Albin Kurti, el antiguo agitador que podría llevar la ansiada estabilidad a los Balcanes
El primer ministro de Kosovo combina un fuerte respaldo electoral con un duro desafío hacia la minoría serbokosovar, una estrategia que choca con los intereses de Washington y Bruselas


Un conflicto en los Balcanes rara vez se soluciona con la acción de una sola persona. Pero el primer ministro de Kosovo, Albin Kurti, se encuentra ahora en una posición privilegiada para influir en la estabilidad de una región históricamente convulsa. Su partido, Vetëvendosje (Autodeterminación), obtuvo el 51,11% de los votos en las elecciones legislativas del 28 de diciembre, un resultado que desbordó incluso los pronósticos más optimistas. No está claro, sin embargo, qué uso hará Kurti de esa cómoda mayoría. Sus críticos lo definen como intransigente y terco, partidario del “todo o nada” cuando se sienta a negociar frente a Serbia. Sus defensores opinan, sin embargo, que Albin Kurti, de 50 años, es leal a sus principios e implacable contra la corrupción.
Antiguo activista estudiantil, ingeniero eléctrico de formación, nacionalista y progresista, Kurti acaparó los titulares de la prensa internacional en octubre de 2015 cuando, como líder de la oposición, arrojó en el Parlamento kosovar botes de gas lacrimógeno. Varios diputados necesitaron atención médica. En ocasiones previas, sus legisladores silbaron con pitos dentro de la Asamblea, lanzaron botellas de agua y hasta huevos a los ministros.
Kurti se oponía, sobre todo, a un acuerdo impulsado en 2013 por la Unión Europea, por el que se crearía la Asociación de Municipios de Mayoría Serbia, con importantes concesiones autonómicas. El entonces líder opositor decía que eso supondría “la bosnianización de Kosovo”, como si se fuera a crear un Estado dentro del Estado, similar a la República Srpska en Bosnia.
Kosovo proclamó su independencia de Serbia de forma unilateral en 2008, un estatus que cinco países de la Unión Europea aún no reconocen: Chipre, Rumania, Eslovaquia, Grecia y España. Tras la secesión de Serbia, entre los 1,8 millones de habitantes de Kosovo quedaron unos 90.000 serbokosovares. La cifra es aproximada porque muchos ciudadanos se niegan a participar en el censo. La relación entre el Gobierno de Kurti y esa minoría es la que concentra el principal foco de tensión del país, con episodios de violencia recurrentes. En el norte de Kosovo, donde hay cuatro municipios con un total de 50.000 serbokosovares, permanecen desplegados unos 4.500 soldados de la KFOR, la misión de la OTAN que actúa como colchón de seguridad entre la policía kosovar y la población serbokosovar.
Albin Kurti inició su primer mandato como primer ministro en febrero de 2020, pero su Gobierno cayó apenas cuatro meses después, tras una moción de censura promovida por su socio de coalición en plena pandemia. Regresó al poder en 2021 y encabezó hasta 2025 el primer Ejecutivo desde la independencia del país que lograba completar una legislatura de cuatro años. En las elecciones de febrero de 2025 venció con el 42% de los votos, pero no logró formar Gobierno, la parálisis legislativa fue casi total y acabó convocando elecciones anticipadas para el 28 de diciembre.
Hasta ahora, Kurti, con más de cinco años de experiencia en el poder y decenas de viajes oficiales al exterior, ha seguido oponiéndose a ofrecer más autonomía para los 90.000 serbokosovares. Y eso ha creado tensiones con los socios tradicionales de Kosovo, la Unión Europea y Estados Unidos. Richard Grenell, antiguo enviado especial de Donald Trump para los Balcanes (2019-2021), lo ha tachado en varias entrevistas como un “radical” o “izquierdista” que “prefiere tener razón antes que tener paz”.
Kurti llegó con su partido a las legislativas del 28 de diciembre atrincherado en sus posiciones y presionado dentro y fuera del país. Dentro, porque la oposición llevaba 10 meses de bloqueo institucional, alegando que por culpa de su “terquedad” el país estaba rompiendo puentes con Estados Unidos y la UE y quedándose solo frente a Serbia. Y fuera, porque Bruselas seguía y sigue presionando mediante las denominadas “medidas punitivas” (que se traduce en la congelación de fondos) por la falta de concesiones tangibles a los municipios de mayoría serbokosovar, emplazados en su mayor parte, en el norte de Kosovo, fronterizos con Serbia.
El periodista Eraldin Fazliu, de la cadena kosovar Kohavision-KTV, señala mediante intercambio de mensajes que la victoria “aplastante” de Autodeterminación se explica, entre otras razones, por la movilización masiva de la diáspora kosovar. Las elecciones se convocaron el 28 de diciembre para favorecer la llegada de los kosovares residentes en Alemania, Suiza y otros países de Europa occidental.
El resultado, explica Fazliu, permite a Kurti gobernar en solitario, aunque dependerá de los votos de la oposición para abordar reformas constitucionales y acuerdos internacionales, que requieren una mayoría reforzada. Entre las primeras decisiones pendientes figura la ratificación del Plan de Crecimiento de la UE, que prevé unos 900 millones de euros para Kosovo. A finales del pasado diciembre, la UE comenzó a levantar algunas de sus medidas punitivas y liberó 216 millones de euros iniciales. El resto del dinero bloqueado dependerá de la voluntad negociadora que muestre Kurti respecto a la minoría serbia.
El principal desafío interno del primer ministro, según Fazliu, será contener la inflación que cerró diciembre en un 5,3%. Y en el exterior, el mayor reto será responder a las presiones para alcanzar acuerdos con Serbia. Ambos países son candidatos para incorporarse a la Unión Europea. Pero ni Belgrado quiere reconocer a Kosovo como Estado ni Pristina pretende impulsar la Asociación de Municipios de Mayoría Serbia mientras Belgrado no reconozca la independencia de Kosovo.
El semanario The Economist advierte: “Ambos países se asemejan a una pareja separada y desdichada, incapaz de ponerse de acuerdo sobre los términos del divorcio: Serbia se niega a concederlo y, mientras no lo haga, Kosovo no puede prosperar. Agitar el puño contra Serbia puede ayudar a Kurti a ganar elecciones, pero para llevar prosperidad a su país necesitará una relación más cordial”.
Kurti hizo de la lucha contra la corrupción su bandera, y en el índice de percepción de la corrupción de Transparencia Internacional Kosovo pasó de ocupar el puesto 104 en 2020 al 73 alcanzado en 2025. Sébastien Gricourt, codirector del Observatorio de los Balcanes de la Fundación Jean Jaurès, cree que lo que ha permitido a Kurti ser reelegido, además de su lucha contra la corrupción, es la combinación de “políticas de reactivación económica y de redistribución social, en particular en favor de la emancipación y el empleo de las mujeres y los jóvenes”.

Gricourt prefiere hablar de coherencia frente a quienes le tachan de terco. “Su intransigencia a la hora de no apartarse de sus principios convierte a Kurti en un dirigente único en los Balcanes y, en mi opinión, incluso en un modelo europeo”, subraya. Gricourt opina que se hace un uso “excesivo” de la palabra “nacionalista” asociada al primer ministro. En su lugar, cree que se debería usar la de “soberanista”, ya que, según señala, el primer ministro ha actuado en el norte del país ejerciendo un soberanismo “que dos décadas de presencia internacional nunca se atrevieron a iniciar ni siquiera a concebir”.
Sin embargo, el anterior Alto Representante de la Política Exterior de la UE, Josep Borrell, llegó a criticar abiertamente a Kurti en 2022, ante un conflicto entre Belgrado y Pristina: “Debo decir, por el bien de la transparencia, que presentamos una propuesta… el presidente Aleksandar Vucic [mandatario serbio] la aceptó, pero lamentablemente el primer ministro Kurti no”.
La sucesora de Borrell, Kaja Kallas, felicitó a Kurti el 29 de diciembre a través de un comunicado conjunto con la oficina de Marta Kos, comisaria de Ampliación. La zanahoria de las felicitaciones no escondía el palo de la advertencia: “La normalización de relaciones entre Kosovo y Serbia sigue siendo el único camino. Esperamos que todas las obligaciones del Acuerdo sobre el Camino a la Normalización y los acuerdos pasados del Diálogo se implementen sin más demoras ni condiciones previas”. El mensaje implícito es nítido: si Kurti no cumple, Bruselas mantendrá bajo llave los casi 700 millones de euros pendientes del Plan de Crecimiento de la UE.
Ahora será el líder de Autodeterminación quien escoja su camino. El contexto internacional ya no está para botes de gas lacrimógeno. Y Bruselas ha dejado claro que el avance de Kosovo hacia la Unión Europea dependerá de su capacidad para cerrar acuerdos incómodos. El antiguo activista debe decidir si su legado será el de un líder que mantuvo la pureza de sus principios o el del estadista que arriesgó su capital político para asegurar el encaje definitivo de Kosovo en Europa.
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