Irán bombardea infraestructuras de Arabia Saudí y Qatar y abre un frente directo con los países del Golfo
Los ataques a una refinería saudí y a una planta de gas licuado catarí disparan el precio de los hidrocarburos en el mercado europeo

La República Islámica de Irán, que en los días previos a la ofensiva que amenaza su supervivencia aseguró que limitaría su respuesta a ataques contra Israel y bases militares estadounidenses en la región, ha escalado su respuesta al bombardear instalaciones energéticas y objetivos civiles. Lejos de ser ya incidentes puntuales, las fuerzas iraníes han atacado este lunes una refinería petrolífera en Arabia Saudí y una planta de gas licuado en Qatar. En los dos días previos, Irán ya había apuntado contra numerosos aeropuertos, puertos y hoteles en los países del Golfo, socavando la imagen de estos lugares percibidos como seguros, de recreo e inversión por las clases acaudaladas de todo el mundo.
Estas agresiones han recrudecido el tono de los Gobiernos atacados y han sacudido los mercados energéticos. Lo hacen en el tercer día desde que los gobiernos del presidente estadounidense, Donald Trump, y del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, abrieran una guerra con Irán donde se cuentan ya más de 550 muertos. Las bombas trazan trayectorias cada vez más diversas sobre el mapa de Oriente Próximo, después de que Hezbolá, la mayor de las milicias proiraníes, haya entrado en la contienda al abrir fuego este lunes contra Israel. El ejército israelí ha respondido con fuerza, golpeando todas las zonas de Líbano donde la organización está presente, causando 52 víctimas mortales según datos del Ministerio de Salud libanés.
El ministro de Exteriores de Irak, el kurdo Fuad Hussein, ha lamentado que su país —al igual que millones de ciudadanos en la región— se encuentre impotente entre el fuego cruzado. “Irán continúa bombardeando la región del Kurdistán [iraquí], especialmente Erbil, mientras el bando opuesto [obviando nombrar a EE UU e Israel] ataca objetivos [de milicias iraquíes proiraníes] en el sur y en el oeste de Irak”, ha declarado.
A la queja iraquí, se ha sumado el ministro de Defensa de Arabia Saudí, quien ha denunciado en un comunicado que dos aviones no tripulados “intentaron atacar” la refinería de Ras Tanura, ubicada en la costa este del país. Se trata de una de las mayores instalaciones para el procesamiento de crudo en el mundo, y piedra angular del sector energético saudí. El “pequeño” incendio al que hace referencia la nota tras la interceptación de los proyectiles contrasta con las imágenes que han circulado en las redes sociales —verificadas por la agencia Reuters— que muestran la evacuación de los trabajadores y enormes columnas de humo que se levantan en distintos puntos de la planta.
Por su parte, el Ministerio de Defensa de Qatar ha informado sobre dos ataques: uno contra “una instalación energética en la Ciudad Industrial Ras Lafan”, perteneciente a la empresa estatal QatarEnergy, y un segundo contra una planta eléctrica. Según el comunicado de las autoridades cataríes —y tercer exportador mundial de gas licuado—, los ataques no han provocado víctimas mortales, mientras que “los daños y las pérdidas” económicas aún deben ser evaluados. Sí han provocado, en cambio, un encarecimiento del gas del 45% en el mercado europeo, hasta los 46 euros por megavatio hora, sometiendo además al mercado a una gran volatilidad.
Más ataques en el estrecho de Ormuz
La Guardia Revolucionaria iraní anunció el lunes un nuevo ataque contra embarcaciones petrolíferas en las aguas del estrecho de Ormuz, por el que transita diariamente el 20% del oro negro mundial. Informaciones de agencias iraníes recogidas por Reuters señalan un incendio en una nave tras ser golpeada por dos drones. Esos reportes, que no precisan la autoría de la agresión, apuntan a que el objetivo fue una embarcación con bandera de Honduras acusada de estar vinculada con EE UU.
Teherán ya había anunciado ataques similares en el estrecho en los días anteriores, y ruta estratégica para el suministro mundial de crudo al conectar los mayores productores de petróleo—Arabia Saudí, Irán, Irak, Emiratos e Irán— con el Golfo de Omán y el Mar Arábigo. Algo que se ha visto truncado desde el sábado con el estallido de la guerra en la región y las amenazas de Teherán, cuyo dominio geográfico sobre este canal a orillas del sur iraní otorga una importante capacidad de influencia sobre asuntos globales. La inseguridad ha provocado que cada vez menos barcos se aventuren a pasar por ese embudo. Las autoridades iraníes han declarado que dan por cerrado el estrecho de Ormuz, que en la historia moderna ha sufrido numerosas amenazas sin llegar a ser totalmente clausurado.
Irán no solo ha puesto la mirilla sobre los recursos energéticos. Fuentes del ministerio de Exteriores catarí han afirmado el lunes en declaraciones a la CNN que han interceptado ataques contra un aeropuerto internacional. El portavoz de ese ministerio, Majed al Ansari, conocido por su papel conciliador en las mediaciones que Doha impulsa para dirimir conflictos en la región, se ha desmarcado de su tono habitual: ha asegurado que el contacto con Teherán es por el momento inexistente y que esos ataques no pueden quedar sin respuesta.
El antiguo primer ministro catarí, Hamad bin Jassim bin Jaber al Thani, ha acudido a las redes sociales para alertar contra un choque entre los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) después de que todos los estados miembros —Arabia Saudí, Emiratos, Qatar, Kuwait, Omán y Baréin— hayan sido bombardeados desde el sábado por otro de sus integrantes, Irán. Tanto unos como otros “agotarían sus recursos” dando una oportunidad para que “otras fuerzas nos controlen con el pretexto de ayudarnos a escapar de la crisis”, ha advertido al Thani.
El desplazamiento gradual de los ataques iraníes hacia objetivos civiles comenzó con el bombardeo de hoteles de lujo, rascacielos y puertos en varias monarquías del Golfo, que han causado —junto con los otros países atacados sin contar Israel, Irán y Líbano— una decena de víctimas mortales. Las agencias de noticias estatales de Irán han cubierto con frecuencia la ofensiva de las fuerzas armadas nacionales como si se limitara a objetivos militares. El sábado, en declaraciones a la cadena catarí Al Jazeera, el ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, aseguró que “lo que pasó en Omán”, en referencia a un ataque iraní contra el puerto de Duqm, “no fue nuestra elección”.
A pesar de esas palabras en tono de disculpa, el diplomático terminó la declaración con un mensaje inquietante para sus Estados vecinos, al asegurar que “las unidades militares [del ejército iraní] actúan ahora de forma independiente y están en cierta manera aisladas”. Esas unidades, precisó, “actúan en base a instrucciones que han recibido por adelantado”.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































