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Frederiksen aspira a un tercer mandato en Dinamarca impulsada por su enfrentamiento con Trump por Groenlandia

El país escandinavo celebra este martes unas elecciones anticipadas en las que la primera ministra socialdemócrata se perfila como favorita

Un cartel electoral con el rostro de Frederiksen, este lunes en Copenhague.Leonhard Foeger (REUTERS)

Mette Frederiksen, primera ministra de Dinamarca y una de las figuras con mayor peso de la socialdemocracia en Europa, busca este martes en las urnas una holgada victoria que le permita retener el poder. Tras unos pésimos resultados de su partido en las municipales del pasado noviembre y en un momento en el que los sondeos la alejaban de un tercer mandato, su firme respuesta ante las amenazas de Donald Trump de anexionar Groenlandia a Estados Unidos ha revitalizado su liderazgo y la ha situado de nuevo como la principal candidata para gobernar el país escandinavo durante los próximos cuatro años.

Frederiksen, de 48 años, llegó a la jefatura del Gobierno en 2019, convirtiéndose en la primera ministra más joven en la historia de Dinamarca. Ferviente europeísta, firme defensora de Ucrania y partidaria de medidas muy restrictivas en materia de inmigración, la líder socialdemócrata gobernó en minoría, respaldada por los partidos de izquierda, durante su primer mandato. Tras las elecciones de 2022, en las que el llamado bloque rojo obtuvo una mayoría absoluta in extremis, Frederiksen descartó a los aliados tradicionales del Partido Socialdemócrata y optó por girar hacia la derecha con una fórmula inédita en la política danesa, al pactar una coalición de gobierno con el Partido Liberal y Los Moderados (una formación centrista).

A finales del pasado diciembre, la carrera política de Frederiksen parecía encarar su recta final. La Izquierda Verde, sorprendente vencedora en las elecciones europeas de 2024, le pisaba los talones en los sondeos —en los que los tres partidos del Gobierno de coalición solo sumaban en torno al 30%—, y Pernille Rosenkrantz-Theil, candidata a la alcaldía de Copenhague, escogida a dedo por la primera ministra, acababa de sufrir un varapalo histórico en las municipales: los socialdemócratas perdieron el poder en la capital danesa por primera vez en más de un siglo. “Esto es, sin duda, un voto de protesta y una derrota personal para Frederiksen. Creo que marca el inicio de una crisis mucho más profunda”, declaró entonces el analista político Henrik Qvortrup.

La primera ministra entonó un mea culpa en su discurso de Año Nuevo: “No he hecho lo suficiente ante el precio elevado de los alimentos. No he hecho lo suficiente ante las desigualdades crecientes. Esto tiene que cambiar”. Pero no fue la autocrítica de Frederiksen lo que revertió su delicada situación, sino el resurgir, y con más fuerza que nunca, de las amenazas de Trump de hacerse con el control de Groenlandia, la mayor isla del planeta, integrada en el Reino de Dinamarca.

Su contundente reacción frente al acoso del presidente de Estados Unidos se reflejó rápidamente en las encuestas. Frederiksen no dudó en aprovechar el impulso y, a finales de febrero, anunció la convocatoria de elecciones anticipadas.

Los sondeos apuntan a una victoria segura del Partido Socialdemócrata en los comicios de este martes, con en torno al 20% de los votos, aunque probablemente obtendrá su peor resultado desde 1901. Por detrás, con poco más de un 10%, se sitúan la Izquierda Verde, que ha perdido impulso en los últimos meses, y Alianza Liberal, cuyo candidato, Alex Vanopslagh, de 34 años y muy popular entre los jóvenes, sacudió la campaña la semana pasada al admitir que ha consumido cocaína, “una o dos veces, como mucho”, desde que está al frente de la formación.

“Las negociaciones para formar una coalición serán largas y duras, pero creo que Frederiksen podrá seguir al frente del Gobierno”, sostiene Rune Stubager, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Aarhus. “Las opciones de la derecha de desbancarla del poder parecen haberse desvanecido con la crisis de Groenlandia”, aclara.

Posibles alianzas

Durante la campaña electoral, Frederiksen se ha mostrado ambigua sobre qué partidos podrían ser sus socios minoritarios en una futura coalición de gobierno, pero la primera ministra sí ha insistido en que recuperar el sistema tradicional que estableció durante décadas una frontera entre los partidos de derecha e izquierda no resultaría beneficioso para el país. “No entiendo por qué algunos quieren volver a la política de bloques. La política danesa no puede simplificarse entre rojos y azules”, subrayó en un mitin el domingo.

Aun así, muchos analistas no descartan que la primera ministra forme finalmente un Ejecutivo de coalición con sus tradicionales socios de izquierda. Una de sus principales promesas electorales ha sido la reintroducción del impuesto sobre el patrimonio para aumentar la financiación en educación, sanidad y servicios sociales, una medida que complicaría sus opciones de llegar a un acuerdo con los partidos del bloque azul.

Frederiksen es una de las jefas de Gobierno en la Unión Europea que más tiempo lleva en el cargo —solo superada por el húngaro Viktor Orbán, el croata Andrej Plenkovic y el español Pedro Sánchez—. De lograr un tercer mandato, además, se convertiría en la dirigente que ha gobernado más años en el país escandinavo desde la II Guerra Mundial.

Mathilde Sorensen, una jubilada que jamás ha votado al Partido Socialdemócrata, decidió hace unos días que esta vez sí respaldará a Frederiksen. “No me cae bien. Me parece soberbia y arrogante, pero tiene madera de líder. Y eso es justo lo que necesitamos en los tiempos que corren”, sostiene en una parada de autobús en el centro de Copenhague, antes de señalar con el dedo unos carteles electorales con el rostro de Frederiksen y el lema de campaña: “Una primera ministra en la que puedes confiar”.

Erik Madsen, empleado de una librería, se define como socialdemócrata y votó a Frederiksen en las últimas dos elecciones, pero este martes optará por otro partido de izquierdas. “Me repugna lo fría y dura que puede llegar a ser con los inmigrantes y refugiados. Y es evidente que sus giros hacia la derecha o la izquierda responden únicamente a cálculos políticos”, sentencia.

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