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El Kremlin ensaya el bloqueo de los teléfonos móviles en Moscú

“Los ciudadanos no pueden dudar de que lo más importante es garantizar la seguridad”, dice el portavoz de Putin

Una mujer habla por teléfono en la Plaza Roja de Moscú el pasado 11 de marzoAlexander Zemlianichenko (AP)

En Moscú, la ciudad donde 180.000 cámaras identifican a los transeúntes mediante inteligencia artificial, los teléfonos no se conectan a internet desde hace una semana por orden de los servicios de seguridad rusos. “Si nos preguntan cuánto durarán estas medidas, durarán mientras sean necesarias nuevas medidas para garantizar la seguridad de nuestros ciudadanos. Los ciudadanos no pueden dudar de que lo más importante es garantizar la seguridad”, justificó el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, con un retruécano digno de una novela distópica. Ni contactar con familiares ni leer la prensa; ni pedir un taxi, ni entrar a la aplicación del banco o hacer un trámite administrativo. En un mundo remodelado por internet, el Kremlin ensaya el apagón total cuando le vengan mal dadas.

Peskov, en su cita al estilo George Orwell, no especificó si “la seguridad” que deben proteger sus fuerzas era la seguridad de sus ciudadanos o del propio Gobierno.

“¿A ti te funciona YouTube?” o “Perdona, estaba en la calle y no he recibido ningún mensaje” son dos de las frases más habituales estos días. En algunas zonas de Moscú apenas funcionan unas pocas web. En otras áreas, como el centro y el interior del Metro, directamente no hay internet en el móvil. “Al entrar, a la derecha”, dice el mensaje del primer amigo que llegó a un restaurante a las ocho de la tarde. Su mensaje se envió por WhatsApp a las 12 de la noche, cuando se reconectó automáticamente al wifi de su casa por primera vez.

Las fuerzas de seguridad rusas comenzaron sus pruebas hace unos meses en otras regiones menos pobladas. Algunas molestias se pueden resolver a la vieja usanza, con un mensaje SMS o localizando un wifi para trámites de urgencia. Otras, como pedir un taxi lejos del centro en una ciudad gigantesca cuando cierra el metro o abonar la cuenta donde las terminales de pago funcionan con red móvil, plantean más problemas.

Las plataformas de venta online Wildberries y Russ aseguran que las ventas de mapas de carretera se han disparado en la capital rusa un 170% estos días, igual que los encargos de buscapersonas o buscas (73%) y walkie-talkies (27%).

La cuestión que planea ahora sobre los rusos es hasta dónde llegará este muro digital. Después del bloqueo a la red de los teléfonos podría seguirle el internet de casa. Y Google, multada numerosas veces por no acatar las órdenes del Kremlin, está en su punto de mira y acaba de sacar gran parte de sus servidores de Rusia. Si las plataformas extranjeras son vetadas, la búsqueda de herramientas para eludir la censura será cada vez más difícil.

Andréi Svintsov, vicepresidente del comité de las políticas hacia la información de la Duma Estatal, la Cámara baja del parlamento ruso, confirmó esta semana que el Kremlin creará una “lista blanca” de webs y aplicaciones que funcionarán cuando las fuerzas de seguridad desconecten internet.

Estos bloqueos suponen un nuevo capítulo en la escalada censora de los últimos meses. Entre otras medidas, WhatsApp fue vetada por completo y Telegram va a correr la misma suerte desde abril, mientras que el roaming y los SMS con el extranjero también han sido bloqueados.

Miles de webs, incluidos los medios de países “inamistosos” como España, tampoco son accesibles directamente en Rusia desde que comenzó la invasión de Ucrania. Aplicaciones como Instagram, YouTube o Twitter también fueron bloqueadas, y algunas de ellas han sido declaradas extremistas.

Estos bloqueos han podido ser sorteados hasta ahora, con más o menos suerte, gracias al uso de VPN, aplicaciones que cifran el tráfico de los usuarios y lo desvían por servidores en terceros países. El Gobierno ruso miraba hacia otro lado hasta ahora, mientras que las fuerzas de seguridad y los ciudadanos jugaban al ratón y al gato, descargando y bloqueando nuevas VPN a medida que se popularizaban.

“Roskomnadzor −el organismo ruso que vigila internet− tiene la capacidad técnica para monitorear el tráfico de VPN. Comenzarán a restringirlo gradualmente. Y Telegram también tardará en responder a las VPN. “Si alguien se piensa que la gente se descargará una VPN y seguirá usando la aplicación, tengo malas noticias”, amenazó Svintsov este jueves.

Según el alto cargo, el Kremlin podrá bloquear todas las VPN “en tres o seis meses”. El Kremlin publicó una orden el año pasado, la resolución 1667, por la que todo el tráfico de las operadoras rusas pasaría por Roskomnadzor, donde los agentes del Servicio Federal de Seguridad (FSB), y no ningún juez, decidirían qué contenidos son ilegales.

La amenaza de Svintsov plantea dudas. Pese al monitoreo de Roskomnadzor, las VPN cambian el punto de acceso a otros países donde la aplicación es legal y pueden desviar su tráfico cifrado. Una VPN puede ser desactivada, pero surgen más. En China, pionera en construir un muro digital en torno a internet desde los noventa, todavía funcionan algunas, aunque sea difícil descargarlas dentro del país y las autoridades escruten cada nueva aplicación.

En cualquier caso, puede que el Kremlin no logre la censura total, pero sí su objetivo final. Promocionar VPN no aprobadas por el Gobierno es delito desde el año pasado, y una gran parte de la población rusa, especialmente la gente mayor, no usa o desconoce cómo configurar estas herramientas. “Es difícil para mi madre”, dice Nadia al comentar que quiere ponerle una VPN para poder hablar con ella desde el extranjero. Según un sondeo del centro Levada, solo un 40% de los rusos utiliza estas aplicaciones para sortear la censura.

El Gobierno no oculta sus intenciones censoras en un año que el Kremlin organizará elecciones parlamentarias. El resultado es previsible; la cuestión será la participación ciudadana. Para politólogos y opositores rusos como Ekaterina Shulman, estos comicios serán presentados por el Gobierno ruso como una revalidación de su guerra contra Ucrania. Pasadas las elecciones, el Kremlin tendrá que tomar decisiones ante una economía en crisis y un ejército atrapado en su quinto año de guerra.

Y Putin está perdiendo su aura. Según la última encuesta del centro de estudios sociológicos del Kremlin, VTsIOM, solo el 32,1% de los rusos pensó en su actual presidente cuando se les preguntó, sin proponerles ningún nombre, a quién confiarían los asuntos gubernamentales importantes, siendo este el porcentaje más bajo desde que comenzó su ofensiva contra Ucrania en 2022. Eso sí, cuando se les mencionaba a Putin, un 77% decía confiar en él.

El humor es la válvula de escape en tiempos de represión. Una viñeta del diario independiente The Insider muestra un cartel con el lema “Putin nos sacó de los noventa”. Al lado, un ciudadano le pregunta al otro dónde ha comprado el busca, y el otro le muestra un mapa impreso.

El trauma de los duros años noventa, la crisis del desplome de la Unión Soviética, persiste en la memoria colectiva de los rusos. Los problemas económicos, los ajustes de cuentas en la élite y el repunte de la delincuencia provocados por la guerra de Ucrania han reavivado algunos recuerdos de aquellos años. Simbólicamente, la Duma Estatal, la Cámara baja del Parlamento ruso, ha propuesto volver a poner cabinas telefónicas en las calles ante el bloqueo de internet.

La plataforma Na Sviazi (Conectado, en ruso) ha denunciado el bloqueo de internet en al menos 68 regiones del país estos meses. Por su parte, fuentes del sector de las telecomunicaciones de una de las principales cabeceras rusas, Kommersant, estiman que solo la economía moscovita ha perdido entre 3.000 y 5.000 millones de rublos, de 32 a 54 millones de euros, desde que comenzaron los cortes el 6 de marzo.

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