Un nuevo documento de Ratzinger refuerza la sospecha de que ocultó un caso de pederastia en 1986
La investigación internacional en la que participa EL PAÍS halla otra carta inédita del futuro Benedicto XVI, que confirma que trató fuera del protocolo el expediente de un cura de Múnich


EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, nos puede escribir a: abusos@elpais.es. Si es un caso en América Latina, la dirección es: abusosamerica@elpais.es.
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La investigación internacional del medio alemán Correctiv, en la que ha participado EL PAÍS y que la semana pasada desveló documentos vaticanos inéditos sobre casos ocultos de pederastia del clero, ha hallado una nueva carta que aporta más luz sobre el asunto más polémico. Se trata del encubrimiento de un cura pederasta que pesa sobre Joseph Ratzinger, futuro Benedicto XVI, cuando era arzobispo de Múnich en los años ochenta. Una nueva carta de Ratzinger refuerza las sospechas de que en 1986, cuando estaba en Roma al frente de la Congregación de Doctrina de la Fe, ya supo de este caso de su antigua diócesis, lo gestionó de forma reservada y permitió que el sacerdote siguiera ejerciendo. Este cura luego continuó abusando de menores durante años, un total de 23.
Se trata del sacerdote Peter Hullermann, cuyo caso fue destapado en 2010 por The New York Times, pero que sigue sin aclararse. Es más, ahora se añaden nuevos detalles. Este cura llegó a Múnich trasladado desde la diócesis de Essen en 1980, y fue acogido pese a que ya había cometido abusos de menores y estaba en tratamiento. En 2010 Ratzinger, que ya era Benedicto XVI, aseguró que en aquel momento desconocía esos antecedentes. En 2022, meses antes de su fallecimiento, una auditoría interna en la diócesis de Múnich le acusó de haber conocido al menos ese y otros tres casos.
La actual investigación periodística ahondó en el caso Hullermann la semana pasada al poner el foco en una carta de Ratzinger de octubre de 1986, cuando ya estaba en Roma y recibió una peculiar petición para el cura. El arzobispado de Múnich le pedía permiso para que el sacerdote pudiera celebrar misa con zumo de uva, por sus problemas de alcoholismo, y Ratzinger se lo dio. Pero había dos detalles decisivos. La carta estaba acompañada de un informe que explicaba los abusos del cura, ya condenado por un tribunal alemán. Es decir, Ratzinger ya tuvo entonces esa información. En segundo lugar, no tenía número de protocolo. Todos los canonistas y fuentes vaticanas consultados aseguran que es algo totalmente anómalo, una excepción en las reglas internas del dicasterio que indica que optó por dejarlo fuera del registro. El Vaticano no ha respondido a las preguntas planteadas por esta investigación.
En defensa de Ratzinger, uno de sus antiguos asesores ha replicado que el prefecto de un dicasterio no lee siempre la documentación adjunta a un documento que se le presenta para firmar, extremo que niegan fuentes vaticanas.

La clave de la nueva carta de Ratzinger de 1986 hallada por Correctiv y a la que ha tenido acceso EL PAÍS, vuelve a estar en el número de protocolo. Su relevancia estriba en que se trata de un caso muy parecido y en las mismas fechas, solo dos meses más tarde, pero que sí tiene ese número: 89/78. Es decir, es el número 89 de los que se abrieron en 1978.
No está claro por qué se abrió un expediente sobre este sacerdote ocho años antes, si fue una cuestión disciplinaria por sus problemas de alcoholismo o, como en otros casos, ocultaba otras acusaciones de tipo sexual. La documentación localizada da algunas pistas. En todo caso, revela que el caso de Hullermann en Múnich no era excepcional, y desde luego no tanto como para que no se clasificara con número de protocolo. Se deduce que este tipo de expedientes se trataban de forma rutinaria en Doctrina de la Fe por el canal habitual de trabajo. Es más, Ratzinger utiliza frases enteras casi idénticas a su respuesta de Múnich de octubre.
El abogado canónico Martin Pusch, del bufete Lau-Litzka Pusch (el antiguo despacho WSW que realizó la auditoría en la diócesis de Múnich), ha declarado a Correctiv: “El caso en el que el cardenal Joseph Ratzinger autorizó a un sacerdote estadounidense a celebrar misa en diciembre de 1986 demuestra que el permiso concedido dos meses antes para el zumo de uva al condenado por abuso sexual Peter H. no fue un asunto rutinario. La ausencia de un número de protocolo en ese caso sugiere que la Congregación y el prefecto trataron este caso como una excepción para que no constara en los registros. La investigación de Correctiv señala al Vaticano como responsable del abuso y de su conocimiento”.
El futuro pontífice respondía a una carta del mes anterior de Thomas J. Connelly, obispo de Baker, en Oregon, EE UU, que escribió a Doctrina de la Fe el 18 de noviembre de 1986 para exponer el caso de un cura de su diócesis. Decía que tenía 65 años y un largo historial de abuso de alcohol. En 1971 ingresó en un programa de tratamiento y luego periódicamente había tenido recaídas. Luego narra que el problema se agravó hasta que en 1985 fue ingresado en un centro especializado gestionado por monjas. En la misiva, el obispo asegura que ya se ha recuperado y espera que vuelva a su parroquia. Por eso pide el permiso.
Lo cierto es que este cura tenía otro problema, no mencionado en el escrito enviado a Ratzinger y que quizá esté en el origen de la apertura de su expediente en 1972. Lo cita el obispo en otra carta interna de la diócesis, dirigida al centro religioso donde estaba internado: “El asunto de su propia sexualidad”. Insta a que también se aborde ese problema para evitar nuevas recaídas.
Según la investigación, en ese momento ese problema de sexualidad se refería a una relación de este sacerdote con una mujer adulta. No obstante, años más tarde, en 2002 este cura fue denunciado por abusar de un niño de 10 años en la década de los ochenta. En principio, según la información recabada, no hay pruebas de que la diócesis lo supiera en 1986.
En su respuesta, el 19 de diciembre de 1986, Ratzinger menciona explícitamente al obispo “el certificado médico que acompañaba su solicitud”, algo que indica que sí leía la documentación adjunta. Luego le da el permiso “para que utilice mosto mientras su condición requiera dicha abstinencia total de alcohol”. Después añade palabras calcadas a la carta de Múnich: “Aprovechamos esta oportunidad para recordarle que por mosto se entiende el zumo fresco de la uva o el zumo en el que se ha detenido el proceso de fermentación y que se ha conservado mediante congelación u otros métodos que no alteren su sustancia”.
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