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Francia comienza el reclutamiento de la nueva mili: “Quiero servir a mi país en tiempos difíciles”

El ejército galo recibe ya las primeras solicitudes para el Servicio Militar Voluntario mientras los centros de instrucción ven aumentar el interés de la ciudadanía por formar parte de las Fuerzas Armadas

Los anuncios han vuelto a la televisión, a los periódicos y a las marquesinas de autobuses. “Comprométete”. “Convierte tus dudas en coraje”. “Francia se sumerge en un mundo inestable donde las crisis se multiplican”, anuncia una voz en el spot audiovisual. Tiene razón. El clima geopolítico es propicio y los teléfonos de la centralita del centro de reclutamiento de París, junto a la escuela militar y al imponente palacio de los Inválidos, donde reposan los restos de Napoleón, no deja de sonar. “Sí, aquí es…”, responde una de las recepcionistas, vestida con uniforme de camuflaje del Ejército de Tierra. En la misma sala esperan dos chicos jóvenes, de unos 20 años, para comenzar las entrevistas. “Quiero servir a mi país en tiempos difíciles”, dice uno de ellos, a punto de entrar en una sala para empezar el procedimiento de reclutamiento convencional para el ejército.

Francia ha vuelto a instaurar el Servicio Militar Voluntario y desde hace dos semanas ha comenzado la primera fase del proceso de selección. El presidente de la República, Emmanuel Macron, ha subido el tono en los últimos tiempos y sus apariciones en bases militares se han multiplicado. Pero el clima prebélico y las tensiones internacionales, quizá también las necesidades económicas de algunos, han disparado el interés por las Fuerzas Armadas. Una encuesta de Le Figaro Magazine del 3 de febrero de 1996 indicaba que solo un 41 % de los franceses quería mantener el servicio militar de entonces. Hoy, ocho de cada diez apoya la reinstauración de la ‘mili’, según un estudio de Odoxa-Backbone Consulting para Le Figaro.

El servicio militar en Francia fue suprimido por Jacques Chirac en 1996. Enseguida, sin embargo, comenzaron los debates en torno a su necesaria reinstauración. En 2007, la socialista Ségolène Royal lamentó que había sido un “error”. Marine Le Pen propuso restablecerlo, pero con una duración de tres meses. Y en 2019, Macron terminó lanzando un Servicio Nacional Universal (SNU) civil destinado a restaurar cierta cohesión social. Por falta de financiación, acabó fracasando.

El Centro de Información y Reclutamiento de las Fuerzas Armadas (CIRFA) de París inscribe y prepara a candidatos para las tres ramas del Ejército: Marina, Tierra y Aire. El comandante Cédric, un militar inteligente y empático, curtido en misiones en Sahel, Líbano, Afganistán o Chad, es el jefe del reclutamiento para el ejército de Tierra (en toda Francia se alistan unas 16.000 personas anualmente). Cédric permite a EL PAÍS asistir a la preparación de un candidato para oficial, la graduación más alta a la que puede aspirar un recién llegado. El hombre, alto y robusto, vestido con traje y corbata, sabe la lección básica. “¿Cuáles son sus principales virtudes y defectos?“, le pregunta Cédric al aspirante. Por la ventana, un nuevo recluta se ejercita haciendo dominadas en una barra.

El ejército francés (unos 185.000 soldados) quiere reforzarse con el Servicio Militar Voluntario. El objetivo es reclutar a 3.000 jóvenes en su primer año y ampliar el número gradualmente, hasta 10.000 en 2030 y 42.500 para 2035. Alemania y Bélgica han puesto en marcha iniciativas parecidas. En el caso del país germano, el plan entrará previsiblemente en vigor a principios de 2026 y se enmarca en los planes de Berlín para mejorar su capacidad de defensa frente a Rusia. De esta manera, por primera vez en 15 años, todos los jóvenes alemanes de 18 años deberán responder de nuevo a la pregunta de si desean prestar servicio militar.

La nueva ‘mili’ de Francia, el único país de la Unión Europea que posee el arma atómica, se pondrá en funcionamiento el próximo septiembre, pero el proceso de reclutamiento ya ha empezado. La primera semana se recibieron en el CIRFA de París unas 50 llamadas. “No habrá plazas para todo el mundo. Creemos que se cubrirán de sobra. Hay muchos candidatos que habrán terminado sus estudios y querrán aprender algo durante un año”, explica en otro de los despachos del CIRFA la patrona Alexandra (no se permiten citar los apellidos), jefa del reclutamiento de la Marina. El Ejército del Aire y del Espacio ya está desbordado de peticiones: tiene a disposición 600 plazas, pero ya ha registrado más de 900 candidaturas para el nuevo servicio.

Para acceder a estos puestos, los aspirantes deben tener entre 18 y 25 años y presentar su solicitud antes de abril, estando prevista su incorporación entre septiembre y noviembre con un mes de instrucción. El programa garantiza alojamiento, comida y una asignación mensual de 800 euros, además de un descuento del 75% en los ferrocarriles nacionales. Unas condiciones pensadas para estudiantes o jóvenes sin una ambición universitaria.

El Parlamento podrá además ordenar reclutamientos forzosos en casos de “crisis mayor”. El nuevo servicio militar tendrá un coste de 2.300 millones para sus primeros cuatro años.

El comandante Cédric empezó en un regimiento como paracaidista. Viejo jugador de fútbol del Marsella, pasó por el viejo servicio militar antes de convertirse en profesional. “Es también una puerta de entrada a una profesión, a un salario y a unos valores”, señala. De hecho, en la división de Tierra, explica, las solicitudes convencionales aumentaron un 13% en 2025. “Más allá del conflicto geopolítico actual, hay una generación con un espíritu de comunidad muy fuerte, y aquí lo pueden encontrar. El mérito y el trabajo se recompensan. Pero la situación internacional, claro, acerca todavía más el ejército a la ciudadanía. La gente piensa qué puede hacer por su país y mira hacia nosotros”.

Los candidatos que suelen acercarse a estas oficinas forman parte de tres grandes perfiles, explica el comandante. “El que tiene vocación, que ha leído, ha tenido militares en la familia y jugaba desde pequeño con tanques de juguete”, apunta. “Con ellos es fácil”. Luego están quienes tienen una imagen un poco idealizada, piensan que es todo combate… Con ellos también es fácil. Pero también hay un perfil económico, cada vez más amplio, que no tiene trabajo y busca un apoyo en el Ejército.

El salario para un soldado de base es de 1.910 euros brutos. Pero tienen casa y comida. “No lo hacemos para ser ricos, pero puedes tener una familia. Y a eso hay que multiplicar por 2,5 cuando hay misiones en el exterior”, apunta.

La tendencia apunta a un rearme europeo y la necesidad de reclutamiento crece. Todos los países nórdicos y bálticos, algunos de los más próximos geográficamente a Rusia, poseen ya un servicio militar. Dinamarca, Estonia y Finlandia —además de Noruega, que forma parte de la OTAN, pero no de la UE— nunca llegaron a abolirlo. Tampoco Austria, Grecia y Chipre. Lituania y Suecia lo reintrodujeron en 2015 y 2017, respectivamente, tras la anexión rusa de la península ucrania de Crimea, mientras que Letonia esperó hasta 2023, después de que Rusia iniciara la invasión a gran escala de Ucrania, en febrero de 2022. En Suiza, que no pertenece ni a la OTAN ni a la UE, también hay servicio militar obligatorio.

El comandante Cédric está a punto de terminar la entrevista con el aspirante a oficial que, más o menos, se sabía la lección. Pero, ay, esto es Francia, y es incapaz de detallar sus lecturas militares actuales. “¿Qué libro tiene en la mesita de noche?”. Y se hace el silencio. “Mire, un militar que solo es un militar nunca será un buen militar”, le reprende Cédric amablemente. “De Gaulle decía que un oficial que no lee solo puede ser un criminal”. El aspirante asiente compungido.

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