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La muerte de una familia en Haifa muestra la vulnerabilidad de Israel, a pesar de su gran sistema defensivo

El impacto directo de un proyectil balístico en un área residencial de Haifa mata a cuatro miembros de una misma familia, en el segundo ataque más letal de Irán en suelo israelí

Vista de las labores de rescate de los bomberos en un edificio de Haifa (Israel) ellunes 6 de abril.Magda Gibelli (EFE)

La fatalidad ha arruinado el pequeño paraíso residencial entre el cielo y el mar donde una pareja de jubilados se había retirado. Entre pinares desde los que se divisa la histórica bahía de Haifa, al norte de Israel, el impacto directo de un misil balístico iraní destruyó su apartamento del piso bajo mientras cenaban al atardecer del domingo con uno de sus hijos y la esposa de este. Disparado a unos 2.000 kilómetros al noreste con una carga de cientos de kilos de explosivos, el proyectil cayó de lleno en el salón de su casa. No llegó a estallar, pero golpeó como un martillo pilón el inmueble de cinco plantas escalonado en una ladera del monte Carmelo. Los equipos de rescate aún se afanaban este lunes para atender a los atribulados vecinos tras haber recuperado los cuatro cuerpos. A su lado, los artificieros del ejército pugnaban por desactivar la ojiva de un cohete que muestra la vulnerabilidad de Israel, a pesar de sus punteros sistemas defensivos.

“Eran dos personas mayores, uno de sus hijos y su nuera”, daba cuenta del balance de víctimas el coronel Dovev Viess, del denominado Frente Interno (equivalente a defensa civil), en una terraza situada frente a la vivienda. En medio de un gran despliegue de policías, bomberos, socorristas y religiosos judíos que recogían con esmero el menor resto humano desperdigado por el impacto, el oficial explicaba ante la prensa que solo esa familia se había visto golpeada por el misil, que pudo haber causado una matanza de haber explotado. “Tan solo un hombre de unos 80 años ha sido ingresado en estado crítico en el hospital Ranban de Haifa”, precisó el oficial. Otra decena de residentes, entre ellos la esposa del hospitalizado, de unos 75 años, solo sufrieron heridas leves.

El coronel israelí eludió proporcionar la identidad de las víctimas mientras señalaba a los cámaras de televisión el salón-comedor que fue diana del misil balístico. Un aparato de aire acondicionado colgaba de un cable sobre la fachada abierta en canal. La prensa local los identificó como Vladímir Gershovich, de 73 años, y su esposa, Lena Ostrovsky, de 68; el hijo de ambos, Dima Gershovich, de 42 años, y su mujer, Lucille Jean, de 25 y nacida en Filipinas, con quien se había casado hace dos años.

Los tres primeros habían emigrado de la extinta Unión Soviética hace más de tres décadas. Hasta su jubilación, Lena Ostrovsky fue profesora de dicción en la escuela teatral Nissan Nativ de Jerusalén, según un comunicado de pésame difundido por la Asociación de Actores de Israel a través de la televisión estatal.

“No los conocía, aunque en este barrio de la zona alta de Haifa vivimos muchos jubilados”, explicaba el ingeniero retirado Tsivi Nisnas, de 84 años, que había acudido a interesarse por uno de los vecinos del edificio. “La mitad de las casas, las más antiguas como esta, apenas tienen refugios o habitaciones seguras individuales, y tan solo hay refugios colectivos en los sótanos”, advierte, habituado a los conflictos tras una larga existencia. “Cuando era niño sufrí la guerra de la Independencia (1948-1949); combatí en la guerra de los Seis Días (1967) y en la de Yom Kipur (1974), y ahora tengo que vivir esta guerra mi edad. ¿Qué otra opción tenemos?”, reflexionaba en voz alta.

A escasos metros de donde la prensa seguía tomando imágenes de escombros y enseres domésticos, los artificieros trataban de desactivar la cabeza del misil balístico para poder retirarla hasta un lugar seguro, al término de una búsqueda de más de 18 horas de los restos de las cuatro víctimas. Para ello utilizaron tuneladoras y herramientas tecnológicas de detección de cuerpos.

Se trata del segundo ataque iraní más letal en Israel en más de cinco semanas de guerra, solo superado por los nueve muertos por otro impacto directo, en Beit Shemesh (en la provincia de Jerusalén), en los primeros días del conflicto. El pasado 22 de marzo, dos misiles lanzados desde Irán causaron 200 heridos al impactar sobre las localidades de Arad y Dimona (en el sur de Israel), donde se ubican las instalaciones nucleares del Estado judío. En total, Israel ha contabilizado 23 muertes en ataques iraníes y de la milicia chií libanesa Hezbolá.

En Líbano han perdido la vida al menos 1.460 personas, incluidos 125 niños. En Irán, las autoridades han dejado de contar cadáveres, aunque la ONG humanitaria HRANA, con sede en EE UU, eleva a más de 3.500 la cifra de muertos, entre ellos 240 menores, y fuentes médicas citadas por Reuters registran más de 7.000 víctimas mortales. Pero Israel es un país con alertas a móviles, sirenas antiaéreas que se activan en las ciudades y un sistema de defensa antimisiles que el ejército dice que supera el 90% de efectividad en las interceptaciones.

¿Qué pudo ocurrir en el barrio de jubilados del monte Carmelo de Haifa? El misil balístico fue detectado en su trayectoria, y los vecinos recibieron una alerta de máxima emergencia en el móvil. Luego comenzaron a ulular las sirenas para anunciar la inminencia de un posible bombardeo. Todos los testimonios recogidos sobre el terreno coinciden en que hubo aviso previo con antelación. Pero el proyectil penetró a través de las distintas capas del sistema de defensa antimisiles.

El portal informativo digital The Times of Israel cita fuentes militares que apuntan a que el misil se partió antes de impactar, y que por ello no llegó a estallar. Los portavoces castrenses aseguran que se está investigando si hubo fallos en el sistema de interceptación

No es la primera vez que los israelíes se preguntan si el ejército cuenta con suficientes medios para proteger a los más de 10 millones de israelíes concentrados en la zona central y costera de un país de limitado tamaño. Hace poco, el fracaso en interceptar dos misiles seguidos generó preocupación en la opinión pública.

El ejército acabó reconociendo que no eran misiles especiales de última generación, sino que intentó derribarlos con una versión modificada de un sistema más barato y accesible (Honda de David, de medio alcance), en vez del Arrow 3 (largo alcance), originalmente diseñado para disparos balísticos lanzados de 2.000 kilómetros.

Este mismo lunes, el Gobierno ha anunciado que va a incrementar la fabricación de los sistemas Arrow para afrontar la amenaza iraní. Cada interceptor del sistema Arrow cuesta entre 1,7 millones y 3,4 millones de euros. El del escudo Honda de David, en torno a un millón.

¿Y por qué la familia sepultada entre los escombros decidió proseguir con la cena de la semana de la Pascua judía en lugar de acudir al refugio? Tras cerca de mes y medio de hostilidades, los israelíes parecen haberse habituado a las alertas a móviles, la mayor de las cuales se desactivan a los pocos minutos. Tampoco hay refugios antibomba para todos.

Según los datos de enero de 2025 del Controlador del Estado (equivalente al Defensor del Pueblo israelí), aproximadamente un tercio (unos 3,2 millones) de la población del país, sobre todo la árabe, carece de espacios de protección adecuados, públicos o privados. En Haifa, sus 280.000 habitantes dependen sobre todos de los refugios públicos. El edificio que recibió el impacto contaba con un refugio comunitario. Y algunos vecinos dijeron a la agencia Efe que habían construido una habitación segura con hormigón armado en el interior de su piso.

En el escenario del impacto directo, el bosque mediterráneo, el mar lejano y un cielo tormentoso componían en la tarde de este lunes un cuadro fúnebre para una guerra que vuelve a convulsionar Oriente Próximo.

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