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La inflación frena las caídas en febrero y se mantiene sin cambios en el 2,3%

El abaratamiento de la electricidad se vio neutralizado por la subida de combustibles, restauración y alimentos

Supermercado en la localidad sevillana de Tomares, la semana pasada.PACO PUENTES (EL PAÍS)

La inflación puso fin en febrero a su racha positiva. Según el dato adelantado este viernes por el Instituto Nacional de Estadística (INE), los precios se situaron en el 2,3%, el mismo nivel que en enero, poniendo fin a tres meses de rebajas que han acercado el IPC al objetivo del Banco Central Europeo, pero que no han servido por ahora para colocarlo en el deseado umbral del 2%. La inflación subyacente, que excluye energía y alimentos no elaborados, aumentó una décima, hasta el 2,7%, mientras que en términos mensuales, respecto a enero, el alza fue de cuatro décimas.

A falta de que el INE aporte más detalles, la energía ha sido la protagonista, para bien y para mal, del dato de febrero: la electricidad contribuyó favorablemente al abaratarse, pero los combustibles subieron, como también crecieron los precios de la restauración y de los alimentos. El Ministerio de Economía ha resaltado en un comunicado que España sigue en la senda de acercarse al objetivo del BCE, y ha señalado que la moderación de los últimos tiempos “favorece que los salarios aumenten por encima de la inflación, permitiendo a las familias ganar poder adquisitivo”.

La tendencia positiva reciente, sin embargo, será complicado que se mantenga en marzo por el efecto base. El año pasado los precios cayeron con fuerza en aquel mes porque las tarifas eléctricas se hundieron gracias a las fuertes lluvias que se produjeron, por lo que al compararse los precios con dicho mes para el cálculo de la inflación, hay muchas opciones de que se produzca un repunte.

“El componente energético va a empezar a tirar la inflación hacia arriba a partir del mes que viene por las grandes caídas de hace un año, lo que podría llevarnos de nuevo a tasas cercanas al 3% en primavera”, augura Ángel Talavera, economista jefe para Europa de Oxford Economics.

Para Raymond Torres, director de Coyuntura de Funcas, la distancia con Europa es una señal a tener en cuenta. “Pese a que la fortaleza del euro modera los precios de la importación, la inflación en España se está situando de manera tendencial en el entorno del 2,5%, lo cual no sería un gran problema si no fuera porque es superior de manera sistemática, desde hace bastante tiempo, a la media de los otros países de la eurozona, lo que redunda en una pérdida de competitividad”.

Pese a que las cifras están muy cerca del objetivo del BCE, y en el conjunto de la zona euro incluso se encuentran por debajo —en enero fue del 1,7%, lo que abre esa citada brecha de competitividad negativa para España—, desde Fráncfort son conscientes de que las alzas de precios no han dejado de ser un problema para los consumidores.

Sin embargo, en opinión de la presidenta de la institución, Christine Lagarde, los ciudadanos tienden a magnificarlo, y perciben una subida de la inflación mayor de lo que dicen los datos porque basan sus percepciones en sus patrones de consumo personales, especialmente en sus compras de alimentos, que están abaratándose más lentamente que otras partidas, en lugar de tener en cuenta el conjunto de los gastos.

La cesta de la compra es precisamente uno de los elementos que está impidiendo a la inflación española equipararse con la europea. Todavía no se conoce con exactitud que ocurrió en febrero, pero en enero los alimentos y bebidas no alcohólicas subían a un fuerte ritmo interanual del 3%, y el INE no da números de febrero todavía, ya adelanta que se encarecieron más que el año pasado. “Sobre el precio de los alimentos ha podido pesar la climatología adversa de las últimas semanas, pero llueve sobre mojado, porque la inflación de los alimentos ya venía arrastrando tasas muy elevadas, y es el núcleo que se resiste a bajar junto a los servicios, que conviven con una demanda boyante y un crecimiento del PIB mayor al del resto de Europa”, indica Torres, de Funcas.

Otro factor que no contribuye a sentir que la mejora de los datos de inflación redunda en una recuperación del poder adquisitivo es el encarecimiento del precio de la vivienda. Recientemente la Generalitat ha reabierto el debate sobre si hay que incorporarlo en el IPC y ha propuesto un índice que lo incluye para que la estadística sea más fiel a la realidad, pero por ahora esa posibilidad no está sobre la mesa.

Pese a que la inflación no está lejos de su normalización, el IPC cumple 16 meses seguidos por encima del 2%. Y la fatiga viene de más atrás: en los últimos cinco años, la inflación española solo ha estado cuatro meses por debajo del 2%. En ese tiempo acumula un alza superior al 23%. Ampliando más el foco, en los últimos 30 años, desde 1996, antes de la incorporación de España al euro, los precios se han duplicado.

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