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Los soldados que fallecieron en la guerra de Afganistán: uno de cada tres no era de EE UU

Los datos desmienten las declaraciones de Donald Trump en las que menospreció el apoyo de la OTAN en el conflicto, que se prolongó entre 2001 y 2021

Fuerzas británicas son atacadas por insurgentes talibanes cerca de Kajaki (Helmand, Afganistán)

En otra demostración de dar marcha atrás, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se desdijo el sábado de las declaraciones en las que atacó y menospreció la labor de las tropas británicas en la guerra de Afganistán (2001-2021): “Se quedaron en la retaguardia, lejos de la primera línea de batalla”, había afirmado el mandatario el jueves en el Foro Económico Mundial de Davos. Sus palabras irritaron hasta al primer ministro británico, Keir Starmer, generalmente más comedido en sus respuestas al republicano. Dos días después, Trump cambió de discurso: “Los grandes y muy valerosos soldados del Reino Unido [...], estuvieron entre los más grandes de aquellos guerreros”, publicó en su red social, Truth.

Los datos muestran que 3.609 militares fallecieron en acciones de combate durante la intervención en Afganistán, de los que 1.144 eran tropas no estadounidenses, casi uno de cada tres, según Icausalties, una base de datos que recoge todas las muertes militares en Afganistán a partir de informaciones de distintos medios de comunicación y comunicados gubernamentales.

Tras los atentados del 11 de septiembre del 2001 perpetrados por el grupo terrorista Al Qaeda contra Nueva York y Washington, EE UU emprendió una intervención militar masiva en Afganistán, en ese momento gobernado por los talibanes, que acogían al responsable principal de los ataques del 11-S, Osama Bin Laden, y albergaban numerosos campos de entrenamiento de la organización. En total, 42 países de la OTAN participaron en este conflicto, de los que 31 sufrieron bajas militares en acciones de combate. Esta recopilación solo incluye fallecidos en combate sobre el terreno y excluye otras bajas, por ejemplo, a los soldados españoles que fallecieron en el accidente aéreo del avión Yak-42. A bordo iban 62 militares que regresaban tras acabar su misión en Afganistán, cuando la aeronave se estrelló contra una montaña cerca de la ciudad turca de Trebisonda.

Aparte de EE UU, el país que más combatientes tuvo que enterrar fue precisamente el Reino Unido, con 457, seguido de Canadá (159), Francia (90) y Alemania (62). En el caso de España, fueron 35.

La mayor parte de estas bajas, un 90%, se produjeron entre 2001 y 2014. La misión la asumió la Fuerza Internacional de la Seguridad (ISAF, por sus siglas en inglés), liderada por la OTAN y bajo mandato de la ONU para combatir en el país de Asia Central.

En 2014, los aliados renunciaron al objetivo de implementar un nuevo régimen y optaron por entrenar a tropas afganas, capaces de asumir la seguridad del país, según Pol Bargués, investigador del Centro de Asuntos Internacionales de Barcelona (CIDOB). “Los años más conflictivos fueron 2008, 2009, 2010 porque [los aliados] quieren finalmente lograr la estabilidad en todo el territorio y no lo acaban de conseguir. Y entonces deciden planear una retirada del país”, señala Bargués.

Tras más de dos décadas de guerra, finalmente las tropas aliadas, incapaces de derrotar al régimen talibán, se retiraron entre mayo y agosto de 2021.

Félix Arteaga, investigador principal para Seguridad y Defensa del centro de análisis Real Instituto Elcano, asegura que, desde el principio, la intervención en Afganistán “no era una misión ni de reconstrucción del país ni humanitaria, sino militar en la que la mayoría de los soldados “fallecieron en los primeros años”. “Es una intervención fallida que dura 20 años”, coincide Bargués.

En cuanto a las declaraciones de Trump, ambos insisten en que el mandatario se equivoca. Arteaga asegura que “dice muy poco de la prudencia de un líder que aspira a ser un líder mundial. Son [palabras] espantosas, crueles, un insulto”. Y añade: “[Las tropas británicas] estuvieron tan cerca del frente como estuvieron los propios soldados estadounidenses”.

“Es rotundamente mentira”, condena Bargués. El investigador interpreta que el comportamiento de Trump es el reflejo de su intención cada vez más evidente de difamar a sus aliados europeos, atribuyéndoles la culpa por el fracaso de la misión. “La OTAN nunca consiguió penetrar las zonas más remotas del país, esto es cierto. Pero esa diferencia de que Estados Unidos lo hizo bien y la OTAN no, y por esto fracasó la misión, es esencialmente mentira. Se lo inventa Trump para acusar a los aliados y que EE UU salga como victorioso”, subraya.

El fracaso de la misión, según el investigador del CIDOB, se debió a varios factores, pero también permitió a la Alianza aprender para intervenciones futuras. Destaca principalmente la necesidad de contar con el apoyo de gobiernos locales —que en el caso de Afganistán nunca se logró más allá de la zona de Kabul, la capital— y de tener objetivos más claros y asumibles. Y enfatiza: “No por más recursos hay mejores resultados”.

“[El expresidente Joe] Biden dijo que uno de los problemas fue que hubo demasiados objetivos, demasiado ambiciosos, y que a partir de ese momento ya no harán más nation building, que se entiende como construir una nación, un Estado desde fuera”, explica Bargués.

Arteaga señala que el “fracaso” de la guerra de Afganistán y la actitud mostrada por el presidente generan “un sentimiento de desconfianza respecto a Estados Unidos”, por lo que, sentencia, “el distanciamiento de los aliados está servido”.

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