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Atlético ATL
1
Lookman 30'
Atlético
Barcelona BAR
2
Lamine Yamal 3', Ferran 23', Eric Garcia 78'
Barcelona
Final

El Atlético sobrevive al arte de Lamine y se mete en las semifinales de la Champions

Un gol de Lookman permite a los rojiblancos acceder por cuarta vez a la penúltima ronda de la gran competición europea en la era Simeone tras un intenso partido en el que Barça acabó con diez y llegó a igualar el 0-2 de la ida a los veinte minutos

Con este remate, Lookman estableció el 1-2 definitivo que clasificó al Atlético para las semifinales de la Champions League.Albert Gea (REUTERS)

En un partido salpicado con todos los ingredientes emocionales de la Copa de Europa, el Atlético hizo bueno el 0-2 de la ida. Sufrieron los rojiblancos incluso con diez para firmar la cuartar semifinal de la gran competición europea en la era Simeone. Al Barça le queda la salvaguarda del insuficiente 1-2 y de no haberse vencido ni cuando a falta de diez minutos Eric García vio la roja. El arte de Lamine y su empeño de driblador empedernido encarnó el orgullo y la casta de un equipo que nunca enseñó la bandera blanca. Tampoco lo hizo el Atlético cuando recién sobrepasados los primeros 20 minutos había dilapidado la ventaja del Camp Nou. El Arsenal o el Sporting de Lisboa aguardan a los madrileños.

ATMAtlético
1
Juan Musso, Clément Lenglet, Robin Le Normand, Matteo Ruggeri, Nahuel Molina, Giuliano Simeone (Álex Baena, min. 65), Ademola Lookman (Nico González, min. 65), Koke (Johnny Cardoso, min. 88), Marcos Llorente, Antoine Griezmann (Alexander Sørloth, min. 75) y Julián Alvarez
BCNBarcelona
2
Joan García, Eric García, Gerard Martín, João Cancelo (Ronald Araujo, min. 88), Jules Koundé, Dani Olmo (Roony Bardghji, min. 88), Gavi (Frenkie de Jong, min. 80), Fermín López (Marcus Rashford, min. 67), Lamine Yamal, Pedri y Ferran Torres (Robert Lewandowski, min. 67)
Goles 0-1 min. 3: Lamine Yamal. 0-2 min. 23: Ferran . 1-2 min. 30: Lookman
Arbitro Clément Turpin
Tarjetas amarillas Gavi (min. 68)
Tarjetas rojas Eric Garcia (min. 78)

En los onces de uno y otro había lecturas claras. Simeone despejó su gran duda alineando a Musso. Más allá de la cortesía de concederle la Copa al segundo portero, la decisión era histórica desde el punto de vista de la trayectoria de Oblak. Era la primera vez que el meta esloveno cataba el banquillo en un partido trascendental estando en condiciones de jugar. Flick también hizo sus apuestas. Prescindió de Araujo y le otorgó a Gavi la condición de escudero de Pedri. Para un partido visceral y de ritmo endemoniado, el volante andaluz cuadraba bien. Que Ferran ocupara la punta del ataque fue más lógico después de su renacer en el derbi barcelonés. Y como en el caso de Gavi, más adecuado para el combate físico y el ataque de los espacios que Lewandowski. Lo mismo para el punzante Fermín, que sentó a Rashford. Para un partido de mucha piel, jugadores de corazón caliente.

Bajo un ambiente ensordecedor, el partido madrugó ya con las mechas cortas y las revoluciones en rojo. Al primer minuto, Lamine ya había culebreado y exigido a Musso desde la media luna del área con un toque de interior al rincón. Respondió el Atlético de inmediato con una transición veloz que inició y culminó Griezmann, apurado para perfilar el tobillo y encontrar la portería. Se destapó un partido de caza mayor, de esos que engendra este fútbol de hoy. Se trata de quién caza mejor, de los errores en la salida del balón que provocan la presión o de las praderas que se descubren cuando es superada. Y a los cuatro minutos el Barça ya estaba en la eliminatoria. Lenglet se enredó con un pase atrás que pescó Lamine y la luminaria azulgrana no perdonó.

El duelo presentaba la clave inicial de que el marcaba primero podía marcar el paso. Si lo hacía al Atlético convertía ya la cita para el Barça en una gesta más improbable. Si lo hacía el equipo de Flick, como así fue, le metía en la eliminatoria de lleno.

Yamal abrió el fuego, pero también había emergido un gran Pedri. Nada delata más al genio canario que cuando le da por conducir e inventar a la par. Ahí, los partidos son suyos y se juega a lo que él quiere. Sucedió también que había una consigna de fe en el plan de ambos entrenadores. Ninguno renegó del suyo. El Atlético mantuvo su intención de morder arriba arrastrado por ese ambiente volcánico que se lo demandaba y el Barça también respetaba el innegociable molde Flick. A cara partida, fue otro error en la salida de balón de Lenglet lo que parió el segundo gol del Barça. Elaboración fina para que Ferran clavara en la escuadra su cara a cara con Musso. A los 23 minutos, el Barça ya había igualado la eliminatoria. En otro Atlético y en otro Simeone perder tan rápido una ventaja de dos goles era tan impensable como insospechado. Los fallos de Lenglet se prolongaron después del saque de centro. La pifia la aprovechó Lamine para dibujar con el exterior del pie ese pase combado tan suyo. La curva fue medida a la cabeza de Fermín. Este la martilleó contra Musso.

El levantamiento del Atlético lo asumió Griezmann. Siempre es un placer observar cuando la anarquía que suele asociarse con un siete se convierte en el hacer jugar de un diez. Y eso es lo que hizo Griezmann. Él fue quién destapó el agujero por que el rompió Llorente para asistir a Lookmann. La eliminatoria era de nuevo para el Atlético.

Los dos equipos se habían golpeado, cada uno con sus señas de identidad y se fueron al intervalo dispuestos a reanudar a fuego la contienda. Fue el Barça el que se impuso y Ferran embocó un rechace que fue anulado por fuera de juego. Lookman contestó con una rosca que se le escapó por poco antes de que Simeone y Flick recurrieran a su plan B para ganar la eliminatoria. Giuliano y Lookman fuera, como Ferran y Fermín. Baena, Nico, Lewandowski y Rashford al verde. Tuvo que ser el Atlético el que asumiera más la labor de resistencia, aunque aguijoneaba cuando podía. Sorloth fue el remedio y este provocó la roja a Eric García , que agarró al noruego como último hombre. Demasiado ya para un Barça exhausto. Le Normand, ganador de un rechace en un saque de banda se topó con Joan García y Molina se precipitó en un mano a mano. En inferioridad numérica, al Barça ya solo le quedó la casta y el orgullo de regateador de Lamine para una empresa ya imposible.

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