Armenia a la sombra de la guerra entre Irán, Estados Unidos e Israel
El frágil equilibrio regional convierte al Cáucaso Sur en un actor especialmente expuesto a las consecuencias geopolíticas


El estallido de la guerra entre Irán, Israel y Estados Unidos ha vuelto a situar al Cáucaso Sur en el escenario de una posible crisis regional. Aunque Armenia no participa directamente en el conflicto, tampoco puede permitirse ignorarlo: con solo dos fronteras abiertas, al norte con Georgia y al sur con Irán, mientras que las del oeste con Turquía y del este con Azerbaiyán permanecen cerradas. Ese frágil equilibrio regional convierte a Armenia en un actor especialmente expuesto a las consecuencias geopolíticas de una Irán inestable.
En este marco, el primer ministro armenio, Nikol Pashinyan, ha sido objeto de críticas por parte de la oposición y la opinión pública. Mientras el conflicto estallaba en la vecina Irán, Pashinyan y su comitiva de ministros y diputados se encontraban recorriendo distintas regiones del país en actos de precampaña para las elecciones de junio, lo que sus detractores interpretaron como una falta de seriedad ante un escenario que va a tener consecuencias directas para la seguridad nacional.
Para acallar las críticas hacia su gestión, en lo que se ha convertido en un ejercicio habitual de “apagar los fuegos” que él mismo ha prendido, el primer ministro Pashinyan subrayó que, a lo largo de la semana previa al estallido del conflicto, el Gobierno seguía con atención la evolución de los acontecimientos en Irán. En ese contexto, el ministro de Defensa, Suren Papikyan, viajó a Teherán apenas cuatro días antes del ataque perpetrado por Israel y Estados Unidos, donde mantuvo un encuentro con su homólogo Aziz Nasirzadeh.
El propio aparato estatal armenio ha anticipado escenarios preocupantes. En su informe anual sobre riesgos de seguridad externa de este mismo año, el Servicio de Inteligencia Exterior de Armenia advierte que un incremento de la inestabilidad en Irán ampliaría los problemas de seguridad de la República de Armenia, particularmente en la gestión de flujos migratorios, riesgos económicos y logísticos, y amenazas al ya delicado proceso de consolidación de la paz en el Cáucaso Sur.
El comienzo de la guerra ha tenido un impacto inmediato: el alza del gas y los combustibles en los mercados mundiales. Para Armenia, altamente dependiente del exterior al importar más del 75% de su energía, este fenómeno es verdaderamente preocupante. Se traduce en inflación, encarecimiento del transporte y presión directa sobre los precios al consumidor en un momento en que el Gobierno no goza de popularidad de cara a las elecciones presidenciales.
Esa vulnerabilidad energética está íntimamente conectada con otra realidad: la logística. Aproximadamente el 20% del cargamento que entra en Armenia lo hace a través de los 44 kilómetros de frontera con Irán. Hablamos principalmente de hidrocarburos y materiales de construcción clave para el mercado interno. Además, una parte relevante de mercancías llega al puerto iraní de Bandar Abbas, en el golfo Pérsico, y desde allí es transportada por vía terrestre hacia territorio armenio. Según fuentes armenias consultadas, ese flujo que se paralizó durante los primeros días de bombardeos, tímidamente empieza a estar nuevamente operativo.
La importancia estratégica de Irán para Armenia quedó especialmente evidenciada durante la guerra de los 44 días entre Armenia y Azerbaiyán en 2020 por el control del enclave de Artsakh (Nagorno-Karabaj), y en los años posteriores, cuando el presidente azerbaiyano, Ilham Aliyev, reclamó territorio soberano armenio como supuestas “tierras ancestrales” de Azerbaiyán. Al respecto de esas declaraciones, Teherán advirtió que cualquier intento de modificar las fronteras internacionalmente reconocidas o de avanzar sobre territorio armenio sería considerado inaceptable.
Esa posición fue interpretada en Ereván como un elemento disuasorio relevante. En un momento en el que el equilibrio militar se inclinaba claramente hacia Bakú, la advertencia iraní funcionó como un mensaje político de que una transformación forzada del mapa regional no sería tolerada sin consecuencias. Para Armenia, ese precedente consolidó la percepción de Irán no solo como socio comercial o corredor logístico, sino como un actor cuyo interés en la estabilidad fronteriza coincide, en ciertos puntos críticos, con el propio interés armenio.
La resolución del conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel es de vital importancia para Armenia. Una crisis en su frontera sur con potencial de alterar su demografía, su economía y su frágil equilibrio estratégico puede poner en jaque al país al quedar sin el respaldo de su único aliado en la región.
Armenia e Irán se necesitan mutuamente. Consultado por este medio, Sergei Melkonyan, doctor en relaciones internacionales, subrayó que para Armenia lo prioritario es la estabilidad de Irán, independientemente del tipo de régimen. Sus intereses están vinculados a la conectividad regional, a las cadenas logísticas con India, al acceso al golfo Pérsico y, para Irán, a la posibilidad de conectar ese espacio con el mar Negro a través de territorio armenio.
Para Armenia, la estabilidad de Irán no es una cuestión ideológica, sino existencial. La evolución del conflicto exigirá un fuerte liderazgo político y planificación estratégica para mitigar impactos y evitar que una guerra externa se convierta en una nueva crisis nacional.
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