Qatar e Irán, una amistad peligrosa
El conflicto en Oriente Próximo ha generado grietas entre ambas naciones, que comparten el mayor yacimiento de gas del mundo
Las cosas han cambiado drásticamente en Qatar. Los recientes ataques iraníes a la capital, Doha, durante el sagrado mes de Ramadán, han sacudido tanto axiomas como realidades, creando una profunda grieta en las relaciones entre ambas naciones del Golfo. La respuesta de Irán a los intensos bombardeos israelíes y estadounidenses en la República Islámica abrió un nuevo frente con los países del Golfo, especialmente con Qatar, que mantenía vínculos acérrimos con Teherán. De repente, Irán pasó de ser un aliado a representar una amenaza directa para la estabilidad y seguridad de este pequeño emirato.
Todo comenzó el 23 de junio pasado, cuando Irán lanzó misiles balísticos contra la base estadounidense de Udaid. En ese momento, los cataríes se percataron de que, a pesar del carácter simbólico del ataque, la diplomacia y las estrategias de mediación no son suficientes para asegurar la seguridad y soberanía del país. En un giro sin precedentes, los nuevos ataques han tenido como objetivo instalaciones militares y de recursos hídricos y de gas natural, provocando la suspensión de la producción. Qatar, que representa el 20% de la producción mundial de gas natural, también anunció que había desmantelado dos redes de espionaje relacionadas con la Guardia Revolucionaria, que tenían la misión de recopilar información sensible y llevar a cabo sabotajes.
Para entender la lógica detrás de esta escalada, es importante examinar la naturaleza única de la relación entre Doha y Teherán. Ambos países comparten el mayor yacimiento de gas del mundo. En tiempos de crisis regional, las capitales han mantenido canales de diálogo y coordinación técnica y diplomática. En este marco, Qatar facilitó en 2022 rondas de negociaciones indirectas entre Estados Unidos e Irán sobre el programa nuclear, además de ayudar a alcanzar un acuerdo humanitario que permitió la liberación de cinco ciudadanos estadounidenses detenidos en la República Islámica.
Durante el bloqueo que se impuso a Qatar en 2017 por parte de sus vecinos árabes, Teherán ayudó a abrir rutas comerciales y aéreas alternativas para aliviar la situación de Doha y mantener activas las cadenas de suministro. Este acercamiento a Irán fue duramente criticado por otros países del Golfo que veían con desconfianza esta relación con un país que se opone abiertamente a sus intereses políticos y económicos.
La base de la estrategia de Qatar siempre ha sido preservar la estabilidad en la región del Golfo, muy codiciada por sus vastas riquezas naturales, posicionándose como un mediador clave en la gestión de crisis internacionales y siendo capaz de dialogar con todas las partes. Tras ser atacada, Qatar se siente traicionada, golpeada en su orgullo, y considera este acto de agresión como un duro golpe a los cimientos de sus estrechos lazos con Teherán, que se han caracterizado por un pragmatismo y un delicado equilibrio. Para Doha, esta nueva situación, completamente caótica, podría debilitar su posición regional y, sobre todo, su capacidad de suavizar los choques en la región. Sin embargo, afirma que la actual tensión con Teherán no le llevará a cambiar su política exterior o a renunciar a su papel de mediador, ni a revisar la esencia de sus ya dañadas relaciones con la República Islámica de Irán.
Esta agresión evidencia que la evaluación de amenazas debe apoyarse en el comportamiento y las intenciones, y no en discursos o equilibrios tradicionales, sobre todo en el ajetreado contexto estratégico actual. Así las cosas, Qatar no tiene más opción que fortalecer su defensa dentro de los mecanismos de los países del Golfo (GCC, por sus siglas en inglés) y reforzar la coordinación política con los componentes de este bloque regional.
No hay duda de que las implicaciones estratégicas de esta nueva situación son significativas a corto plazo. La población en Qatar se encuentra en estado de shock y ha intensificado su crítica en las redes sociales hacia Irán, que, según muchos usuarios, no ha dudado en convertir a un socio fiable en un objetivo militar legítimo.
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