El Silicon Valley mexicano desafía la sombra del crimen organizado
Entre bloqueos y operativos de seguridad, fundadores e inversionistas insisten en crecer desde Guadalajara, uno de los polos tecnológicos más dinámicos de México


A solo dos horas de donde se enfrentaron fuerzas de seguridad y sicarios del temido Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en el operativo que culminó con la muerte del último gran capo mexicano, florece un boyante ecosistema tecnológico, nutrido por startups de software y manufactura electrónica con alto nivel de exportación. Es un reflejo de los contrastes que caracterizan a la segunda economía de Latinoamérica, con un gran potencial de crecimiento, pero sacudido por la realidad del crimen.
A Guadalajara se le apoda el “Silicon Valley mexicano” por la alta concentración de empresas de electrónica y tecnologías de la información asentadas en la ciudad, entre ellas multinacionales como Intel, IBM y Hewlett-Packard, lo que dio orígen a un robusto clúster industrial y de proveeduría. A ello se suma la amplia oferta de ingenieros que egresan de sus universidades, el crecimiento de empresas emergentes en semiconductores e inteligencia artificial (IA), así como centros de investigación y políticas estatales orientadas a atraer inversión. Estos factores han convertido a la capital de Jalisco en un polo de innovación comparable —más en sentido simbólico que literal— con el ecosistema californiano.
La industria no escapó a la conmoción que dejó la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, el pasado 22 de febrero, ni a la reacción del CJNG. Los bloqueos de carreteras, ataques a civiles y cierres de comercios, escuelas y actividades turísticas estremecieron al país y paralizaron parte del occidente, especialmente Jalisco, epicentro de las operaciones del grupo criminal. Sin embargo, inversionistas y emprendedores del sector tecnológico aseguran que no se amilanan.
“Somos latinoamericanos y estamos acostumbrados a vivir en cierto infortunio. Siempre estamos preparados y atentos”, afirma desde Guadalajara Luis Rubén Chávez, CEO de Yotepresto, una fintech de fondeo colectivo que ha canalizado unos 330 millones de dólares en préstamos en una década de operación. Aunque describe los hechos del fin de semana como una “disrupción fuerte”, acorde con el alto perfil del abatido, señala que el martes ya estaban de vuelta en la oficina, una vez que el gobierno local levantó la alerta. “El crimen es una variable más en los escenarios, como que falte personal en la oficina o te roben el coche. Es parte de los riesgos de hacer negocio”, resume.
En México operan unas 800 empresas de tecnología financiera, cifra que se ha duplicado en apenas tres años, según el sondeo anual de la firma de capital de riesgo Finnovista. La mayoría tiene su base en Ciudad de México, seguida por Guadalajara, una urbe a una hora de vuelo de la capital y a poco más de dos de San Francisco, Estados Unidos, con buena infraestructura y conectividad. Allí, las inversiones parecen ir a contracorriente de la tendencia nacional. Si bien México utilizó la inversión extranjera directa (IED) en 2025 como un salvavidas frente a la incertidumbre global, hacia el cierre del año se registró una desinversión de 5.026 millones de dólares. En general, el saldo fue positivo y el país captó 40.871 millones de dólares en capital foráneo el año pasado, un aumento de 10,8%. Aunque el desempeño del cuarto trimestre encendió alertas.
“Estamos buscando activamente empresas para invertir y hemos evaluado algunas en Guadalajara”, afirma Felipe Uribe, de Corteza Capital, un family office que invierte en startups latinoamericanas de IA, finanzas y ciberseguridad, con compañías mexicanas en su portafolio. Sus rondas de seguimiento suelen partir de los dos millones de dólares. “México atraviesa un proceso complejo, aunque no es reciente. Desde el gobierno anterior hubo momentos desafortunados de capitulación frente a grupos criminales”, añade.
El inversionista colombiano recuerda que en su país el narcotráfico y la guerrilla llegaron a poner en jaque al Estado en los años noventa. Tres décadas después, Colombia exhibe resultados económicos impensables entonces. “Soy muy optimista con México en el largo plazo: es un mercado enorme, con oportunidades enormes”, dice en videollamada con vista a una playa del sur de Florida.
Es claro que el crimen organizado le cuesta oportunidades de inversión al país. Las extorsiones encarecen los costos de las mercancías y muchas decisiones empresariales se quedan en la mesa ante el control territorial que ejercen cárteles como el CJNG, del Golfo, Sinaloa o del Noreste sobre zonas agrícolas, mineras y manufactureras. Sin embargo, el ecosistema tecnológico de Guadalajara desafía parcialmente ese patrón. Una voz del sector lo resume en privado: “es como un cáncer que México padece desde hace años. Este fue otro brote. Pero no lo va a matar”.
Los inversores también argumentan que, en un entorno de alta volatilidad como el actual, marcado por guerras arancelarias y conflictos bélicos al alza, las apuestas en renta fija o variable se han equiparado en costo-oportunidad a las del venture capital, tradicionalmente considerado más riesgoso. “Siempre estamos buscando dónde invertir y estamos particularmente atentos a México”, enfatiza Oriol Ros i Mas, socio del fondo español de capital de riesgo Kalonia Venture Partners, que tiene emprendimientos mexicanos en su cartera. “Es una de las más grandes oportunidades de inclusión financiera vía tecnología del mundo. Por eso no nos afecta ni lo del fin de semana ni cualquier otra historia que pueda venir”, recalca.
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