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Heike Freire, pedagoga y filósofa: “Los niños que tienen un vínculo de amor con la naturaleza son más creativos y felices”

La también autora publica ‘Educar en verde’, un libro que fomenta el contacto con lo vivo y cómo esta relación ayuda a los menores a crecer más sanos y comprometidos con la Tierra

Cuando los seres humanos nacen, todos lo hacen como seres naturales, esenciales y espontáneos. “Pero la educación que reciben, generalmente, les hace alejarse de todas esas cualidades, llevándoles con celeridad a la adultez. Y luego muchos se pasan toda la vida buscando quiénes son. Cuando en realidad todo ya estaba ahí, en lo que les gustaba hacer cuando eran niños curiosos a los que les gustaba escuchar conversaciones y preguntar”, sostiene la filósofa Heike Freire (Asturias, 56 años), también psicóloga, pedagoga, activista española por los derechos de la infancia y fundadora de diversos colectivos que reivindican su derecho al aire libre. Freire acaba de publicar Educar en verde: Cómo superar el déficit de naturaleza y cultivar el amor a la Tierra (Paidós-Planeta, 2026), un libro que fomenta el contacto con lo vivo y cómo esta relación ayuda a los menores a crecer más sanos y comprometidos con la Tierra.

“En la infancia está nuestro ser esencial, lo que de verdad somos, nuestra naturaleza, y lo que hace que cada persona sea completamente diferente a otra, pero las educaciones regladas intentan que crezcas muy rápido y te conviertas en una persona más uniforme, más homogénea: en un adulto. Y como adultos, todos somos iguales; todos estamos cortados por el mismo patrón”, reitera durante la entrevista la autora de más de una decena de libros y también docente y creadora del título de posgrado Experto Universitario en Pedagogía Verde, en colaboración con Florida Universitària de Valencia.

Para Freire, el contacto con la naturaleza, respirar con el cuerpo y la mente, como un todo, “nos hace reconectar con lo esencial y primario”. “El objetivo es conectar con lo vivo para ser creativos, para ser felices”, añade la también creadora de la conocida como pedagogía verde, que defiende la naturaleza como nexo de todas las materias y de todos los conocimientos.

PREGUNTA. ¿Es más difícil el acceso a la naturaleza en la actualidad?

RESPUESTA. Sí, sobre todo por la manera de vivir que tenemos, más encerrada, más urbana. Tenemos muchas menos oportunidades de contacto con la naturaleza y por eso es muy importante todo el trabajo que hacemos de renaturalización de los patios, de utilización de espacios verdes cercanos a las escuelas, de renaturalización también de las casas e, incluso, de las familias —que padres y niños pasen más tiempo interactuando con entornos naturales para mejorar su bienestar—. Que haya más árboles o más espacios verdes para juntarte en comunidad y crear más espacios de juego. El juego es lo que les falta a muchos niños y niñas, pero tienen que ser espacios de juego naturales. No esos horrores de parques donde no hay nada creativo que hacer, nada que le pueda interesar.

P. Que el contacto con la naturaleza en la ciudad es más complicado es obvio, ¿no?

R. No, no es tan obvio. No tiene todo que ver con el entorno, tiene mucho que ver con la manera de vivir. Hay gente que se va al campo y sigue viviendo de una forma urbanita, porque el urbanismo es una cultura, es la urbanización de las mentes. Hay muchísimas personas que dicen: “Me voy al campo” y se llevan las ciudades al campo, se llevan su forma de vivir, se llevan la cocina de vitrocerámica; si hace frío, no salen, se pasan mucho tiempo en casa con las pantallas. Viven en el campo, pero no viven muy diferente de cómo se vive en la ciudad. Sí tienen a lo mejor más espacios verdes, pero los ven por la ventana.

P. En el hogar, ¿qué se podría hacer para que los niños tengan un contacto diario con lo vivo?

R. Primero facilitar que tengamos plantas o animales. Que además estemos abiertos al entorno. Que, por ejemplo, conozcamos la naturaleza que hay alrededor de casa. Los padres pueden hacer mapas de la naturaleza que tienen cercana —si hay árboles frutales, los pájaros que anidan, etcétera— y fomentar que sus hijos aprendan a cuidarla y que se conviertan en guardianes de esa naturaleza. Que si tienen un balcón, por ejemplo, pongan unas flores que puedan atraer mariposas para favorecer que los otros seres vivos puedan interactuar con nosotros.

P. ¿Qué ocurre si los niños se alejan de la naturaleza?

R. Cuanto más nos apartamos de la naturaleza, menos queremos ir. Y menos sensibilidad tenemos. O sea, que todo el interés con el que viene una criatura al mundo y esa curiosidad por mirar una hormiga que pasa por ahí, por ejemplo, empieza a desaparecer. La falta de contacto los aleja de lo verde, de lo vivo.

P. Y entonces se pierde esa orientación a la naturaleza…

R. La falta de orientación hacia la naturaleza es la pérdida más grande para un ser vivo, para un niño o adulto, porque, si no tenemos ese vínculo con lo natural, no nos desarrollamos plenamente. Llevamos unos ritmos tan locos, tan dirigidos a la producción, que nos producen ansiedad y estrés. Y esto afecta también a la infancia. Y la naturaleza relaja el sistema nervioso de los adultos, pero, sobre todo, el de los niños; les ayuda a ser más resilientes frente a los estreses cotidianos, como pasar unos exámenes o que sus padres se estén separando.

P. ¿Y por qué es más relevante en la infancia esta conexión?

R. Porque la orientación hacia lo natural nos trae mejor salud, mejor bienestar, mejor desarrollo, pero también nos potencia la atención. Y la atención es la energía vital más importante del ser humano. Donde pones tu atención, pones todos tus recursos.

P. ¿Es necesario el movimiento para atender mejor?

R. Sí, la necesidad de movimiento es muy importante. Y no hacerlo tiene consecuencias. La mayor parte de los niños y niñas pasan el 80% de su tiempo encerrados y en la escuela les impedimos que se muevan durante muchas horas y queremos que pongan la cabeza a funcionar. Y si no se mueven, no funcionan. También es verdad que muchas maestras tienen dificultades para dejar que sus alumnos se muevan porque no saben cómo trabajar con ellos. Porque en el aula es muy cómodo: tiene cuatro paredes y tienes a todos los críos controlados. Y salir exige desarrollar otras habilidades como la capacidad de contribuir. Pero hay que saber que el movimiento es muy importante porque está en la naturaleza humana.

P. Además de la renaturalización de los espacios y la orientación hacia la naturaleza, ¿habría algún elemento más para mejorar la calidad de vida de niños y niñas y su relación con la Tierra?

R. Sí, estaría el elemento de cultivar el vínculo con lo vivo porque, como decíamos, la pérdida de oportunidades hace que nos desvinculemos. Además, sabemos que los niños que tienen ese vínculo de amor con lo vivo, con la naturaleza, son personas más creativas y felices.

P. Una curiosidad, ¿está en contra o a favor de abrazar árboles?

R. Estoy en contra de las prácticas completamente desconectadas, inconscientes, que solamente siguen un patrón. Como, por ejemplo, poner a los niños en fila a abrazar un árbol. Pero si a una criatura que está jugando en un espacio natural le nace dar un besito a un árbol, ¿qué problema hay en eso? Ahí nace el vínculo.

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