La agresión de Alito a Noroña impulsa la unidad en Morena y quita terreno a la oposición
La inédita pelea en el Senado resta méritos al PRI y al PAN, que se habían atrincherado en los golpes de efecto de Washington para atacar al oficialismo

Una bronca más propia de las calles vino a poner en duda los méritos de la política, la preeminencia de la palabra para resolver los conflictos. Al calor de la pelea del miércoles entre los senadores Alejandro Moreno, Alito, del PRI, y Gerardo Fernández Noroña, de Morena, los analistas se apresuraron a estipular que el pleito desprestigiaba a partes iguales a ambos personajes y sus respectivos partidos. Pero Noroña es nada menos que el presidente del Senado, y los videos que hay del momento permiten ver que Alito Moreno inició los contactos físicos —primero los toqueteos, luego los empujones y más tarde los golpes— y que persiguió al morenista intentando continuar la bronca. El Congreso muchas veces se ha convertido en una arena donde los legisladores han llegado a las manos. El discurso no siempre basta. Pero nunca un senador con la investidura de Noroña había sido agredido por otro legislador dentro del recinto, directamente en el presídium, a la vista de todos. El episodio ha dado armas al oficialismo para reagruparse. La oposición, en contraste, no ha salido en tropel a cobijar a Alito.
La presidenta, Claudia Sheinbaum, ha señalado que la trifulca del miércoles en la Cámara alta es una demostración de “lo que es el PRIAN: un autoritarismo enorme y la resolución a los golpes de lo que podría haberse dialogado”. “PRIAN” es la apócope de PRI y PAN, los dos principales partidos de oposición, un término instaurado por el expresidente Andrés Manuel López Obrador para indicar que no hay diferencias entre ambos partidos. Sheinbaum ha reprochado a Alito Moreno —que, además de senador, es dirigente nacional del PRI— y a la oposición en general por “la hipocresía en sus palabras y en sus hechos”. “Cómo es que llaman autoritario al Gobierno cuando nosotros lo que promovemos son libertades y democracia y, de su parte, hay esta actitud”, ha observado.
El lamentable episodio ha servido para que Sheinbaum lime asperezas con Noroña, a quien reconvino a inicios de la semana. El polémico senador aventuró que una nueva oposición surgirá de las entrañas de Morena, como sucedió con el izquierdista PRD, que nació como una ruptura del PRI a finales del siglo pasado. Las salidas de tono de Noroña serían el menor de sus problemas. La prensa reveló que el político izquierdista es dueño de una casa de 12 millones de pesos y de dos lujosas camionetas. El senador no se amilanó y defendió su derecho a poseer tales bienes, pese al contraste con la filosofía morenista que ordena a sus militantes a “vivir en la justa medianía”. Noroña se hundía más en las arenas movedizas de su boca. Luego vino el zafarrancho en el Senado. Fue, de algún modo, un respiro para el legislador. El oficialismo sacó pecho por Noroña, empezando por la presidenta, que se solidarizó con él, condenó la agresión en su contra y dijo que tenía su apoyo.
La agresión de Alito representa un balón de oxígeno para Morena, que este verano acumuló numerosos escándalos. A la polémica por los presuntos nexos con el narco de Hernán Bermúdez Requena, secretario de Seguridad en el gobierno del senador Adán Augusto López en Tabasco, le siguieron las muestras de frivolidad de los principales cuadros del partido, desde los que derrocharon dinero en sus vacaciones de verano hasta los que hicieron ostentación de lujosos bienes y casas. La oposición usó todo ello como dardo para cuestionar la coherencia del partido que fundó López Obrador. Entonces vino el proceso judicial en Estados Unidos del narcotraficante Ismael El Mayo Zambada, que declaró ante la justicia de ese país que sobornó durante años a funcionarios y políticos de México para que permitieran la operación del Cartel de Sinaloa.
La acusación del veterano capo fue abstracta y al aire. En teoría, fueron corrompidos funcionarios de cualquier partido político, habida cuenta de que el imperio criminal del cartel se edificó por décadas. La oposición había dirigido la atención hacia el Gobierno de Sheinbaum, que se esforzaba por regresar el envés al PAN, recordando el caso de Genaro García Luna, el corrupto secretario de Seguridad en la presidencia de Felipe Calderón y quien fue sentenciado en EE UU por narcotráfico. “¿Qué les parece más importante?”, preguntó Sheinbaum a los periodistas. “¿La casa de Noroña en Tepoztlán, o que el director de la DEA haya dicho que García Luna está al mismo nivel que los otros dos capos [El Mayo y Joaquín El Chapo Guzmán]?”, insistió.
Surtió poco efecto el recurso de la presidenta. Días antes, la senadora del PAN Lilly Téllez, experta polemista, dio una entrevista a Fox News en la que pidió “el apoyo” del Gobierno de Donald Trump en México para atacar a los carteles de la droga. La legisladora dijo que México era un “narcoestado” y dijo, falsamente, que Sheinbaum quería meterla a la cárcel. El oficialismo perdía el control del discurso. La declaración de Téllez era algo así como una invitación, una justificación para la agresiva política de seguridad de Trump, que hace unas semanas firmó una autorización para que el Ejército de EE UU enfrentase a los carteles —declarados organizaciones terroristas— más allá de las fronteras del país norteamericano. El PRI y el PAN arroparon a Téllez. Encabezado por Sheinbaum, el oficialismo calificó de “traidores a la patria”, o “vendepatrias”, a los políticos de la oposición.
El tema de la intervención de EE UU en México se discutía en la sesión del miércoles, poco antes de la pelea entre Alito y Noroña. El priista criticó al presidente del Senado por no haberle dado la palabra antes de clausurar la sesión. Noroña menospreció sus reclamos. Allí, mientras entonaban el Himno Nacional, comenzó lo físico. Alito Moreno ha señalado que el morenista fue quien inició todo, primero, por incumplir el acuerdo para que el PRI usara la tribuna. Desde la oposición, ni el PAN ni MC han respaldado la actitud del dirigente priista. Jorge Álvarez Máynez, el dirigente emecista, ha marcado su distancia. “Un sector de la oposición cree que es un hitazo amplificar la agresión física a Noroña. Justo cuando el tema de conversación de varias semanas habían sido la corrupción, los excesos y el derroche de figuras prominentes de Morena, incluyendo al presidente del Senado”, dijo Máynez. Sus palabras no son banales. De cara a las elecciones intermedias de 2027, el PAN sopesa su alianza con el PRI, mientras que MC se ha mantenido reacio a unirse a cualquier formación.
Alito Moreno ha querido mostrar fuerza un día después del pleito en el Senado. Un grupo de la Confederación Nacional Campesina, una de las mortecinas huestes que conserva el PRI, acompañó al dirigente en un pequeño mitin sobre Paseo de la Reforma. Allí, Alito llamó a la unidad de la oposición. “Convocamos a construir un gran frente opositor, uno solo, para enfrentar a Morena, ganar en el 2027 y sacarlos de la presidencia de la República en 2030”, dijo. Luego emprendió una marcha por la emblemática avenida capitalina. “¡Alito, amigo, el pueblo está contigo!”, coreaba el puñado de simpatizantes que le acompañaban. La anchura de la calle enfatizaba la pequeñez del grupo. Para ser el pueblo, eran pocos.
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