Irán golpea las infraestructuras críticas de los países del Golfo en respuesta al ultimátum de Trump
La contención de las petromonarquías, que evitan lanzar ataques de represalia, refuerza a Teherán como potencia regional tras más de cinco semanas de guerra


Aliados estratégicos de Estados Unidos, de quien dependen para su seguridad, y con lazos más o menos estrechos con Israel, los países del golfo Pérsico sufren cada día en primera línea de frente las consecuencias de una guerra en la que no quieren verse implicados. Horas después de que el presidente Donald Trump reiterase su ultimátum al régimen de Teherán para reabrir el estrecho de Ormuz y alcanzar un acuerdo, la Corporación de Petróleos de Kuwait confirmó el domingo que un ataque de drones había desatado incendios en sus instalaciones. La compañía bareiní Gulf Petrochemical Industries informó también de los daños causados por una incursión de aviones no tripulados iraníes. Emiratos Árabes Unidos dio cuenta también de los ataques sufridos en el complejo petroquímico de Borouge, mientras que en Kuwait dos plantas desalinizadoras de agua fueron también afectadas por los bombardeos con drones.
El silencio impuesto por las autoridades trata de ocultar el alcance de los ataques iraníes, aunque medios como el diario árabe Asharq al Awsat, editado en Londres, informa de que los drones iraníes han destruido infraestructuras críticas en el Golfo y causado víctimas personales y daños materiales. En Abu Dabi, un trabajador egipcio perdió la vida y otros dos operarios extranjeros resultaron heridos el sábado.
Desde el inicio del conflicto, hace ya más de cinco semanas, Teherán ha lanzado más de 5.000 misiles y drones en dirección a los países del Golfo, en los que han muerto una treintena de personas y se han registrado cerca de 300 heridos. Solo Emiratos Árabes reconoce que ha sido atacado por 475 misiles balísticos, 23 misiles de crucero y más de 2.000 drones. “A pesar de la escalada bélica, los países del Consejo de Cooperación del Golfo han mostrado contención de forma unánime y han evitado responder con represalias directas”, precisa el analista Nayef el Nabet, en la web del Gulf International Forum, instituto de estudios con sede en Washington. “Arabia Saudí ha advertido de que todas las opciones militares están sobre la mesa si la contienda sigue escalando, pero los países del Golfo apuestan por la contención como vía para acelerar la resolución del conflicto”, señala El Nabet.
No todos los Estados de la región calibran del mismo modo la respuesta frente a los ataques de Irán. Emiratos y Baréin, que normalizaron las relaciones diplomáticas con Israel en 2020, a raíz de los Acuerdos de Abraham apadrinados por Trump al final de su primer mandato presidencial, parecen mostrarse partidarios del enfrentamiento con Teherán. Pero Omán y Qatar, que han mediado anteriormente entre Irán y Estados Unidos, se inclinan por una salida diplomática.
Tras el bloqueo del estrecho de Ormuz, las petromonarquías coinciden, sin embargo, en la necesidad de buscar rutas alternativas para la exportación de hidrocarburos mediante ductos que enlacen directamente con el mar Rojo y el Mediterráneo para sortear el estrecho controlado por Irán. Mientras fraguan esos proyectos a medio y largo plazo, las plantas de producción de energía y desaladoras de los países del Golfo siguen siendo el punto débil donde Teherán golpea a Estados Unidos e Israel en el bajo vientre de sus aliados.
El bombardeo sufrido este domingo por Kuwait ha sido el más grave contra infraestructuras civiles desde el inicio de la guerra, según ha informado Al Jazeera. El 90% del suministro de agua potable de este país del Golfo depende de las instalaciones atacadas. Los seis Estados árabes del Golfo —Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Baréin, Kuwait y Omán— cuentan con más de 400 plantas que producen casi el 50% del agua desalinizada del mundo, pese a representar menos del 1% de la población. Ocho de las 10 mayores plantas del planeta están en esta región.
“Existe una gran preocupación en la región ante la reacción de Teherán contra infraestructuras críticas si EE UU e Israel cumplen su amenaza de lanzar ataques a gran escala contra Irán”, precisa el canal panárabe Al Jazeera, con sede en Qatar. A pesar de que las autoridades iraníes insisten en que solo lanzan incursiones contra bases militares e intereses estadounidenses —como los de las empresas Amazon y Oracle— en la región, los daños causados en instalaciones civiles se suceden a diario en el Golfo.
Los ataques iraníes han causado víctimas y han destruido instalaciones industriales y servicios públicos. Pero según Daniel Byman, analista del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington, sobre todo “han empañado la imagen de oasis de calma en una región turbulenta” que había atraído a inversores extranjeros y empleados expatriados. Aeropuertos, hoteles y zonas residenciales también han sufrido daños. Por ahora, han elegido no responder a los bombardeos, a pesar de contar con armamento moderno occidental y con el apoyo de la inteligencia militar estadounidense e israelí.
Vulnerabilidad y cálculos estratégicos
Muestra de vulnerabilidad ante la consolidación de la República Islámica como potencia regional o cálculo estratégico para sobrevivir a un conflicto que sufren sin haberlo desencadenado, los países del Golfo nadan entre dos aguas y tratan de capear el temporal que vuelve a agitar unas aguas con frecuencia turbulentas. La presión de Teherán les puede empujar también a actuar unidos y a formar una coalición —una OTAN de países musulmanes suníes a escala regional— que pueda hacer frente a la amenaza de la hegemonía militar del Irán de base religiosa chií.
Desde Israel, el columnista Avi Issacharoff, experto en asuntos del mundo islámico, sostiene que el régimen de Teherán “ha dado muestras de haberse recuperado y de sobrevivir [tras el ataque inicial de Estados Unidos e Israel]”. También conocido como guionista de la popular serie Fauda, emitida por Netflix, Issacharoff destaca en el diario Yediot Aharonot que Irán sigue disparando misiles contra Israel, en coordinación con Hezbolá desde Líbano, además de forzar el bloqueo de la navegación comercial en el estrecho de Ormuz. Y también mantiene entre misiles o drones y la pared a los países del Golfo.
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