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Carolina Guzmán, la agrobióloga mexicana que protagoniza un filme sobre los peligros de ser defensor ambiental

La ópera prima de Pablo Pérez Lombardini cuenta con la participación de actores de las montañas de la Sierra Madre de Chiapas

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Carolina Guzmán estudió ingeniería en agrobiología y tiene más de 20 años trabajando en la conservación de la naturaleza. En las montañas de la Sierra Madre, en Chiapas (México), se encuentra su oficina, que conoce como la palma de su mano. Ha realizado tareas de defensora ambiental, de guardabosque o extensionista rural, un servicio de asistencia técnica y transferencia de conocimientos y tecnologías, para mejorar la producción y la calidad de vida de los productores mediante capacitación, asesoramiento y acompañamiento en el campo. Su senda se encontró con la del director Pablo Pérez Lombardini, que tras haber leído un reporte sobre la violencia en México contra los activistas ambientales, pensó que era una problemática que debía abordarse desde el cine. Con la selva chiapaneca de fondo, las convicciones de ambos se unieron y dieron forma a La reserva, la ópera prima del realizador —que permanece en la cartelera en México— que retrata las dificultades, peligros y amenazas que los defensores del territorio deben enfrentar.

La idea de hacer la película surgió en 2020, cuando Lombardini, de 39 años y oriundo de Ciudad de México, trabajaba como ayudante de dirección en otro proyecto y le afectó enterarse de la noticia de cómo ese año los incendios en el Amazonas fueron los peores en una década. Ese hecho germinó un interés en él sobre la conservación del territorio, especialmente en México, donde sigue siendo una problemática grave y persistente. Este país ocupó el cuarto lugar mundial en asesinatos de activistas ambientales en 2024, con un registro de 25 defensores asesinados, según cifras del Centro Mexicano de Derecho Ambiental.

Una visita durante su infancia a la selva de Chiapas —la cual le sorprendió por su exhuberancia natural—, despertó sus recuerdos e interés en retornar y explorar esta zona como un posible escenario para la historia de su película. Ambientada en la comunidad cafetalera de Monte Virgen, La reserva sigue a Julia (interpretada por Guzmán), una guardabosque que descubre que la zona natural que protege está siendo devastada por talamontes ilegales. Mientras su comunidad permanece temerosa e indiferente, ella emprende sola la defensa del bosque, enfrentando amenazas, violencia y la pérdida progresiva de todo aquello que ama.

Guzmán fue contratada originalmente como guía de campo de Lombardini. Su labor era el de logística y organización, todo lo que implicaba guiarlo a las locaciones, llevarlo a las comunidades y que tuviera el acercamiento con las personas para socializar su proyecto. Sin embargo, el día que se conocieron y comenzaron a conversar durante la cena, la intuición del realizador, al oírla hablar sobre “su valentía, su convicción, su arrojo, fuerza y constancia”, le resonó en la cabeza y le confirmó que eran todos los elementos que deseaba que tuviera el personaje principal en la película. Fue así que le propuso que se convierta en la protagonista de la historia.

Guzmán no lo vio venir. Pensaba que si le invitaban a trabajar, sería detrás de cámaras. Cuando pudo leer el guion, le hizo sentir muchas cosas y empatizó con la historia. “Consulté con la gente más cercana que quiero, mi esposo, mi familia y con una amiga, Andrómeda Rivera, quien me había dado un proyecto y una responsabilidad enorme en el Fondo de Conservación El Triunfo, donde trabajé por más de 10 años. Ella me dijo: ‘Caro, estas oportunidades no se presentan dos veces en la vida. Es algo que deberías probar’. Entonces, asumí el nivel de responsabilidad que implica esto, porque no tenía nada de experiencia en la actuación y así se dio”, cuenta por videollamada, acompañada de Lombardini.

“En mi investigación, caí en la figura del guardabosque, la cual me pareció una de gran importancia y como poco conocida en México. A partir de ahí, ya teniendo en mente esa geografía y a la protagonista, decidí que quería abordar el género trágico”, acotó el director. Fueron estos mismos, según Lombardini, quienes cuidaron del equipo de producción, sobre todo para evitar los riesgos en los traslados de comunidad en comunidad. “Fueron nuestros mejores consejeros [los guardabosques de El Triunfo] a la hora de guiarnos y aconsejarnos respecto a las horas, momentos y rutas para llegar a las locaciones donde filmamos la película”, agrega.

La película, que fue la gran ganadora en el pasado Festival de Cine en Morelia —uno de los más importantes del continente— llevándose tres de los principales premios a Mejor Filme, Mejor Dirección (para Lombardini) y Mejor Actriz (para Guzmán), profundiza en la crisis de violencia contra los defensores ambientales en México y Latinoamérica, al tiempo que construye un retrato íntimo sobre la resistencia, el cuidado colectivo y la fuerza de una mujer que se niega a rendirse.

“Esta película es una mirada a lo que pasa en México en rincones que nunca se podría imaginar uno. Vivimos en un país complejo, grande, con tantas problemáticas y con tantas cosas que quisiéramos que fueran atendidas. No podemos normalizar la violencia. No podemos normalizar el gran trabajo que hace mucha gente por conservar los ecosistemas. México es un país biodiverso. La narrativa de la película identifica esas comunidades que también luchan por preservar el bosque en su territorio, a pesar de todas las problemáticas que se presentan”, complementa Guzmán.

Por este mismo motivo, Lombardini se inclinó por la opción de actores naturales y que sean los habitantes de estas comunidades quienes compongan el resto del elenco de la película. El director incluyó sus experiencias en carne propia. El reto de llevar esos testimonios al campo interpretativo lo materializó con la maestra de actuación Tania Olhovich, quien impartió dos clases de actuación para todo el elenco.

“Uno de los principales lineamientos que utilizamos es que el diálogo nunca se les impuso a nuestros actores, sino que más bien platicábamos el objetivo dramático de cada escena. Les permitíamos que ellos utilizaran la palabra como una herramienta más, pero escogiendo ellos mismos cómo utilizar el diálogo. Creo que esto fue crucial para lograr un proceso orgánico”, afirma Lombardini.

Guzmán, quien se desempeñó como coordinadora de proyectos en el Fondo de Conservación El Triunfo durante más de una década, a pesar de conocer las implicaciones que conllevan la lucha por la preservación de la naturaleza —a diferencia de sus similares—, nunca había recibido una amenaza por su trabajo. Sin embargo, después del estreno de la película sí recibió una llamada muy amenazante. “Vengo de una zona que ahora está muy violentada por el crimen organizado. Un día normal recibí una llamada de alguien que supuestamente conocía, que decía ser de las autoridades y que me tenían identificada. En Chiapas ese tipo de llamadas ahora son muy comunes por el nivel de violencia. Decidí no escarbar más en el tema para no caer en pánico”, confiesa la actriz y agrobióloga.

La activista por el territorio es consciente que cuando haces este tipo de trabajo, como conservar el medioambiente o ser guardabosque, siempre va a tener implicaciones. “Te vas a encontrar con gente que es consciente, y hay gente que no. Es un trabajo que nunca se acaba. Puedes convencer a muchos. Es una labor que necesita mucho tiempo para ver si lo lograste. Llevo 20 años resolviendo conflictos sociales y se necesita la empatía de la gente. Es muy fácil decir a las personas ‘cuiden la naturaleza’, ‘cuiden la montaña’, cuando hay otros intereses de por medio”, sentencia Guzmán.

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Sobre la firma

Andrés Rodríguez
Es periodista en la edición de EL PAÍS América. Su trabajo está especializado en cine. Trabaja en Ciudad de México
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