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Por qué tu hijo se ríe cuando le regañas y cómo habría que reaccionar

Tras la respuesta desajustada de un niño cuando se le riñe se esconden sentimientos como miedo, tristeza, ira o incomprensión. Una actitud que los padres no deben tomar como una burla y ante la que hay que evitar aumentar el enfado

Regaños a hijos
Carolina Pinedo

La risa de un menor frente a la regañina de sus padres es una reacción que crea confusión en los adultos. Esa actitud es la punta del iceberg que oculta diversas emociones. “El niño puede sentir miedo, tristeza, ira, vergüenza, culpa, inseguridad o humillación”, explica Iosune Mendia, psicóloga y coach familiar en San Lorenzo de El Escorial (Madrid). “Se trata de respuestas emocionales frecuentes debido a que el pequeño se siente en una posición de desventaja respecto a los adultos, o porque no comprende el motivo por el que se le regaña”, añade.

Según el contexto, la risa se puede interpretar de diversas maneras. Por ejemplo, no es lo mismo cuando se produce en una reunión social distendida y lúdica que cuando hay una confrontación, en este caso entre padres e hijos. “En este caso, la risa es una expresión emocional a veces confusa, que puede ser nerviosa, fruto de la inmadurez o simplemente como una forma de liberar tensión”, explica por su parte Diana González, terapeuta familiar especializada en población infantojuvenil.

Ante una situación de presión, la risa actúa como una válvula de escape para el menor que se siente cuestionado cuando se le regaña. “Funciona como una forma de aliviar la tensión incómoda. Es un mecanismo inconsciente para manejar el estrés, proteger la autoestima y disminuir la sensación de vergüenza”, aclara Mendia. “Lo habitual es que les ocurra a los niños debido a su inmadurez emocional, porque tienen dificultades para regular y expresar de manera adecuada sus sentimientos”, explica la experta, mientras menciona la reacción de los niños más pequeños: “Cuando el miedo o la tensión son intensos, el cerebro puede bloquear la capacidad de tener una respuesta racional y desencadenar la risa como reacción automática para reducir el estrés”. En cualquier caso, los menores no son los únicos que se ríen ante una situación de confrontación con otra persona, también les puede pasar a los adultos de manera puntual.

La mala interpretación por parte del menor de la situación también puede provocar una respuesta desajustada. “Puede reírse porque cree que se trata de un juego o debido a que quiere suavizar la situación para que los padres dejen de estar enfadados. En los niños un poco más mayores, la risa también aparece para liberar la ansiedad que les provoca la reprimenda y suele aparecer en forma de risa nerviosa”, continúa la especialista.

¿Qué deben hacer los padres cuando se da esta situación? Lo primero que deben tener en cuenta es que, la mayoría de las veces, se trata de una respuesta involuntaria de los niños. “Es su manera de manejar una emoción fuerte, como el miedo o la vergüenza”, retoma González. “Lo adecuado es manejar la situación desde la madurez como adultos y no como lo haría un niño, por ejemplo sintiéndose ofendido o atacado”, añade. Conviene tener presente el enfoque de que los menores están madurando y aprendiendo a gestionar sus emociones. “Los niños no son adultos, están en proceso de aprender y experimentar, por lo que muchas veces no saben cómo reaccionar. Lo clave es comprender que no son malos y no actúan con mala intención”, continúa la terapeuta. “El sentido social que tienen los adultos y el manejo de las normas se aprende con el tiempo, por lo que hay que tener paciencia y memoria sobre cómo se llegó hasta ahí”, sostiene, mientras aclara que conviene evitar añadir más peso a la regañina por el hecho de que el menor se ría: “Si el niño ya cometió una equivocación, lo que necesita es orientación y no más angustia. No tiene sentido reñir por una respuesta emocional que puede ser fruto del nerviosismo. Lo que sí que hay que corregir es el comportamiento que motivó la situación, pero sin dramatizar la risa”.

Lo fundamental es no tomarse la situación como algo personal. “No se trata de una falta de respeto o una burla, sino de una reacción normal debido a la dificultad de gestionar emociones complejas, como la frustración o el miedo, así como comprender que el niño no sabe cómo actuar frente a esa situación”, recalca Mendia, a la vez que aconseja cómo proceder: “Hay que mantener la calma, porque si aumenta el enfado se provoca más tensión y descontrol. También conviene ayudarle a identificar y expresar lo que siente”, aclara la psicóloga. Además, plantea la posibilidad de hacer determinadas preguntas al niño para ayudarle a clarificar la razón de su reacción: “Veo que te estoy regañando y te ríes, ¿es porque te sientes nervioso? ¿Estás incómodo?”.

Cuando el menor no puede controlar su reacción frente a una riña conviene darle un margen. “Se puede postergar la conversación y darle un tiempo para calmarse, lo que ayudará a que se reduzca la tensión, para luego retomar el tema de forma constructiva”, continúa Mendia. “A la hora de regañar, hay que ser firme y nunca recurrir a amenazas ni humillaciones, pero explicando con claridad por qué la conducta ha sido inadecuada, así como las consecuencias que tendrá que asumir”, añade.

La respuesta de los padres debe partir siempre de la comprensión. “El niño necesita cariño, empatía, respeto y paciencia y no una reacción desajustada por parte del adulto, que debe dar ejemplo con el autocontrol de sus emociones”, sintetiza González.

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Sobre la firma

Carolina Pinedo
Periodista desde hace 30 años, gran parte de los cuales los ha ejercido en varias secciones de EL PAÍS, en la actualidad colaboradora en Mamás&Papás y Estilo de Vida. Licenciada en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, ha trabajado en radio y televisión, además de publicar varios cuentos infantiles y dos poemarios.
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