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“Hasta que no lo ves, no te das cuenta de lo aterrador que es”: los iraníes temen un recrudecimiento de la guerra

Las declaraciones de Trump sobre la apertura de un diálogo provocan reacciones diversas en la población de Irán, entre el temor, la esperanza y la incertidumbre

Funeral por las víctimas de un bombardeo, este jueves en el cementerio de Behesht Zahra, al sur de Teherán.ABEDIN TAHERKENAREH (EFE)

El pasado lunes, Donald Trump anunció negociaciones con Irán y, al mismo tiempo, dejó en suspenso el ultimátum con el que había amenazado con atacar plantas eléctricas e infraestructura clave si no se reabría el estrecho de Ormuz. La noticia generó en la República Islámica una mezcla de escepticismo y cautela entre los analistas y la opinión pública.

Las experiencias previas llevan a muchos iraníes a temer un aumento de los enfrentamientos militares. Hamid, enfermero y residente en Teherán, comenta: “La vez pasada Trump también dijo que estaban negociando y que la República Islámica buscaba un acuerdo”. Él interpreta que “[los estadounidenses] quieren ganar tiempo y prepararse para más ataques”.

Sasan, arquitecto y residente en Teherán, cuestiona las condiciones planteadas por Estados Unidos, como el desmantelamiento de los sitios nucleares iraníes y la reapertura del estrecho de Ormuz. Con ironía, se pregunta: “Si ceden, ¿cómo responderán ante sus seguidores más radicales?”; y vaticina que “la obstinación del régimen islámico en sus posturas probablemente intensificará el conflicto”.

Seyed Hossein Mousavian, exembajador de Irán en Alemania y antiguo negociador nuclear, comparte el pesimismo de la opinión pública y califica las declaraciones de Trump sobre posibles negociaciones como “un gran engaño”. Mousavian advierte además sobre “una operación masiva y decisiva contra Irán en la región del golfo Pérsico” que, según el experto, podría ejecutarse “en los próximos días”.

Shahin Modarres, analista de seguridad internacional radicado en Roma, señaló en X que “Estados Unidos no arriesga demasiado al mostrar disposición para una nueva ronda de negociaciones, ya sea para estabilizar los mercados energéticos, generar fisuras en el Gobierno iraní o ganar tiempo para una eventual acción militar”. Modarres añade que, “en ausencia de Ali Jameneí, las posibilidades de alcanzar un acuerdo se han incrementado”, aunque no descarta los obstáculos aún existentes.

Guerra contra Irán

Una parte de la sociedad iraní, directamente afectada por la guerra, clama sobre todo por el fin inmediato de los enfrentamientos. Nasrin, estudiante de arquitectura, ofrece un relato vívido y conmovedor de la realidad sobre el terreno. Presente en Teherán al inicio de los ataques, afirma: “Hasta que no lo ves con tus propios ojos, no te das cuenta de lo aterrador que es”. Aunque mantiene el escepticismo respecto a las negociaciones, subraya: “Cuanto antes termine la guerra, mejor”.

El bombardeo que presenció fue devastador: “Mi prometido y yo, cerca de la Plaza Shohada, estuvimos a punto de morir. En un abrir y cerrar de ojos, todo se vino abajo… La gente común fue lanzada por los aires y un coche quedó sepultado bajo los escombros", cuenta. Nasrin, ahora estudiante de arquitectura en España tras haber cruzado la frontera con Turquía, asegura que esa escena no se borrará de su memoria, y espera que, “de alguna manera”, esta guerra termine.

Mientras tanto, las severas restricciones informativas han añadido complejidad a la situación. El sistema de seguridad y comunicaciones de Irán, como en episodios anteriores, ha limitado el acceso libre de los ciudadanos a las noticias mediante cortes de internet y control estricto del flujo de información. Por ello, relatos como el de Nasrin, del 16 de marzo, solo ahora pueden difundirse, ofreciendo apenas un fragmento de la realidad sobre el terreno; una realidad que podría revelarse con mayor amplitud una vez se restablezca por completo la conectividad.

En estas condiciones, los ciudadanos se ven obligados a recurrir a costosas redes privadas virtuales (VPN, por sus siglas en inglés), que en muchos casos solo permiten el envío de mensajes de texto, o a conexiones clandestinas a terminales de Starlink para comunicarse con el exterior.

En este clima de incertidumbre, Sara, empleada bancaria en Teherán, se refiere a la promesa de Donald Trump de que “la ayuda está en camino” y observa con desilusión: “Algunos pensaban que al menos una parte de estos ataques tendría como objetivo ayudar al pueblo iraní, pero en los términos del acuerdo no hay nada sobre nosotros”. Farid, contable en Isfahán, resume otro sentimiento extendido: “La ideología del régimen islámico no desaparece con la firma de ningún acuerdo”, remarca, y subraya que “el pueblo finalmente debe acabar con el régimen”. Sara insiste en que Trump comete un error al proyectar sobre Irán un esquema parecido al de Venezuela. “Irán no es Venezuela”.

Este tipo de críticas refleja una inquietud más amplia: muchos iraníes, más allá de la veracidad o no de los intercambios diplomáticos, expresan profunda insatisfacción por la ausencia de mecanismos que incorporen demandas populares sobre derechos humanos y la liberación de presos políticos en cualquier eventual acuerdo.

Por otra parte, activistas y ciudadanos como Sheida, diseñadora gráfica residente en Andisheh, a 35 kilómetros al suroeste de la capital, temen que un posible acuerdo consolide el statu quo. “En los últimos meses, mucha gente [manifestantes] fue asesinada para que el régimen cambiara”, recuerda, señalando que “muchos están en prisión y algunos incluso enfrentan la pena de muerte". “Otros ya han sido ejecutados”, recuerda. Para Sheida, pactar con el régimen islámico en el contexto actual equivaldría a “dar la espalda al pueblo” y sería algo “imperdonable”. Farid, por su parte, teme que cualquier acuerdo pueda resultar en la supervivencia de “un régimen islámico herido” que “ha cruzado todas las líneas rojas”.

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