El mejor Madrid asoma en la despedida de la Champions
El equipo de Arbeloa se adelantó tres veces para igualar la eliminatoria con un buen partido en el que, hasta la discutible expulsión de Camavinga, aguantó el asedio alemán y respondió golpeando a la contra


Pese a todas sus decepciones de estos meses, el Real Madrid pisó el estadio del Bayern y se transformó en algo que volvió a parecerse mucho a su leyenda, muy cerca de dar la vuelta al 1-2 de la ida, casi siempre por delante en el marcador en un vibrante intercambio de golpes en el que resistía el dominio de los alemanes y liberaba su velocidad vertiginosa con descargas tremendas. Sostuvo el pulso de un equipo de enorme tonelaje hasta que Camavinga, que entró de refresco, vio dos amarillas, la segunda muy discutible. Entonces lo trituró el Bayern, después de una función de gran altura en la que compitió como pocas noches este curso. Pero volvió a quedarse fuera de la Champions en cuartos, mientras el Bayern avanza a las semifinales contra el PSG.
Hasta la roja, el partido fue un derroche de los que nadie quiere que se acabe. Llevan medio siglo zurrándose por Europa y no se les van las ganas, excitados por un rival de su tamaño mitológico. No entienden una pelea calculada. Se lanzaron cuesta abajo desde que se abrieron las compuertas y a los 34 segundos ya parecía que el mundo era otro que nada tenía que ver con el que se atisbó en el Bernabéu. Neuer, escogido mejor jugador en la ida, se equivocó en un pase y le entregó la pelota a Güler, mansa, a su zurda, y el turco acertó de primeras en la red desde 40 metros. Pan comido comparado con los casi 70 desde los que abatió al Elche. Todo al revés. Falló el portero de 40 años inspirado como nunca en la ida y acertó el Madrid enseguida.
Arda 𝑭𝒓𝒂𝒏𝒄𝒐𝒕𝒊𝒓𝒂𝒅𝒐𝒓 Güler.
— Movistar Plus+ Deportes (@MPlusDeportes) April 15, 2026
🪄🇹🇷 La delicatessen del turco para adelantar al Real Madrid. #UCL #LaCasaDelFútbol pic.twitter.com/LzZJxFgNC8
El Real solo necesitó eso para respaldar las palabras inflamadas en la víspera de Arbeloa, que las continuó con el once, el primero Madrid en la Copa de Europa sin un solo jugador seleccionable por España. Le faltaba Tchouaméni, su mejor ancla, y se decidió por un centro del campo de cuatro tipos que siempre miran hacia delante. Valverde y Bellingham en el medio, muy generosos, y Brahim y Güler en las bandas. Se exprimían persiguiendo alemanes, pero luego eran puro vértigo cuando recuperaban. Habían ido a Múnich a percutir. No quedaba otra.
Kompany también se mantuvo en su idea de ir siempre al ataque, como si no se hubiera jugado la primera manga, o como si fueran por detrás. Alineó a los mismos, y los mismos volvieron a atosigar al Madrid con una persistencia incomodísima, desconcertante. Pasaban los minutos y no juntaban dos pases. Nadie era capaz de quedarse unos segundos el balón y encontrar una salida. El Bayern coleccionaba córners, que ejecutaba abarrotando el área pequeña, un plan que les dio el empate solo seis minutos después del 0-1 en un lance mal defendido por Trent.











Kimmich y Kane pilotaban un asedio asfixiante, siempre a un centímetro de que Luis Díaz se escapara por la derecha u Olise por la izquierda, donde esta vez le vigilaba Mendy con más éxito. El derroche del Bayern era desbordante y el Real no lograba rebajar las pulsaciones. Hasta que Mbappé tiraba dos recortes o Güler, con mucho aplomo, detenía el furor. Escapaban poco, pero una de las escasas ocasiones la contra dejó una falta a Brahim. El turco la colocó cerca de la escuadra y dobló la mano a Neuer, de nuevo lejos de la brillantez.
Pero no había espacio para el lamento. Ni para el respiro. El Bayern retomó el hilo donde lo había dejado: en el campo del Madrid, apuntando a Lunin. Upamecano conectó en el área con Kane, en el punto ciego entre Militão y Trent, y volvió a empatar el duelo con una frialdad demoledora.
El equipo de Arbeloa respondió de nuevo a la contra, con la conexión más puesta en duda de los últimos meses. Bellingham arrancó, lanzó a Vinicius y el brasileño asistió a Mbappé que volvió a igualar la eliminatoria. Solo un equipo le había marcado tres goles antes al Bayern en Múnich en la primera parte de un partido de Champions: el Madrid en el 0-4 de 2014.
🟥 Expulsado Camavinga. Segunda amarilla para el francés que deja con diez al Real Madrid tras 24 minutos sobre el césped. #UCL #LaCasaDelFútbol pic.twitter.com/6cFpmawyzH
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Habían regresado a Múnich con ese mismo fuego: paciente con el monopolio del balón del Bayern y salvaje cuando lo recuperaba. Se estiraba al galope y cada carrera era una ocasión: un tiro a bocajarro que saca Neuer con un manotazo, un tiro de Vinicius fuera y otro de Valverde más manso de lo habitual. El equipo de Kompany apuntaba siempre hacia delante. Olise exigió una parada de Lunin después de su maniobra a lo Robben, Upamecano cabeceó por encima del larguero. Vivían volcados al ataque, cercando el área, pero mantenían un ojo en el retrovisor de manera permanente. El Madrid jugaba un partido de parpadeos, en el que se encontraba siempre al filo del cuarto, con Mbappé desbocado.

Ese delicado equilibrio lo empezó a romper Camavinga, juzgado con severidad por el árbitro. El francés vio dos amarillas en menos de media hora tras entrar en el 62, la segunda por retrasar un saque. Su equipo se derritió. Luis Díaz acertó con el 3-3 y Olise remató con el cuarto cuando el Madrid exprimía sus últimas gotas al otro lado. Así se le fue al Madrid la última oportunidad de una temporada lánguida, cuando parecía que podía llegarles lo mejor.
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