La policía británica detiene al expríncipe Andrés por sus vínculos con el pederasta Epstein
El hermano del rey Carlos de Inglaterra fue despojado de todos sus privilegios tras aparecer salpicado en la trama del millonario estadounidense


Al menos seis vehículos policiales irrumpían a las ocho de la mañana de este jueves (nueve de la mañana en horario peninsular español) en el complejo de Sandringham, donde el expríncipe Andrés de Inglaterra vive desde que su hermano el rey le echó de su mansión de Windsor. Era el 66º cumpleaños del hijo de Isabel II. La sorpresa ha sido un terremoto que lleva camino de ser la mayor crisis de la familia real británica. Los agentes arrestaron a Andrés, acusado de conducta inapropiada en cargo público, por sus turbias relaciones y manejos con el multimillonario pederasta Jeffrey Epstein.
Horas antes, en una entrevista a la BBC, el primer ministro británico, Keir Starmer, señalaba que “nadie está por encima de la ley”, en referencia a las investigaciones policiales abiertas sobre el expríncipe.
La policía de Thames Valley ha emitido un comunicado en el que, sin nombrar a Andrés, confirmó su detención: “Como parte de una investigación, hoy hemos arrestado a un individuo de en torno a sesenta años de Norfolk, bajo sospecha de conducta inapropiada en un cargo público. Estamos llevando a cabo registros en varios domicilios en Berkshire y Norfolk. El hombre permanece bajo custodia en estos momentos. Por normativa nacional, no daremos su nombre”, dice la nota policial.
La nueva remesa de documentos y archivos de Epstein publicados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos han vuelto a poner de relieve la íntima y cómplice amistad del expríncipe y el financiero, así como una serie de actuaciones presuntamente delictivas llevadas a cabo entre ambos que han conmocionado a la opinión pública británica.
Uno de los correos, el que ha impulsado una actuación policial tan drástica como la llevada a cabo en la mañana de este jueves, revela cómo Andrés habría pasado a Epstein información económica confidencial del Gobierno, durante el tiempo en que ocupó el cargo de enviado especial para el Comercio Internacional. Se trataría de correos relativos a la relación del Reino Unido con Hong Kong o Singapur durante 2010.
Esa filtración, según la policía, podría suponer un delito de conduta inapropiada en cargo público, una acusación de extrema gravedad.
El expríncipe Andrés ha negado en todo momento todas las acusaciones en su contra. No solo lo relativo a la supuesta filtración de información económica, sino los nuevos datos que le vinculan con el tráfico sexual de mujeres, muchas de ellas menores, puesto en marcha por su amigo Epstein, hallado muerto en su celda en una cárcel de Nueva York en agosto de 2019.
En los nuevos documentos publicados por el Gobierno estadounidense hay fotos de Andrés en el suelo, reclinado sobre una mujer a la que no se le ve el rostro. El expríncipe parece estar masajeando el estómago de la joven mientras levanta la cabeza y mira a la cámara. No se especifica ni la fecha ni la localización de la foto, pero junto a ella se ha publicado también un intercambio de correos entre los dos hombres, en agosto de 2010, en el que que Epstein le avisa de que va a enviar al Reino Unido a una mujer rusa de 26 años para que la conozca su amigo.
La policía de Essex ha abierto investigaciones sobre el uso por parte del financiero del aeropuerto londinense de Stansted para enviar o sacar del Reino Unido a decenas de sus víctimas, la mayoría procedentes de Letonia y Rusia. Al menos uno de esos vuelos refleja una conexión con el ex príncipe Andrés.
El hermano del rey ya negoció un acuerdo extrajudicial multimillonario con Virginia Giuffre, la primera víctima de Epstein que le acusó en los tribunales de haber abusado sexualmente de ella en al menos tres ocasiones cuando era menor. Giuffre acabó suicidándose, pero dejó tras de ella unas memorias póstumas que relataron con escabrosos detalles sus encuentros con el hijo de Isabel II.
El problema no resuelto de Carlos III
La relación de Andrés con Epstein ha amenazado desde un principio con ser la mayor crisis de la familia real británica. Un problema heredado por Carlos III que no ha sabido hasta ahora atajar con firmeza.
Despojó a su hermano de todos sus títulos, incluidos los de príncipe, duque de York y miembro de la Real Orden de la Jarretera. Le apartó de cualquier responsabilidad pública como miembro de la casa real y le expulsó de la mansión de la que disfrutaba en el complejo del castillo de Windsor. Pero todos estos intentos de condenarlo al ostracismo social eran respondidos, por parte de Andrés, con gestos de arrogancia. Y por parte de la opinión pública británica, con insatisfacción y hastío. Eran gestos cortesanos exageradamente valorados por la prensa, pero que no se traducían en una exigencia concreta de responsabilidad.
En las últimas semanas, ante el escándalo de las nuevas revelaciones de los documentos de Epstein, el palacio de Buckingham señalaba por primera vez su disposición a colaborar con la policía en las investigaciones sobre el expríncipe. Su reacción era recibida con escepticismo por todos los críticos de la realeza británica, convencidos de que se trataba de una nueva patada hacia adelante que no se traduciría en consecuencias reales.
El arresto del ciudadano Andrés Mountbatten-Windsor este jueves, por sorpresa y en el día de su cumpleaños, puede ser la señal de que las cosas están cambiando, y de que el palacio de Buckingham ha comenzado a comprender que era su propia supervivencia, no la de Andrés, la que estaba en juego.
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