Alarma y confusión entre la población iraní: “Las salidas de Teherán están colapsadas con gente que intenta huir en coche”
Muchos ciudadanos hacen colas para comprar alimentos y combustible y se preparan para resistir días de ataques
La población iraní vive horas de incertidumbre. Las bombas de Estados Unidos e Israel han comenzado a caer al amanecer de este sábado sobre objetivos militares e infraestructuras del régimen pero también sobre las ciudades, y en Teherán, la capital, han cundido la alarma y la confusión. “Las principales arterias que salen de Teherán están colapsadas con gente que intenta huir en sus coches,” cuenta en conversación de WhatsApp un vecino desde la capital iraní que pide el anonimato, informa Natalia Sancha. “La mayoría se dirige al norte, hacia el mar Caspio, pero evitan el este de la ciudad, donde los medios locales dicen que ha habido bombardeos en la zona donde está la casa de Mahmud Ahmadineyad”, acota este ciudadano iraní en un momento en el que los habitantes de Teherán recobraban momentáneamente internet, cortado toda la mañana, generando más confusión en la ciudad.
A Sara, empleada bancaria, las explosiones la sorprendieron mientras trabajaba (el sábado es día laborable y lectivo en Irán): “Lo único en lo que pude pensar fue en mi hijo, que estaba en la escuela. Ni siquiera recuerdo cómo llegué apresuradamente a recogerlo”, cuenta en conversación telefónica. Un ataque con misiles de Israel a una escuela primaria de niñas de Minab, al sur de Irán, ha matado a 85 personas, entre ellas numerosas alumnas, según la agencia de noticias Tasnim, cercana a la Guardia Revolucionaria.

Sara denuncia la falta de alertas oficiales y cuestiona la gestión de las autoridades del régimen: “No saltaron las alarmas, y eso que atacaron en pleno día. Este régimen ha gastado miles de millones de dólares del pueblo en el programa nuclear y de misiles, pero lo único que saben hacer es reprimir y matar a los manifestantes”, lamenta.
El Servicio de Seguridad Nacional de Irán ha solicitado a la población que abandone las grandes ciudades y ha cerrado escuelas y universidades. El acceso a internet permanece limitado. Ello pone en evidencia que las autoridades iraníes prevén que los ataquen continúen.
Somayeh, residente en Kermanshah, en el oeste del país, explica también por teléfono que internet nunca se estabilizó completamente en Irán después de la llamada guerra de los 12 días —los ataques estadounidenses e israelíes de junio de 2025— y que este sábado está prácticamente cortado.
Alireza, estudiante en Teherán, señala que la mayoría de los ataques se han concentrado en el este de la ciudad, donde hay instalaciones militares, nucleares y de misiles que ya habían sido bombardeadas por Israel en junio. También se han reportado ataques contra el aeropuerto de Mehrabad, en la provincia de Teherán, y los Ministerios de Inteligencia y el Palacio de Justicia en la capital iraní.

Una parte de la población respalda la operación militar contra el régimen autocrático. Desde Shiraz, la capital de la provincia Fars, en el sur, Ladan comenta: “El régimen se ha comportado con la población de manera tan brutal como Sadam [Husein, presidente de Irak derrocado por EE UU] al final de su Gobierno. Es triste que los iraníes se vean obligados a apoyar ataques contra su propio país para defenderse”.
Otros reparten las culpas. “El régimen e Israel nos están matando. Somos víctimas de las políticas hostiles de este régimen”, señala Maryam, de 54 años, ama de casa en Teherán, mientras se dirige al norte con su familia, informa Reuters. Varios testigos relatan escenas de gente corriendo a los bancos a retirar efectivo y larg colas en las gasolineras de las ciudades.
Un residente de Teherán que pide anonimato indica que las personas de su entorno “no están contentos con el ataque”, incluidas algunas “que se oponen a la República Islámica”, informa Trinidad Deiros Bronte.
Muchos ciudadanos se habían preparado para situaciones de emergencia, ya que no confiaban en las negociaciones y habían anticipado un ataque. Yalda, desde Teherán, cuenta que han reforzado los cristales con cinta y han preparado un kit de primeros auxilios y alimentos para un par de semanas. “Algunos familiares están saliendo de la ciudad, pero preferimos quedarnos en casa por la presencia de cuarteles e instalaciones militares en la ruta de salida que podrían ser atacadas”, explica.

Hamid, dependiente de una tienda de electrodomésticos en la calle Jomhuri, dice haber escuchado varias explosiones cerca de la residencia del líder supremo [Alí Jameneí] y de la calle Pasteur. Él sostiene que la población esperaba el respaldo internacional y en concreto de EE UU ante la represión de las protestas internas de los últimos meses, aunque desconfiaba últimamente de las promesas de Trump: “Al ver las negociaciones pensé que Trump nos había traicionado y que su promesa era un farol, pero parece que pretende cumplir su mensaje”, celebra.
Según vídeos enviados a EL PAÍS, algunos ciudadanos se han subido a los techos para gritar consignas contra Jameneí y el régimen. Payam expresa su apoyo a los ataques como represalia por la represión interna: “Este régimen es responsable de la muerte de decenas de miles de manifestantes”, subraya.

En Karaj, Vahid confirma que ha habido ataques a cuarteles militares en Garmdarreh. “Yo, que resulté herido por disparos de perdigones en las recientes protestas, si tengo la mínima oportunidad volveré a salir a las calles para manifestarme”, afirma. Además, señala que del Estado Mayor del Ejército, en la intersección de Ghasr, al este de la capital, se elevaba una columna de humo.
Mohsen, del barrio Shahrak-e Gharb, explica que las líneas de teléfono están interrumpidas y relata su experiencia al recoger a su hija de 13 años de la escuela: “Nada más oír las noticias fui a recoger a mi hija; muchos padres nos consolábamos mutuamente. Hoy mismo saldremos de la ciudad hacia nuestra casa de campo en el norte (en referencia a la región del Mar Caspio)”.
El sistema de seguridad y comunicación de Irán, como en casos anteriores, ha optado por la técnica del silencio mediático, la falta de información y la interrupción del acceso a internet para los ciudadanos. El país permanece en alerta mientras los ciudadanos intentan protegerse en medio del caos y la incertidumbre sobre la continuidad de los ataques.
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