Las ‘influencers’ rompen el silencio de los rusos ante Putin: “Vladímir Vladimírovich, la gente le tiene miedo”
Famosas con millones de seguidores critican que las autoridades no cuentan al presidente los problemas del país, aunque evitan arremeter contra él


No viste uniforme ni goza de acceso a las poderosas torres del Kremlin, pero tiene 13 millones de seguidores en Instagram, una red social prohibida en Rusia. “Vladímir Vladímirovich, la gente le tiene miedo“, arranca en una de sus publicaciones recientes Viktoria Bonia, en una sorprendente apelación directa a Putin. “Entre nosotros, la gente común, y usted hay un muro infranqueable, y quiero derribarlo. Ningún gobernador le dirá esto porque le tienen miedo“, continúa, dirigiéndose al presidente, la exconcursante de Dom−2 (el Gran Hermano ruso) y epítome de la vida del lujo extremo, que ahora vive en el extranjero. Ella es el símbolo del tren de vida que millones de ciudadanos en Rusia desean y solo la élite disfruta.
No es la única en apelar a Putin: otras influencers —y empresas rusas como la cadena que se hizo con los restaurantes de McDonald’s, Vkusno i Tochka— han roto en los últimos días el silencio de los rusos y deslizan ciertas críticas o sugerencias al presidente del país. El bloqueo de internet, no la invasión de Ucrania, ha sido la gota que ha colmado el vaso. Y la oposición sospecha que el fenómeno responde más bien a una lucha entre las distintas facciones del poder.
Aiza, presentadora y cantante, se ha sumado a las críticas. “¿Puede pensar en las personas que están sufriendo, que están al borde del abismo? Por favor, ¿cuánto puede costar esto? ¿Cuánto dinero tienen que robar los diputados para tener suficiente?“, afirma en otro duro reel (vídeo corto) dirigido a Putin. “Espero sinceramente que nuestro presidente realmente no esté al tanto de esto”.
En una vieja tradición rusa, las famosas exculpan a Putin con un lema repetido en la literatura eslava desde hace siglos: “¡Si el zar supiera!“. Este blanqueo del líder supremo tiene lugar precisamente cuando la popularidad del mandatario está cayendo por la crisis económica y el bloqueo de Internet. Según el centro de sondeos del Kremlin, VTSIOM, la aprobación de Putin entre los ciudadanos ha bajado a su menor nivel desde el inicio de la guerra: obtiene un holgado 67,8%, pero queda por primera vez debajo del 70%.
Ni los bombardeos constantes de ciudades ucranias ni las penurias que sufren ciudades rusas fronterizas como Bélgorod ni la detención de opositores, muchos de ellos enfermos, ni el gasto masivo en la guerra mientras gran parte de la población no llega a fin de mes. Nada de eso se plantea en los vídeos. Las protestas se han desatado por la intromisión del Gobierno en la última burbuja de los rusos: las redes sociales.
Las críticas, en todo caso, se han hecho virales, al suponer una de las pocas confrontaciones abiertas con el poder desde sectores apolíticos de la sociedad rusa desde la dura represión de las protestas contra la guerra. Eso fue en 2022. Desde entonces, la sociedad civil ha permanecido prácticamente en silencio, con la valerosa excepción de las esposas de militares que han plantado cara al Kremlin al exigir que sus maridos vuelvan a casa.
En el flanco ultranacionalista apenas nadie ha alzado la voz desde la violenta muerte del poderoso jefe del Grupo Wagner, Yevgueni Prigozhin, en 2023. Y quienes lo han hecho han acabado mal: a principios de este año fue internado en una institución mental el bloguero militar Ilia Remeslo por criticar la dirección de la guerra.
Bonia, Aiza y otras famosas como Ida Gálich y Katia Gordon utilizan un tono muy medido para culpar a las autoridades de no informar bien a Putin. No mencionan tampoco la invasión de Ucrania entre los problemas que sufren los rusos, aunque Bonia, modelo, presentadora y actriz, calificase en el pasado como un “genocidio” las sanciones a Rusia por la guerra desatada contra el país vecino.
El bloqueo de internet, impuesto por los servicios de seguridad rusos, es uno de los cinco problemas que cita Bonia. El resto son el sacrificio masivo de ganado en la región de Novosibirsk (por supuestos brotes de pasteurelosis y rabia que las autoridades no han acreditado), las inundaciones y otros problemas ecológicos como los continuos vertidos de dos viejos petroleros hundidos en el mar Negro desde 2024 (que han dejado hace un par de días unas 200 aves muertas en las playas de Anapa) y las nuevas normas que permiten cazar animales en peligro. “Este año no habrá temporada de baño. Les están mintiendo”, critica la modelo.
Fractura en la élite
La oposición rusa debate si estas críticas son sinceras o si simplemente son promovidas por una facción del Kremlin, el sector político —liderado por uno de los jefes de la administración presidencial, Serguéi Kiriyenko—, para intentar frenar a la otra, el Servicio Federal de Seguridad (FSB), en su intento de tomar el control de todos los mecanismos del Estado. Para Kiriyenko, cuya misión es mostrar a Putin que el pueblo le adora, Telegram es una herramienta básica; y, por tanto, restringir su acceso —algo impuesto por el FSB— es un error.
“Los mismos puntos: Putin no está al tanto de lo que pasa, necesita la información del pueblo, los funcionarios ocultan la verdad al líder... Esto solo puede significar una cosa: recibieron la orden (y el manual) del Kremlin, del departamento de Kiriyenko”, afirma en la red social X el politólogo Iván Preobrazhenski. Y avisa a la ciudadanía: “Cualesquiera que sean los objetivos del departamento de Kiriyenko, debéis recordar una cosa: el bienestar de vosotros, la gente común, NO está entre esos objetivos”. A esa opinión se suma Iván Zhdanov, exdirector del Fondo contra la Corrupción de Alexéi Navalni, el disidente fallecido en una prisión rusa.
Otros discrepan: “No estoy nada de acuerdo con que Bonia y Aiza recibieran una tarea del Kremlin. Ambas son temperamentales y activas, y además viven fuera del país”, replica Liubov Sóbol, política opositora y también exmiembro del Fondo de Navalni. “No sé si realmente piensan que Putin no está al tanto o entienden que hablar así es la única forma de protesta más o menos segura, pero el hecho de que mencionen el apellido Putin en relación con los problemas ya es un paso adelante. Gracias, chicas”, agrega.
Bonia subraya en su vídeo que las autoridades “están apretando a la gente como a un muelle”. “Y un día ese muelle se disparará”, advierte. “La gente”, añade, “está buscando en Google cómo abandonar Rusia”. No obstante, ella tampoco quiere aparecer como ariete contra el Gobierno: este mismo miércoles publicaba otro vídeo en el que afirma: “Amo mi país, no lo voy a traicionar. No soy ninguna opositora”.
Bonia vive en el extranjero, y se juega no volver a casa. Hizo sus primeras críticas al Gobierno en otro reel publicado en marzo, en el que la cantante Sati Kazánova discutía con ella sobre el valor que se necesita para protestar contra el Kremlin. “Vika, querida, ¿sabes por qué los artistas guardamos silencio aquí en Rusia? Nosotros también tenemos familias y padres”, decía Kazánova. “Cuando se violan todos los derechos y límites y no hay otra opción, la gente tiene que contraatacar”, respondía Bonia.
Un polémico diputado ruso, Vitali Milónov, promotor de las leyes contra la minoría LGTBI, ha tildado a Bonia de “prostituta de Dubái” y le ha instado a volver a Rusia. “Esto es inaceptable para alguien en el poder y que está obligado a proteger a los ciudadanos, no a acosarlos”, ha respondido la influencer, adelantando que se plantea poner una demanda colectiva junto a otras mujeres contra el político.
La cadena de comida rápida Vkusno i Tochka, una de las grandes beneficiadas por las sanciones a Rusia por la guerra (que le permitieron hacerse con los restaurantes de la cadena McDonald’s), también se ha sumado a las críticas al Gobierno: “La gente, sin recibir órdenes, recaudó más de quinientos millones de rublos [para los afectados por las inundaciones de Daguestán, según la agencia Agentsvo] porque no podían ignorar la desgracia ajena, y lo hicieron a través de las redes sociales “prohibidas” que [las autoridades] lleva años intentando presentar como peligrosas“, denunció.
Las autoridades rusas proscribieron Instagram, Facebook y Twitter en 2022, al inicio de su invasión de Ucrania, y en los últimos meses han bloqueado WhatsApp y Telegram. “Al mismo tiempo, se gastan decenas de miles de millones [de rublos] en bloquear, restringir, silenciar y etiquetar esta y otras redes como indeseables [lo que implica hasta penas de cárcel por su uso]”, añade la cuenta de Vkusno i Tochka.
Incluso el partido−satélite del Kremlin Nueva Gente [Novie Liudi, en ruso], un proyecto personal de Kiriyenko, se ha posicionado contra el bloqueo de internet, ofreciendo wifi gratis a la población. De fondo, el temor de la facción política del Kremlin a que el descontento fluya hacia una formación que se encuentra ante una oportunidad histórica para resurgir después de tres décadas de vasallaje al putinismo: el Partido Comunista de Rusia.
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