Los socialdemócratas ganan las elecciones en Dinamarca impulsados por la resistencia a Trump, según los sondeos a pie de urna
La primera ministra Frederiksen necesitará el respaldo de varios partidos para seguir gobernando


El Partido Socialdemócrata de la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha ganado holgadamente las elecciones parlamentarias de este martes con entre el 19% y el 21% de los votos, según los sondeos a pie de urna. A mucha distancia se sitúan Izquierda Verde (en torno al 12%) y Alianza Liberal (10%-11%). Aun así, la mandataria, en el cargo desde 2019, encara arduas negociaciones para poder seguir al frente del Gobierno.
Frederiksen, de 48 años, decidió en febrero adelantar las elecciones, previstas inicialmente para el próximo otoño, en un claro intento de capitalizar el repunte de su popularidad tras su firme respuesta ante las amenazas de Donald Trump de hacerse con el control de Groenlandia, territorio autónomo perteneciente al Reino de Dinamarca.
A pesar de la clara victoria, el Partido Socialdemócrata —que en los comicios de 2022 obtuvo el 27,5% de los apoyos— se encamina hacia su peor resultado desde 1901. Frederiksen, una de las figuras más influyentes de la socialdemocracia europea, gobernó en minoría durante su primer mandato con el respaldo de los partidos del llamado bloque rojo. Tras las elecciones de hace cuatro años, la primera ministra optó por romper con el sistema tradicional que durante décadas dividió a los partidos entre izquierda y derecha y apostó por una fórmula inédita en la política danesa al sellar una coalición de gobierno con el Partido Liberal y Los Moderados, una formación de centro que concurría por primera vez a unos comicios.
Los sondeos a pie de urna pronostican que los partidos del bloque rojo sumarán entre 83 y 86 escaños, frente a los 75-78 del azul. Los 13 o 14 diputados que obtendrían Los Moderados, que no se encuadran ni en la izquierda ni en la derecha, resultarán decisivos para la futura formación de Gobierno. Su líder, Lars Lokke Rasmussen, ex primer ministro y actual titular de Exteriores, ha insistido durante las últimas semanas en su intención de conversar con todos los partidos con representación parlamentaria para analizar qué combinaciones podrían alcanzar una mayoría. “No soy candidato a primer ministro, pero ya he dicho que con mucho gusto me pondré al frente para negociar cómo puede constituirse un futuro Gobierno”, ha declarado Rasmussen tras votar este martes.
Durante la campaña electoral, Frederiksen ha evitado pronunciarse con claridad sobre qué partidos podrían convertirse en sus socios minoritarios en una futura coalición de gobierno. Aun así, la líder socialdemócrata ha reiterado que sería un error regresar al sistema tradicional de bloques. “La política danesa no puede simplificarse entre rojos y azules”, subrayó en un mitin el pasado domingo.
A finales del año pasado, las opciones de Frederiksen de lograr un tercer mandato parecían muy escasas. Las encuestas apenas le concedían un 17% de los apoyos y, en las elecciones municipales de noviembre, su partido había sufrido un revés histórico al perder la alcaldía de Copenhague por primera vez en más de un siglo. La crisis provocada por Trump el pasado enero al amenazar con hacerse con el control de Groenlandia —incluso sin descartar el uso de la fuerza militar— permitió a Frederiksen recuperar parte de la popularidad que había perdido en los últimos años.
La líder socialdemócrata, profundamente europeísta y firme defensora de la causa ucrania, ha mantenido durante sus siete años al frente del Ejecutivo una línea muy dura en materia de inmigración, muy criticada por algunos de los partidos de izquierda.
División en la derecha
La división en los partidos del bloque de la derecha limita las posibilidades de que puedan desbancar a Frederiksen del Gobierno. El Partido Liberal, encabezado por el ministro de Defensa, Troels Lund Poulsen, que a finales del año pasado se perfilaba como uno de los principales rivales de la primera ministra —a pesar de formar parte de la actual coalición de gobierno— se ha desplomado con en torno al 10% de los apoyos, en el que podría ser el peor resultado de su historia.
Los sondeos a pie de urna sitúan como primera fuerza de la derecha a Alianza Liberal, que ha centrado su mensaje en una drástica reducción de los impuestos y en la apuesta por la energía nuclear. Su líder, Alex Vanopslagh, de 34 años, muy popular entre los jóvenes, sacudió la recta final de la contienda al reconocer la semana pasada que había consumido cocaína —“una o dos veces, como mucho”— desde que está al frente del partido. Sin embargo, su admisión no parece haberle pasado factura, ya que la formación obtendrá un resultado muy similar al que anticipaban las encuestas.
El Partido Popular Danés, una de las primeros partidos de ultraderecha que formó parte de una coalición de gobierno en toda Europa, recupera peso en la política del país escandinavo, al obtener en torno al 8% de los sufragios, el triple que hace cuatro años.
Los cuatro diputados —de un total de 179— que se reparten a partes iguales Groenlandia e Islas Feroe, los dos territorios autónomos del Reino de Dinamarca, también pueden resultar determinantes para decidir quién gobernará los próximos cuatro años en el país escandinavo, de seis millones de habitantes.

A pesar de que en enero la crisis de Groenlandia dominaba la agenda política danesa, la campaña electoral ha girado en torno a un impuesto sobre el patrimonio —que afectaría a las 20.000 personas más ricas del país y que Frederiksen se ha comprometido a introducir para aumentar la financiación de la educación, la sanidad y los servicios sociales—, la reforma de las pensiones, la inmigración y las ayudas estatales destinadas a amortiguar el impacto de la guerra en Irán.
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