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De Bruselas a Berlín, el muro contra la extrema derecha se resquebraja entre los conservadores alemanes

La revelación de una cooperación más estructurada del Partido Popular Europeo con las fuerzas ultras como AfD de lo que se admitía hasta ahora vuelve a plantear la validez del cordón sanitario

El presidente del PPE, Manfred Weber, y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en la celebración del 50 aniversario de la formación europea conservadora, el 18 de marzo en Bruselas.DPA vía Europa Press (DPA vía Europa Press)

La Eurocámara celebra desde este miércoles un pleno en Bruselas marcado por la tensión tras la revelación de la existencia de un grupo de WhatsApp que confirma una colaboración más estrecha —y estructurada— de lo hasta ahora conocido del Partido Popular Europeo (PPE) con las fuerzas más a la derecha del hemiciclo, incluida Alternativa para Alemania (AfD), tabú para Berlín. La votación sobre el reglamento de retornos, que incluye la creación de centros de deportación de migrantes fuera de la UE, prevista para este jueves, estará especialmente en el punto de mira, ya que ha sido el proceso negociador de ese texto el que ha expuesto la coordinación de los conservadores con las fuerzas ultras para endurecer el contenido.

El PPE, la formación más fuerte del hemiciclo, pero que necesita apoyos para sacar adelante sus iniciativas, está más que nunca ante una disyuntiva: o se compromete de una vez a mantener estrictamente el cordón sanitario contra los partidos más ultras, que siguen ganando fuerza en todo el continente, como le han pedido abiertamente figuras clave del propio grupo conservador, incluido el canciller Friedrich Merz, o continúa jugando al peligroso doble juego cortoplacista de aliarse con las fuerzas a su derecha cuando sus aliados proeuropeos no le dan lo que quiere.

Que el PPE se organiza más de lo que admite con los grupos ultras para lograr mayorías era un secreto a voces en Bruselas, coinciden fuentes parlamentarias de todo el arco político. Y lo de que su presidente, el alemán Manfred Weber, no conocía la existencia de los chats revelados por la agencia alemana dpa y confirmados y reivindicados tanto por el organizador de estas comunicaciones, el eurodiputado del partido ultra Demócratas de Suecia Charlie Weimers, como por la eurodiputada de AfD Mary Khan, “no se lo cree ni su abuela”, ironiza otra fuente conocedora de los trasiegos legislativos.

Al fin y al cabo, la situación se viene repitiendo y denunciando desde que en las elecciones europeas de 2024 la extrema derecha se fortaleció. Las tres familias que la agrupan —los Conservadores y Reformistas (ECR) de Giorgia Meloni; los Patriotas por Europa de Vox, Reagrupamiento Nacional o el Fidesz de Viktor Orbán; así como los Soberanistas (ESN) de AfD— suman suficientes votos como para inclinar la balanza junto al PPE. Es lo que se conoce como la “mayoría Venezuela”, porque fue precisamente para sacar adelante una resolución sobre el opositor Edmundo González en septiembre de 2024 —impulsada por el PP español— que se activó por primera vez esta mayoría alternativa que le ha permitido al PPE sortear desde entonces a los Socialistas y Demócratas (S&D) y los liberales de Renew, con los que formaba antes mayorías “proeuropeas”, apoyados en muchas ocasiones por los Verdes.

“Vemos, paso a paso, cómo el cortafuegos se va socavando sistemáticamente”, lamenta el eurodiputado verde alemán Daniel Freund, frente al júbilo de partidos como AfD —“el cortafuegos se derrumba”, celebraba Khan en X— o Vox. La formación ultra española subraya que, desde el inicio de la nueva legislatura, “se incorporan íntegramente enmiendas planteadas por Patriotas” en textos negociados, aunque el PPE lo niegue.

Pese a todo, algo podría estar cambiando: la inclusión de AfD en las conversaciones sobre el texto migratorio ha causado un terremoto político en Alemania. En Berlín, el cortafuegos a este partido, que es ya la segunda fuerza parlamentaria del país —y acaba de reforzarse en las elecciones regionales de Renania-Palatinado—, es estricto, hasta el punto de que ese cordón sanitario está especificado en el acuerdo de coalición que firmaron los cristianodemócratas y los socialdemócratas para nombrar canciller a Merz.

“No trabajamos con radicales de derechas en el Parlamento Europeo”, reaccionó el canciller alemán nada más conocer el caso. Con 30 eurodiputados, los alemanes de la CDU/CSU son la primera fuerza del PPE. “Abrirnos a la extrema derecha sería un gran error”, advirtió también el influyente expresidente luxemburgués de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker, durante la celebración hace una semana del 50 aniversario de la formación conservadora.

Oficialmente, el PPE no se dice preocupado por las críticas de un caso que intenta minimizar. De hecho, tras la nueva recriminación pública de Juncker, el propio Weber defendió su estrategia. “En el Parlamento Europeo queremos trabajar con la plataforma”, aseguró en referencia al pacto que se cerró en noviembre de 2024 con S&D y Renew para reelegir a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, que también recibió el apoyo de los Verdes. Pero ante una audiencia en la que estaban Merz, Juncker, Von der Leyen o Alberto Núñez Feijóo, al que avaló sus negociaciones con Vox, puntualizó: “Esta cooperación no es exclusiva” porque “los socialistas perdieron las últimas elecciones”, así que “no tienen veto sobre los contenidos”.

Sin embargo, esa contundencia pone nerviosos a compañeros de filas alemanes de Weber. Con la extrema derecha “no debe haber cooperación. Ni estructurada ni no estructurada. Sin adjetivos”, afirmaba un eurodiputado conservador germano tras escuchar a su jefe. “Hay que poner coto” a esas colaboraciones, coincidía otro legislador, mientras un tercero abogaba por ponerse de una vez a “trabajar en serio” con las fuerzas proeuropeas y distanciarse de los extremos a uno y otro lado del hemiciclo.

“Espero que Weber saque las conclusiones pertinentes: que dentro del grupo parlamentario se lleve a cabo un análisis y un debate al respecto, que culmine con la decisión de no incluir a los grupos de extrema derecha en las negociaciones”, señala en conversación telefónica la copresidenta de los Verdes, la alemana Terry Reintke.

“Sabemos dónde estamos nosotros. Ahora es el momento de que el PPE deje claro dónde está: si elige alinearse con la extrema derecha o si respetará los acuerdos que firmó al inicio de este mandato y trabajará dentro de la plataforma democrática proeuropea”, plantea, por su parte, la presidenta de S&D, Iratxe García. La socialista española se reunió este martes con la presidenta de Renew, Valérie Hayer, y con Weber, a quien no lograron arrancar un compromiso de renuncia a las dobles mayorías.

Las aguas se testarán este jueves: S&D ha presentado una objeción para someter a votación de nuevo la posición del Parlamento sobre el reglamento de retornos, argumentando que fue impuesta “por una mayoría formada por conservadores y extremistas de derecha tras una colaboración encubierta”.

Socialistas, liberales y verdes son conscientes de que tienen pocas palancas de presión para forzar al PPE a cambiar una estrategia que le ha permitido hasta ahora salirse ampliamente con la suya. Pero piden mirar más allá de las victorias cortoplacistas, porque se vienen curvas en las que las fuerzas antieuropeas van a dejar de ser el aliado alternativo, advierten.

“El PPE, al alinearse con quienes quieren destruir Europa, está generando incertidumbre e inestabilidad en un contexto geopolítico y socioeconómico ya de por sí exigente”, subraya García.

“Para muchos de los próximos proyectos de ley, en ámbitos del mercado interior, defensa o el presupuesto plurianual de la UE, se necesita la mayoría del centro democrático”, recuerda Reintke. Pero “cuanto más avanza la cooperación del PPE con la extrema derecha, más se envenena la relación con los demás grupos proeuropeos”, advierte.

El veterano eurodiputado socialista Juan Fernando López Aguilar apunta a una medida extrema que por ahora no se ha querido activar. “Hemos salvado a Von der Leyen de cuatro mociones de censura”, recuerda, de las que tres fueron presentadas —y apoyadas— por los grupos de extrema derecha y una más por la extrema izquierda. Pero si el PPE sigue así, dice: “Será muy difícil que la salvemos de la quinta en esas condiciones”.

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