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Ucrania y Rusia retoman las negociaciones de paz impulsadas por Trump un día después de un gran ataque del Kremlin

Las conversaciones en Abu Dabi, en las que Washington también interviene, llegan después de que Putin pusiera en tela del juicio la tregua con un golpe a la infraestructura energética del país invadido en lo peor del invierno

Delegaciones de Ucrania, Rusia y Estados Unidas, recibidas por el presidente de Emiratos Árabes Unidos, Mohamed Bin Zayed

A 20 días de que se cumplan cuatro años del inicio de la invasión rusa a gran escala de Ucrania, las partes en conflicto, con Estados Unidos como facilitador, se han vuelto a dar cita en Abu Dabi para continuar con las negociaciones que pongan fin a la guerra. La cita se celebra un día después de un nuevo gran ataque ruso a la infraestructura energética ucrania, cuando en teoría, según los plazos que había anunciado el presidente estadounidense, Donald Trump, se encontraban en una tregua temporal.

No está muy claro, sin embargo, qué habían acordado Trump y su homólogo ruso. El líder republicano presumió el jueves 29 de enero de haber logrado el compromiso del presidente ruso, Vladímir Putin de no bombardear la infraestructura energética ucrania durante una semana. Esa supuesta pausa cubría hasta este jueves, cuando se espera un alivio en las temperaturas extremas de los últimos días, con mínimas que rondan los 20 grados bajo cero. O eso pensaron en Ucrania. El Kremlin confirmó, sin embargo, que se abstendría de bombardear hasta el domingo 1 de febrero y atacó intensamente en la noche del lunes al martes, con un récord de misiles balísticos. Horas después, Trump dijo que Putin había cumplido, porque lo que habían acordado era de domingo a domingo.

Ucrania ha aprendido a adaptarse a esa volatilidad e impredecibilidad trumpiana y trata de mostrar la mayor voluntad posible para avanzar hacia el fin de la guerra. Solo el 20% de la ciudadanía confía, sin embargo, en que el conflicto acabe en las próximas semanas o la primera mitad de 2026, según una encuesta del Kyiv International Institute of Sociology (KIIS) publicada esta semana.

La dureza de este invierno tiene a la población al límite, que sufre los ataques a la infraestructura energética, con cortes constantes —y en algunos casos permanentes— de suministros básicos como agua, luz y calefacción. Pese a todo, los ucranios no se rinden. Un 65% dice que está preparado para soportar la guerra tanto como sea necesario. Son más que en diciembre (62%), a pesar de que sus condiciones de vida han empeorado notablemente desde entonces.

Zelenski afirmó este lunes que habría “ajustes” en las conversaciones tras el ataque, sin especificar a qué se refería. Las reuniones a tres bandas que se retoman este miércoles y jueves en Emiratos Árabes Unidos pretenden dar pasos en las cuestiones técnicas que se empezaron a abordar el pasado 23 y 24 de enero, que las partes consideraron “constructivas”. Como ha explicado Rustem Umerov, el jefe de la delegación ucrania en Telegram, primero mantendrán un encuentro a tres bandas entre Estados Unidos, Ucrania y Rusia. Después se verán por separado para finalmente, volver a verse los tres para sincronizar sus posiciones.

Los negociadores empezaron a abordar en la ronda de enero aspectos militares para diseñar una estrategia de salida al conflicto. Tras un cambio en la composición de las delegaciones, los enviados están tratando ahora sobre mecanismos para la retirada, supervisión y procedimientos técnicos. Son pasos fundamentales antes de llegar a la parte política y a la firma de un eventual acuerdo, que Trump presiona para alcanzar antes del cuarto aniversario, el próximo 24.

La base para esta fase de las negociaciones es el plan de paz, favorable a Moscú, consensuado el pasado octubre por Steve Witkoff, enviado especial de Trump para Rusia, y Kirill Dmitriev, hombre de confianza de Putin. A partir de ese, y ya con participación ucrania, se elaboró un nuevo texto con 20 puntos, sobre el que trabajan ahora los negociadores. Entre otras cuestiones, se establece que una parte del frente de guerra se congele en las provincias de Zaporiyia y Jersón. Los rusos se retirarían de las zonas que han ocupado en las provincias de Sumi, Járkov y Dnipropetrovsk. El ejército ucranio no podrá tener más de 800.000 soldados y Kiev renuncia a formar parte de la OTAN.

La cuestión irresoluble por ahora es la cesión territorial de Donbás, que Rusia demanda y Ucrania rechaza. Moscú controla ya Lugansk, y entre el 75% y el 80% de Donestk, las provincias que forman esta región oriental; y quiere que Kiev le ceda lo que queda. Ucrania se niega. Es una zona estratégica para sus defensas y, social y políticamente, resulta inaceptable entregarla después de cuatro años de lucha y miles de vidas perdidas. La gestión de la central nuclear de Zaporiyia, que ahora está en manos rusas, también es otro tema sobre el que no hay acuerdo aún, pero que tiene más fácil solución.

Washington ha dado señales de estar con Moscú en el tema de Donbás y supedita la firma de las garantías de seguridad a ese punto. Como solución alternativa, ha propuesto que la zona que aún controla Ucrania sea un área desmilitarizada, una zona de nadie. Kiev desconfía enormemente de Moscú y pide, en todo caso, que si el país renuncia a ese terreno, Rusia haga lo mismo con un espacio equivalente en la zona ocupada.

Garantías de seguridad

Aunque Europa está ausente de la mesa de negociación que definirá su arquitectura de seguridad tras el conflicto, su implicación en las garantías para Ucrania es fundamental. Según avanzó el lunes el Financial Times, los aliados contemplan tres niveles de respuesta para asegurar que no se repita el fiasco de los acuerdos de Minsk, que se cerraron tras la anexión ilegal de Crimea y el inicio de la guerra de Donbás en 2014, después de los cuales Rusia retomó las hostilidades.

Ante cualquier ruptura del acuerdo por parte de las tropas rusas, se activaría en las primeras 24 horas una advertencia diplomática y cualquier acción que el ejército ucranio considere necesario. Si Moscú no cesa, entrarían en escena las fuerzas de la llamada coalición de voluntarios que han impulsado Francia y el Reino Unido. Pasadas 72 horas, se involucraría también el ejército estadounidense, la fuerza con capacidad disuasoria definitiva. Washington también ha ofrecido capacidades de monitoreo de alta tecnología para controlar el cumplimiento del alto el fuego a lo largo de los 1.400 kilómetros de la línea del frente.

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