Los ataques de Irán amenazan el sueño de modernización de los países árabes del Golfo
La ambiciosa diversificación económica de la región hacia sectores no petroleros como el turismo, las finanzas y el deporte depende de una promesa de seguridad en peligro


Durante años, la ostentosa ciudad de Dubái, meca de los negocios y del turismo de Oriente Próximo, se había proyectado al mundo como un oasis de ensueño. Expatriados e influencers europeos, estrellas estadounidenses, empresarios chinos, oligarcas rusos y grandes fortunas africanas confluían en una ciudad-emirato que se perfilaba como un edén de bajos impuestos, poca regulación, infraestructuras de primer nivel, sol y lujo, y una promesa sutil: seguridad.
Esta refinada burbuja, sin embargo, ha quedado resquebrajada desde el sábado, cuando Irán respondió a la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica con misiles y drones dirigidos a sus vecinos del Golfo Pérsico, incluido Emiratos Árabes Unidos. En una semana, iconos de Dubái como su palmera de islas artificiales, el exclusivo hotel con forma de vela y el rascacielos más alto del mundo, el Burj Khalifa, han estado en la diana de Irán.

“Los ataques de Irán en los últimos días han golpeado el corazón de la economía de Dubái”, constata Jason Tuvey, jefe adjunto para mercados emergentes en la firma de investigación económica Capital Economics. “A más largo plazo, el conflicto podría desafiar el atractivo de la ciudad como destino para turistas, trabajadores expatriados y empresas”, considera el economista, que nota que “por supuesto, todavía existe una gran incertidumbre al respecto”.
Emiratos ha sido el país del Golfo más atacado por Irán, según la organización de monitoreo de conflictos ACLED, pero los cimientos económicos del resto también han sido golpeados: la planta con la mayor refinería de crudo en Arabia Saudí, la principal terminal de exportación de gas natural licuado en Qatar, un estratégico puerto en Omán, un popular hotel de Manama en Baréin y el aeropuerto internacional en Kuwait han sido todos blanco militar de Teherán.
Para los países de la región, sobre todo Emiratos, pero también Arabia Saudí, Baréin o Qatar, estos ataques representan un enorme revés porque agrietan la percepción y la reputación de seguridad y estabilidad sobre la que han basado sus ambiciosos planes de diversificación económica más allá del petróleo y del gas. Sin poder garantizar esta protección, sus apuestas por actividades como el turismo, las finanzas, la cultura o el deporte están amenazadas.
En Emiratos, los sectores que no están vinculados a los hidrocarburos, como el comercio, el transporte y las finanzas, representan tres cuartas partes de una economía nacional cada vez más diversificada. Dubái, en concreto, depende casi totalmente de actividades no petroleras, incluido el turismo y los inmuebles de lujo. Arabia Saudí también ha hecho una apuesta sólida para diversificar su economía y expandir sectores como el turismo, la tecnología y el deporte.
Conscientes de su vulnerabilidad, y pese al recelo que les pudiera generar Irán y su agresiva política regional, en los últimos años casi todos los países árabes del Golfo se inclinaron por cultivar ciertos lazos con Teherán. En las semanas previas a la ofensiva de Estados Unidos e Israel, los estados de la región, junto con Egipto y Turquía, también redoblaron sus esfuerzos diplomáticos para evitar un ataque que ya temían que les podría arrastrar a ellos al conflicto.
Más allá del impacto reputacional, la mayoría de analistas coincide en que, a corto plazo, los países del Golfo tienen unos fundamentos sólidos para absorber la crisis, e incluso se podrían beneficiar del aumento del precio del petróleo y del gas si pueden seguir exportando. A largo plazo, en cambio, el principal factor que se considera que determinará la magnitud del daño que acarree la guerra para sus economías será el alcance y la duración que tenga el conflicto.
Los ataques iraníes también han hecho aflorar la dependencia de trabajadores migrantes en el Golfo, que representan entre el 76 y el 95% de su fuerza laboral. Omán y Arabia Saudí son los únicos dos países con más población nacional que extranjera, que en Emiratos y en Qatar acaricia el 90%. En Emiratos, los tres primeros muertos en ataques de Irán eran trabajadores de Pakistán, Nepal y Bangladesh, y entre los heridos hay egipcios, etíopes, filipinos e indios.
Ejército de ‘influencers’
Para tratar de contener el golpe, los dirigentes emiratíes no solo se han centrado en defender militarmente el país, sino también su imagen. El sábado, el gobernante de Dubái, Mohamed bin Rashid, asistió a una popular carrera de caballos, y al siguiente el presidente de Emiratos, Mohamed bin Zayed, paseó por un centro comercial de Dubái mientras, en Abu Dabi, el vicepresidente Mansur bin Zayed rompía el ayuno de Ramadán en una recepción al aire libre.
Para esta estrategia de contención de daños, las autoridades de Emiratos han contado con un bien nutrido ejército de influencers. En los últimos días, una de las tendencias más virales en redes ha sido vídeos breves con una foto propia y una pregunta: “Vives en Dubái, ¿no tienes miedo?”. La imagen se corta rápido, en seco, y da paso a una cámara lenta de gobernantes emiratíes en posado serio, música épica y un patriótico “No, porque sé quién nos protege”.
Como parte de este control reputacional, las autoridades de varios países del Golfo también han advertido de las consecuencias legales de difundir información de los ataques iraníes. En Baréin, al menos dos personas han sido ya arrestadas, y Emiratos tiene una de las leyes más estrictas del mundo, que contempla detenciones y fuertes multas por publicaciones que las autoridades puedan considerar perjudiciales para el orden público o la reputación del Estado.
Los gobiernos de la región son conscientes de que hay mucho en juego. “A largo plazo, el conflicto representa una amenaza para los esfuerzos de diversificación en el Golfo”, desliza Turvey, de Capital Economics, porque “estos países han citado con frecuencia su estabilidad política y seguridad como un atractivo clave para los trabajadores y empresas expatriadas”.
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