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Estados Unidos redobla su presencia militar en el Golfo y envía miles de ‘marines’

Media docena de barcos de guerra y unos 5.000 infantes de Marina llegarán a las aguas de Oriente Próximo después de que Netanyahu sugiriese la necesidad de algún tipo de operación terrestre

Donald Trump sostiene un casco y un balón durante la entrega del Trofeo del Comandante en Jefe, rodeado del equipo de fútbol americano de los cadetes de la Marina, en la Casa Blanca este viernes.Julia Demaree Nikhinson (AP)

Estados Unidos ya libra la batalla por el control del estratégico estrecho de Ormuz y para permitir el tráfico marítimo por ese paso clave para el tránsito mundial de petróleo. Un grupo de buques anfibios y una unidad expedicionaria de infantes de Marina (entre 2.200 y 2.500 soldados) va a zarpar desde California hacia la zona, mientras un contingente similar, de tres barcos anfibios y otra unidad de infantes de Marina, está a punto de llegar procedente del Pacífico. A la espera de su llegada, los aviones estadounidenses han intensificado los bombardeos de las posiciones militares en las islas y costas iraníes en la zona, para impedir que Teherán pueda responder con sus misiles.

El control de Ormuz —el as, el comodín y la escalera de color con que cuenta Irán en esta guerra— es la clave para decidir el ganador del conflicto que, tres semanas después de empezarlo, Donald Trump sigue prometiendo que concluirá “pronto” y que sostiene que está “yendo extraordinariamente bien”. Pero Irán no da señales de aflojar. Sus minas, misiles y drones mantienen a efectos prácticos cerrado el estrecho —con la salvedad de un corredor para un puñado de barcos de países no enemigos—, algo que ha disparado los precios del petróleo y amenaza con desestabilizar la economía global. Por ese paso cruzan el 20% del petróleo y gas mundiales, el 30% del helio y el 33% de los fertilizantes.

Aviones de guerra y helicópteros de ataque intensificaban este viernes los bombardeos contra los drones y los barcos iraníes, en un intento de despejar el crucial paso marítimo. El jueves, el general Dan Caine reveló en una rueda de prensa que los aeroplanos A-10 Warthog “cazan y destruyen” las embarcaciones en esas aguas de la Guardia Revolucionaria, puntal armado del régimen iraní.

El mando militar de Estados Unidos ya difundió un mensaje el martes día 17 en el que informó de un detalle que, en el fragor de la batalla, pasó algo desapercibido: había utilizado varias bombas de dos toneladas y media contra “emplazamientos de misiles iraníes reforzados a lo largo de la costa de Irán”. El objetivo, dijo, era proteger el transporte marítimo en el estrecho de Ormuz de posibles ataques. Eran bombas de precisión antibúnker GBU-72, similares a las que utilizó la aviación israelí para matar en septiembre de 2024 al líder de Hezbolá, Hasan Nasralá. Esas dos toneladas y media de artefacto son buena muestra de la magnitud de la misión para limpiar la costa iraní de lanzaderas de misiles ante una posible operación de desembarco de marines estadounidenses.

A esa zona se dirige ya el grupo de tres buques anfibios encabezado por el USS Tripoli, y al que acompaña la 31 Unidad Expedicionaria de la Infantería de Marina, procedente del Pacífico. A este contingente, dotado con helicópteros y drones, se sumará también desde California el grupo anfibio encabezado por el USS Boxer y la 11 Unidad Expedicionaria de la Infantería de Marina. La partida de este último grupo se ha dado a conocer después de que el jueves Trump asegurase que no se planteaba enviar más tropas a “ningún sitio”. Pero también puntualizaba que “si lo hiciera, no lo diría”.

No está claro aún, o los planificadores militares estadounidenses no han decidido todavía, cuál será la misión precisa de estos millares de soldados y media docena de barcos de refuerzo. Pero el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que también el jueves prometía no atacar más infraestructuras petroleras iraníes, sugirió la necesidad de algún tipo de operación terrestre. “No se puede hacer una revolución desde el aire (...) tiene que haber también un componente terrestre”, para el que existen “muchas posibilidades”, manifestó el jefe de Gobierno en una rueda de prensa en Jerusalén.

En hebreo, Netanyahu dijo que la guerra durará “lo que resulte necesario” y, en inglés, que “terminará mucho antes de lo que la gente piensa”.

Mick Mulroy, antiguo subsecretario adjunto de Defensa para Oriente Próximo, opina que esos refuerzos desempeñarán un papel clave. “Se van a utilizar. No te los traes desde el Pacífico (dejando esa región más expuesta) solo para enseñarlos. Y para poder utilizarlos, ahora los aviones y barcos están degradando las capacidades iraníes en la zona”, explica.

Las opciones que se barajan como misión para estas tropas adicionales son, quizá, el desembarco en las islas iraníes del estrecho de Ormuz para bloquear el lanzamiento de proyectiles desde allí o la salida de embarcaciones que puedan colocar minas en las aguas o en los barcos que las atraviesen.

Una isla estratégica

Otra posible opción sería tomar la isla estratégica de Jarg, la gran terminal petrolera de Irán e importante núcleo militar de ese país. El pasado día 13, Estados Unidos ya atacó casi un centenar de objetivos militares de la isla, a unos 700 kilómetros al norte del paso de Ormuz.

“Las unidades expedicionarias tienen la capacidad de tomarla, pero eso no quiere decir que vaya a ser algo fácil o que vayan a tener éxito”, opina Mullroy. “Pueden tomar la isla y hacerse con el control de la infraestructura allí”, apunta. Pero, en ese caso, “el problema es que una vez que las fuerzas estadounidenses se quedan allí, van a ser muy vulnerables” a los ataques iraníes. Otro riesgo es que, incluso tomando ese terreno estratégico, Irán mantenga cerrado el estrecho. “Hay una solución militar a Ormuz, pero no es fácil, y va a estar cargada de posibles riesgos políticos”, apunta, en una charla organizada por el Middle East Institute en Washington.

Desde el inicio de los bombardeos de Estados Unidos e Israel el pasado 28 de febrero, el potente aparato balístico de Irán ha sido objetivo prioritario de los ataques. Eliminarlo es uno de los tres objetivos de la campaña marcados por Israel, junto con el programa nuclear y “crear las condiciones” para un derrocamiento del régimen. Netanyahu aseguró este jueves por primera vez que Teherán ya carece de capacidad para producir nuevos. Analistas militares israelíes calculan que, si es cierto, Irán habrá agotado sus reservas en un mes, al ritmo actual de disparos.

La República Islámica no solo lo ha negado, sino que ha subido la apuesta. Las sirenas antiaéreas han sonado este viernes cada pocas horas en distintas partes de Israel, con hasta ocho andanadas de misiles desde la medianoche, en un claro aumento de la intensidad.

El conteo diario de las hostilidades del israelí Instituto de Estudios de Seguridad Nacional cifra en 700 los ataques israelíes contra el aparato de misiles balísticos iraníes desde el primer día del actual conflicto. Muchas de las lanzaderas, algunas bajo tierra a muchos metros de profundidad, como la golpeada por las GBU-72, otras cubiertas simplemente de tierra o montadas en los remolques de camiones, se disponen a lo largo del litoral iraní, frente a las aguas del Golfo.

Cualquier presencia enemiga, agua arriba, agua abajo, tiene como principal amenaza la posible llegada de misiles de posiciones muy cercanas —la corta distancia condiciona la respuesta de las defensas antimisiles—. A esto se añade el uso de embarcaciones rápidas por parte de la Guardia Revolucionaria, armadas con lanzamisiles y ametralladoras.

Hace cuatro años, el general estadounidense al frente de este Centcom, Kenneth Mckenzie, cifró en alrededor de 3.000 los misiles balísticos en poder de Irán (un número que no incluía los proyectiles de crucero). Se estima que, tras la confrontación de 12 días mantenida el pasado junio, ese arsenal se redujo hasta unos 2.500. Un portavoz militar israelí señaló esta semana que los bombardeos han dañado o destruido la mayoría de las lanzaderas desde el 28 de febrero. El ejército calcula que Irán cuenta aún con más de 150 activas, de un máximo de 440 operativas antes de la guerra.

Capacidad de misiles

Las fuerzas armadas iraníes han lanzado durante la guerra 365 misiles balísticos contra Israel. Han reducido la frecuencia (salvo el pico de este viernes), en un aparente racionamiento con vistas a una guerra larga de desgaste, pero mantienen aún otro millar, una amenaza sin duda para los vecinos de la región y para cualquier tránsito hacia o desde el estrecho de Ormuz. Teherán sostiene que ha elevado la producción balística desde el pasado junio y que ha utilizado misiles que fabricó hace una década.

La República Islámica cuenta además con otras ventajas. “Aun con capacidades mermadas, Irán conserva ventajas asimétricas clave: su geografía (especialmente en torno al estrecho de Ormuz), un arsenal de misiles y drones aún operativo y una red de socios regionales. Esto incluye también la posible activación de puntos de presión marítimos secundarios. Los hutíes, por ejemplo, podrían intensificar sus operaciones en el estrecho de Bab el Mandeb y el mar Rojo”, apunta Hamidreza Azizi, experto del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad.

Este analista considera que en caso de un despliegue militar estadounidense, “Irán probablemente optaría por una estrategia de resistencia prolongada en lugar de la defensa directa del territorio”. “Su doctrina prevé enfrentarse a una fuerza invasora tecnológicamente superior”, continúa Azizi, “y se centra en el desgaste, la dispersión y el aumento progresivo del coste de la presencia militar”.

Para el régimen teocrático se trata de una cuestión existencial: está en juego su supervivencia, según recuerdan los especialistas. “Incluso en un contexto de insatisfacción subyacente, la entrada de tropas extranjeras en territorio iraní probablemente produciría cierto grado de movilización nacionalista y un efecto de unidad nacional, fortaleciendo la posición del aparato de seguridad”, opina Azizi.

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