancias de distribución de droga. Ella era, además, el enlace con el grupo delictivo local, la Unión Tepito, con el que estaban asociados. Además de metanfetamina y marihuana, Arrieta llevaba encima una libreta con los nombres de las mujeres que trabajaban en Sullivan y Revolución y las cantidades de derecho de piso que les cobrara.
En otro cateo, los agentes detuvieron a Jorge Donovan Romero Flores, Giancarlo Romero Flores, Valeria Pineda Arredondo y Diana Paola Ortega Pérez, todos colaboradores y familiares de Arrieta. Su función en la red era distribuir drogas y extorsionar a sus víctimas en varios puntos de la capital.
En Iztapalapa, las autoridades lograron capturaron a Bryan Betancourt Olivera, de 33 años, operador financiero de la organización con una orden de aprehensión por trata de personas y delincuencia organizada. Harfuch lo ha identificado como el “encargado de facilitar inmuebles para el resguardo de víctimas y el alojamiento de integrantes del grupo criminal”. Él proporcionaba las cuentas bancarias para el envío y recepción de las ganancias de los crímenes.
Todos eran miembros del Tren de Aragua, la banda que surgió en 2009 como sindicato y que se ha convertido en la principal organización criminal en Venezuela. Desde la pandemia, ha consolidado su salto a otras regiones de Latinoamérica. Entre sus principales negocios están las extorsiones, el sicariato y el narcotráfico, incluso tienen influencia en actividades deportivas, como en las transacciones de los beisbolistas venezolanos que firman por clubes de las grandes ligas de los Estados Unidos. Sin embargo, el negocio que más nutre sus arcas es la explotación sexual de mujeres.
Estas últimas seis detenciones se suman a otros arrestos de la banda en territorio mexicano y confirman el alcance de las operaciones del grupo en la capital. En julio de 2024, el brutal asesinato de dos mujeres venezolanas cuyos cuerpos aparecieron quemados en un paraje de la alcaldía Tlalpan, destapó las redes de trata de mujeres con sello del Tren de Aragua en Ciudad de México. Desde entonces, las autoridades han identificado la presencia de varios miembros del grupo —en la mira de Estados Unidos como una prioridad de seguridad nacional— en el país. Hace un mes, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) detectó movimientos de parte de siete sancionados por el Departamento del Tesoro y de cuatro empresas fantasma en el sistema financiero mexicano. En octubre, Harfuch celebró la detención de tres miembros del Tren de Aragua, también en Ciudad de México. Entre ellos estaba Nelson Arturo Echezuria, considerado el operador principal de la banda en el país y sospechoso de ser el autor intelectual y material en “diversos” feminicidios en territorio mexicano. El jefe de la Secretaría de Seguridad de la capital, Pablo Vázquez, negó en entrevista con este periódico que el Tren de Aragua tuviera un centro de mando en la ciudad. “Son redes de personas vinculadas al quehacer de esta organización” indicó, “que tienen contactos para traer personas al país, y en esa misma red de contactos, tratan chicas y empiezan a operar en la ciudad. ¿Están vinculados? Parece que sí. ¿Son una sucursal? Difícilmente”, añadió.
La banda se ha convertido en un problema de seguridad en los países en los que ha aterrizado. Primero fue Colombia, donde reclutaban a las mujeres que cruzaban la frontera de Venezuela, donde los violentos homicidios y la aparición de cuerpos desmembrados en Bogotá alertó de su presencia a las autoridades. “Nuestra Policía ha establecido que dos criminales siguen ordenando asesinatos y coordinando el narcotráfico desde el centro penitenciario en el que están, por lo que se solicita un aislamiento esta misma semana”, dijo la alcaldesa de la capital colombiana sobre la capacidad de los miembros detenidos de seguir dirigiendo las operaciones en el extranjero. En las cárceles peruanas han crecido su población venezolana de forma exponencial, imponiendo las normas del Tren de Aragua en la dinámica y cultura de los presos. Perú lideró la propuesta de solicitar a la Organización de Estados Americanos (OEA) para que catalogara al Tren de Aragua como una organización terrorista extranjera, una iniciativa la que se sumó Argentina y Estados Unidos.
En Chile, el grupo criminal disparó las estadísticas de criminalidad en homicidios violentos, secuestros, extorsiones, trata de migrantes y mujeres y el descubrimiento incluso de casas de tortura. Pese a las más de 300 detenciones de miembros del grupo, las actividades continuaron y se recrudecieron.
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