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La inseguridad en el estrecho de Ormuz pone en jaque el suministro global de energía

El 20% del consumo diario de crudo mundial transita por este cruce estratégico y clave para las economías del golfo Pérsico

Imagen de archivo de un buque de la Armada de Irán.Foto: Contacto (Europa Press)

La Guardia Revolucionaria iraní advirtió este sábado de que el tránsito por el estrecho de Ormuz “ya no es seguro” tras la ofensiva conjunta lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán. A pesar de que el cruce sigue abierto, numerosos petroleros están evitando su tránsito, lo que ha generado un atasco de barcos en torno a esta franja marítima, según la agencia Bloomberg.

Fuentes de la misión naval de la Unión Europea (Aspides) han asegurado que ningún barco puede pasar por esa vía estratégica, controlada por Irán, mientras que la Agencia de Operaciones Comerciales Marítimas del Reino Unido ha señalado que múltiples buques que operan en el Golfo han recibido mensajes sobre su posible bloqueo.

El hipotético cierre del estrecho de Ormuz constituye una de las mayores amenazas para la economía global. Se trata de una arteria clave para el comercio mundial de petróleo, por lo que su clausura conllevaría consecuencias directas para el suministro energético mundial y la estabilidad de los mercados. Por este pasaje transitan diariamente más de 20 millones de barriles de crudo, lo que representa el 20% del consumo diario de petróleo mundial.

A pesar de que el Estrecho ha sido escenario de múltiples amenazas de cierres y de ataques a petroleros tanto por parte de Irán como de las milicias hutíes de Yemen, no ha llegado a estar cerrado, precisamente por las graves consecuencias que entraña para la geopolítica mundial. La clausura prolongada de esta arteria comercial derivaría en un encarecimiento de la gasolina, el diésel y el gas, además de provocar un nuevo brote inflacionario en unos mercados globales que ya enfrentan tensiones económicas por la guerra rusa en Ucrania.

El golpe sería particularmente fuerte para Asia, dependiente de esta conexión marítima por la que se abastece hasta en un 75% del crudo y gas que consume. Y, en particular, para China, país al que el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, pidió que mediara para que Irán no la cerrara en junio de 2025, después de que Teherán amenazara con interrumpir el tráfico marítimo.

Aparte de los consumidores, son los productores y miembros de la OPEP, como Arabia Saudí, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Irak, quienes temen ver paralizadas sus exportaciones de crudo, de las que dependen sus economías. Entre los más afectados se cuenta Qatar, que se ha consolidado como uno de los tres mayores exportadores de gas licuado del mundo —por detrás de Estados Unidos y Australia— y que da salida a la casi totalidad de gas por esta vía.

Tensión regional

El ataque lanzado este sábado podría afectar de forma significativa al precio del petróleo, ya que Irán posee el 10% de las reservas mundiales. “Si se viera afectada la capacidad de producción de Irán, esto reduciría la oferta del mercado, lo que dispararía el precio del crudo hasta los 100 dólares”, según explica Raymond Torres, director de Coyuntura de Funcas, en declaraciones recogidas por EFE. El barril ya superó la barrera de los 100 dólares en otros momentos de tensiones geopolíticas, como en 2022 con la invasión rusa de Ucrania, así como en 2008 y entre 2011 y 2014, por conflictos regionales.

Irán mantiene una producción de crudo cercana a los 3,3 millones de barriles diarios —la mayoría destinados a China— que aportan unos ingresos indispensables para la República Islámica sujeta a la presión de las severas sanciones económicas internacionales impuestas por Washington y Bruselas.

El estrecho de Ormuz ocupa también un puesto central en las tensiones regionales que enfrentan las monarquías del Golfo al régimen iraní, que rebasan el ámbito económico para desbordar al político.

Sin que exista aún un balance claro de daños y víctimas tras los ataques lanzados por Irán contra Baréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait, las monarquías del Golfo que albergan las principales bases militares estadounidenses en la región se enfrentan a una encrucijada política crítica. Deben posicionarse ante unas opiniones públicas domésticas sacudidas por las imágenes que deja la guerra de Gaza y, por ello, hostiles a cualquier acercamiento a Israel.

También han de medir su respuesta por las posibles consecuencias para sus intereses económicos y regionales: todos los países atacados son miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), siendo Irán el tercer mayor productor en términos de volumen de crudo. Fue precisamente esta organización la que impuso un embargo de petróleo en 1973 como respuesta al apoyo occidental a Israel durante la Guerra de Yom Kippur, desestabilizando la economía mundial y provocando que los precios del oro negro se cuadruplicaran.

La alerta sobre un posible cierre del Estrecho en un contexto de creciente tensión bélica es recurrente desde la llegada de la Administración de Donald Trump. Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos ya han explorado opciones para evitar el bloqueo marítimo con oleoductos alternativos en ambos países con una capacidad de hasta 2,6 millones de barriles diarios que podrían aliviar en parte la presión, según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos. Sin embargo, estas rutas alternativas son limitadas e insuficientes para suplir toda la demanda global.

Con el telón de la guerra en Gaza de fondo, la crisis coloca en una posición delicada a los dos grandes foros regionales que aglutinan a estos países, como el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). La Liga Árabe ―organismo que agrupa a 22 países árabes de África y Oriente Próximo― ha condenado los “ataques y agresiones iraníes” contra varios países de la región. “Los ataques con misiles representan una flagrante violación de la soberanía de los países que piden la paz, han trabajado para lograr la estabilidad y no han participado en la guerra”, ha denunciado la organización en su nota, donde adelanta su apoyo “a cualquier medida que adopten [esos países] para defenderse y proteger a sus pueblos”.

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