La policía sigue investigando la antigua mansión del expríncipe Andrés mientras crece el debate sobre la monarquía británica
La firmeza de Carlos III en tomar distancia de su hermano logra un colchón provisional de alivio ante una crisis sin precedentes


Uno de los momentos en los que el expríncipe Andrés de Inglaterra logró abochornar más a los británicos —y ha habido un buen puñado de ellos— fue cuando aseguró que su experiencia de guerra en las Malvinas le había provocado una consecuencia física: la incapacidad de sudar. Era la excusa que utilizó en la infame entrevista que dio en 2019 a la BBC para negar su relación con Virginia Giuffre, la víctima de Jeffrey Epstein que señaló al hermano del rey. La mujer había contado cómo transpiraba el joven duque en la discoteca al bailar en uno de sus primeros encuentros.
“Ahora sí que suda”, ha titulado este viernes su portada el diario sensacionalista The Sun, con la foto de Andrés agazapado en el asiento trasero del vehículo en el que salía de la comisaría de Norfolk, donde estuvo detenido este jueves durante más de diez horas.
Los británicos se han despertado con un cóctel de satisfacción, sorpresa, estupor y confusión, tratando de digerir una noticia que ha dado la vuelta al mundo y ha provocado la mayor crisis constitucional sufrida por la monarquía de los Windsor desde la abdicación por amor de Eduardo VIII.
Andrés se encuentra de nuevo en su residencia provisional del complejo de Sandingham, a donde regresó a última hora de la noche después de un largo interrogatorio, previa toma de una muestra de ADN y de sus huellas digitales. La policía de Thames Valley comunicó a última hora que “el hombre detenido” (en ningún momento ha nombrado a Andrés, por indicación de los fiscales) quedaba en libertad “bajo investigación policial”.
El hermano del rey es sospechoso de un delito de conducta inapropiada en el desempeño de un cargo público. En pocas palabras, de haber filtrado información económica confidencial del Gobierno a su amigo Epstein durante los años en los que ocupó el puesto de enviado especial para el Comercio Exterior. Fue un nombramiento caprichoso y personalizado, a petición de Isabel II, para dar una ocupación a su ocioso hijo favorito. Pero lo cierto es que tenía rango ministerial, y permitió al entonces duque de York disponer de una plataforma inigualable para hacer negocios, establecer contactos y acumular comisiones.
Resultará complicado, en cualquier caso, construir la acusación de ese delito. No tiene una tipología fijada por ley. Es un concepto derivado de la common law, la jurisprudencia británica, elaborado a lo largo de los años y con muchas sutilezas. ¿Ejercía realmente Andrés un cargo público? ¿Prevaricó a conciencia? ¿Actuó con malicia en actos concretos relacionados con el puesto que ocupaba?
Todas estas dudas explican la situación de provisionalidad (“bajo investigación policial”) en la que ha quedado Andrés. Mientras los agentes policiales seguían este viernes adelante con el registro del Royal Lodge, la mansión que el hermano del rey ocupó durante más de dos décadas en el complejo del castillo de Windsor, la Fiscalía y la policía siguen analizando toda la información recabada para decidir el siguiente paso. Miles de documentos de Epstein, el interrogatorio a Andrés y las propias pesquisas llevadas a cabo sobre este asunto desde hace semanas. Todo lleva a pensar que el proceso será largo, y con él, la tortura del expríncipe y el quebradero de cabeza para el palacio de Buckingham.
A lo que hay que añadir una posible futura investigación sobre la participación de Andrés en la sórdida trama de tráfico sexual de mujeres que puso en marcha Epstein. Varios departamentos policiales la investigan ya, y algunos de los documentos publicados señalan directamente al expríncipe, bien por su mención directa a la hora de hablar de algunas de las mujeres que se transportaban como mercancía, bien por la conexión con el exduque de York de algunos de los vuelos investigados.
Hay, por el momento, una firme determinación del Gobierno, la policía y las instituciones para que todo este escándalo no sea, una vez más, metido en un cajón. El ex primer ministro británico, Gordon Brown, ha enviado a las fuerzas del orden material recopilado por él mismo sobre el uso de aeropuertos británicos por parte de la trama de Epstein para transportar mujeres hacia o desde el Reino Unido, el operativo conocido de manera infame como “Lolita Exprés”.
La respuesta del rey
La respuesta firme de Carlos III al conocer la detención de su hermano ha procurado a la corona británica un temporal colchón de alivio ante una crisis sin precedentes. A diferencia de ocasiones anteriores, en las que se procuró tapar el escándalo, o se respondió con medidas irrelevantes a ojos de los ciudadanos como retirar a Andrés los títulos de príncipe, duque o caballero de la Orden de la Jarretera, la reacción del palacio de Buckingham en esta ocasión ha sido tajante. “Que la ley siga su curso”, reclamó este jueves el monarca en un comunicado en el que ofreció “su apoyo y cooperación plenos” a la investigación.
Hay un consenso casi general en señalar que Carlos III ha hecho lo necesario, por doloroso que le resulte, para proteger la institución monárquica. Vernon Bogdanor, uno de los constitucionalistas más respetados del Reino Unido, profesor del King´s College de Londres y autor de la obra La Monarquía y la Constitución, se apresuraba en poner distancia entre el rey y las fechorías de su hermano. “El arresto de Andrés Mountbatten-Windor no suscita ninguna cuestión de naturaleza constitucional. Todos seguimos expresando nuestra simpatía con el rey, la reina, el príncipe y la princesa de Gales y otros miembros de la familia real que se entregan devotamente sin descansar al servicio público”, aseguraba Bogdanor, con cierta exageración que ayudaba a delatar la gravedad del asunto.
Jonathan Dimbleby, historiador, divulgador televisivo y amigo personal de Carlos III salía raudo en la cadena BBC a defender el papel del monarca y de las instituciones británicas: “Se ha demostrado claramente que la policía no le ha tratado [a Andrés] con guantes de seda simplemente por ser el hermano del rey. Le han tratado como a cualquier otro ciudadano”, resaltó Dimbleby, mientras intentaba poner en relieve la coherencia y firmeza del monarca.
Otros, sin embargo, como el movimiento Republic, que ha organizado manifestaciones, debates y eventos para poner en cuestión la monarquía desde la coronación de Carlos III, mostraron mucho mayor escepticismo y nivel de exigencia. La organización ha puesto en marcha en su página web un mecanismo para que los ciudadanos reclamen directamente a sus diputados la apertura de una comisión parlamentaria de investigación sobre las consecuencias del escándalo Epstein en el Reino Unido. Y reclama más respuestas de la casa real.
“Carlos y Guillermo deben comparecer juntos ante las cámaras. Tienen que hacer una declaración completa y responder a las preguntas de los periodistas. Una declaración que cubra más aspectos del caso. Deben explicar qué sabían, desde cuándo y por qué se cubrieron las andanzas de Andrés durante tanto tiempo”, reclama el grupo.
Es difícil que sus reclamaciones sean atendidas, pero el hecho en sí de que sean tomadas en serio y replicadas por algunos medios de comunicación, junto a la nueva actitud desplegada por el palacio de Buckingham, sugieren que el Reino Unido empieza por primera vez a rozar un debate serio y adulto sobre su monarquía.
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