El embajador de Estados Unidos en Bélgica busca rebajar la tensión tras ser reprendido por sus críticas a la clase política
Bill White se reúne con el ministro belga de Exteriores y asegura que se ha “vuelto al buen camino” en las relaciones bilaterales


Mientras se busca todavía una salida en París al pulso entre el embajador de Estados Unidos y consuegro de Donald Trump, Charles Kushner, y el Gobierno francés, el representante estadounidense en Bélgica, Bill White, ha dado visiblemente marcha atrás en su propio enfrentamiento con las autoridades nacionales. “Hemos vuelto al buen camino”, declaró White —empresario y millonario donante de la campaña del presidente republicano— tras reunirse el martes con el viceprimer ministro y responsable de Exteriores belga, Maxime Prévot.
Era la segunda cita ministerial de White en exactamente una semana: el martes anterior ya fue convocado a una primera reunión en la que se le recordaron “los límites de las funciones de un embajador” según la Convención de Viena, en respuesta a sus “inaceptables” críticas al ministro belga de Sanidad, Frank Vandenbroucke. White había acusado a través de la red social X al socialdemócrata flamenco de “antisemitismo” y “acoso a la comunidad judía” por la investigación judicial abierta el año pasado contra tres circuncidadores judíos que carecían de licencia médica.
Pese a esa primera llamada de atención, el estadounidense volvió a la carga durante el fin de semana, cuando anunció que Conner Rousseau, el líder del partido socialdemócrata flamenco Vooruit, al que pertenece Vandenbroucke, era persona non grata en EE UU por haber comparado a Trump con Adolf Hitler en un comentario realizado en sus redes sociales semanas atrás.
La respuesta belga no se hizo esperar. “No es función de un embajador alterar la política nacional”, le reprochó el lunes a White el primer ministro belga, Bart De Wever. Vooruit forma parte de la alianza de partidos que conforman el Gobierno federal que encabeza el nacionalista flamenco.
Al Ejecutivo de Bruselas le ha gustado tan poco la injerencia estadounidense en cuestiones nacionales como al vecino Gobierno francés, muy molesto por los comentarios del embajador Charles Kuschner en las redes sociales en relación con la muerte de Quentin Deranque, un joven miembro de un grupo de extrema derecha que murió el 12 de febrero en Lyon tras recibir una paliza por parte de militantes de ultraizquierda.
El embajador Kushner, al contrario que White en Bélgica, todavía no se ha personado ante el Ministerio de Exteriores francés; no obstante, tras anunciar París que vetaba el acceso de Kushner a los miembros del Gobierno, este se apresuró a llamar al ministro de Exteriores galo, Jean-Noël Barrot, para asegurarle que no volverá a interferir en los asuntos del país.
Una charla “directa”
Un día después de la reprobación de De Wever, el embajador estadounidense en Bélgica volvía al Ministerio de Exteriores para reunirse con Prévot, quien durante una charla “franca y directa” le dejó claro su malestar por sus ataques a políticos belgas. El también viceprimer ministro belga “reiteró el compromiso firme del Gobierno belga para combatir todas las formas de antisemitismo”. Según un comunicado de la oficina de Prévot remitido a la prensa nacional, White “reconoció que comentarios agresivos ad personam no eran apropiados”.
A la salida de la reunión, el embajador estadounidense insistió por su parte en que “no es apropiado que se compare al presidente de EE UU con alguien que mató a ocho millones de judíos”. Pero manifestó su esperanza de poder pasar página y “volver al buen camino” de las relaciones bilaterales, intención también expresada por la diplomacia belga. Ambas partes parecen dispuestas a enterrar el hacha de guerra tras la crisis diplomática.
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