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caso epstein

La Administración de Trump publica solo una parte muy censurada de los papeles de Epstein, aunque la ley le exigía difundirlos “todos”

El Congreso obligó al Departamento de Justicia a divulgar los documentos del millonario pederasta. El nuevo lote no contiene grandes revelaciones, pero sí decenas de fotos de Bill Clinton

El Departamento de Justicia de Estados Unidos cumplió este viernes, último día del plazo que le había dado por ley el Congreso de Washington, con la obligación de publicar los papeles de Jeffrey Epstein. Liberaron en una web creada ex profeso una cantidad ingente de información, pero, como admitió el propio Departamento de Justicia, no difundieron toda la que obraba en su poder. Y eso, pese a que la norma, que firmó a regañadientes el presidente Donald Trump, le exigía hacerlo.

Los papeles salieron a la luz a eso de las 16:00 (hora de Washington) tras meses de negativas de la Casa Blanca a difundirlos y una expectación desmesurada, que acabó, una vez más, en decepción. Había unos 13.000 documentos, muchos de ellos severamente censurados. A menudo, las tachaduras ocultaban páginas y páginas enteras; hasta 119 en uno de los casos.

Venían divididos por categorías: documentos judiciales de casos penales y civiles; información relacionada con la ley de transparencia; archivos que entregó en septiembre al Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes.... Solo con la lectura de la lista ya quedó claro que abundaban los materiales ya conocidos, como una lista de “masajistas” con 254 entradas que formaban una sólida masa de mancha negra, pues todos sus nombres aparecían borrados.

Un equipo de redactores de EL PAÍS se puso tras su publicación a peinar los archivos. Al final del día, aún no había sido posible efectuar un estudio completo de ese océano de documentos. Se pueden consultar aquí, e incluyen registros de llamadas, testimonios ante el gran jurado, transcripciones de entrevistas y vídeos y fotos sin contexto. La primera impresión fue que no contienen demasiadas revelaciones sobre lo ya publicado, salvo por nuevas imágenes con famosos (sobre todo, del expresidente Bill Clinton, pero también de Michael Jackson a Mick Jagger, y del príncipe Andrés al expresidente de Colombia Andrés Pastrana) y un documento, ese sí, trascendental.

Se trata del acuse de recibo por parte del FBI de la denuncia de Maria Farmer, una de las primera víctimas de Epstein, a la que los agentes prefirieron no dar crédito cuando en 1996 les contó que habían abusado de ella un poderoso financiero de Nueva York y su amiga, Ghislaine Maxwell, que hoy cumple 20 años de prisión por participar en los delitos del millonario pederasta. Farmer lleva casi treinta años tratando de probar que si le hubieran hecho caso entonces tal vez centenares de otras menores no habrían pasado por el trauma que aún la persigue a ella. Este viernes, que definió como “uno de los días más felices” de su vida, se sintió reivindicada.

Tampoco está claro cuánto es el material que queda por salir. En una primera batida sí lo estuvo que los papeles publicados provienen fundamentalmente de tres fuentes: la primera investigación por abusos sexuales en Florida, en 2005, el juicio en ese mismo Estado en el que el financiero salió en 2008 extraordinariamente bien parado y el proceso iniciado contra él en el momento de su muerte en Nueva York, en 2019. También, que Trump solo aparece mencionado un puñado de veces, y que Clinton, en cambio, está muy presente en decenas de fotos: en una de ellas aparece con una joven en su regazo, y en otra, en un jacuzzi con compañía femenina. La relación del demócrata con Epstein era conocida. No hay constancia, tampoco tras esta última desclasificación, de que, por más embarazosas que sean las imágenes, el político incurriera en ninguna actividad delictiva.

La fiscal general, Pam Bondi, tenía 30 días para difundir los papeles del millonario pederasta, que murió en 2019 en una celda de Manhattan (se suicidó, según certificó el forense) mientras esperaba a ser juzgado como cabecilla de una red de tráfico sexual de menores con centenares de víctimas, algunas de las cuales solo tenían 14 años en el momento de la agresión.

Horas antes de que expirara ese plazo, el vicefiscal general Todd Blanche ya advirtió en una entrevista a Fox News que no saldría todo el material. Para justificarlo, el Departamento de Justicia esgrime la protección de las víctimas y del nombre de las personas inocentes citadas en los papeles. Blanche, que dijo que 200 personas habían trabajado en el espigado de los archivos, también avisó que cabía esperar nuevas liberaciones en “las dos próximas semanas”.

Teniendo en cuenta cuáles son los protagonistas de esta nueva desclasificación y, sobre todo, cuáles no aparecen casi, fue razonable preguntarse si el Departamento de Justicia no habría escogido deliberadamente qué parte de los papeles les daría tiempo a procesar.

En una carta al Congreso enviada este viernes, el segundo de Bondi —que se reunió en verano durante nueve horas, en dos días separados, con Maxwell, que luego fue transferida a una cárcel de mínima seguridad en Texas— habló de “más de 1.200 nombres de víctimas o sus familiares” cuyos nombres se han tachado. “También hemos eliminado y no divulgaremos ningún material que pudiera permitir su identificación”, añadió, antes de explicar a los diputados que lo mismo habían hecho sus funcionarios con “más de una decena de personajes políticamente expuestos”.

La certeza de que esta vez tampoco se sabría toda la verdad supuso una decepción (otra) para las supervivientes de aquellos abusos, que acusaron al Gobierno de “encubrimiento”; para los políticos de ambos partidos que han peleado por arrojar luz sobre el caso y que denunciaron al Departamento de Justicia por no cumplir con su obligación legal; y para la opinión pública estadounidense.

Esta última lleva años intrigada por lo que pasaba a puerta cerrada en los círculos de poder en los que se movía el financiero, y en los que se codeaba con presidentes y expresidentes, figuras de alto relieve político (Lawrence Summers), filántropos (Bill Gates), personalidades de la extrema derecha (Steve Bannon), académicos (Noam Chomsky), miembros de la realeza británica o cineastas (Woody Allen).

Se trata de un siniestro culebrón cuyo final lleva años demorándose, y eso, como las decenas de páginas tachadas, sigue generado toda clase de teorías de la conspiración. También empañando reputaciones: salir en los papeles de Epstein, hombre extraordinariamente bien conectado en ámbitos como las finanzas o la política, no significa automáticamente ser culpable de ningún delito. Tampoco equivale a haber tenido conocimiento de los crímenes del financiero.

Que el final a esta truculenta historia tampoco llegase este viernes no pudo ser una sorpresa para nadie. La Administración de Trump pasó meses prometiendo que se haría la luz sobre los papeles del millonario pederasta, para después cambiar de idea en julio pasado. Desde entonces, algunos de sus más destacados miembros, con Bondi a la cabeza, han urdido toda clase de estrategias para no cumplir con sus promesas, y eso le ha provocado a Trump una fenomenal crisis entre su base de fieles del movimiento MAGA (Make America Great Again). Muchos ellos son también aficionados a las conspiranoias, pero tras la última liberación de papeles permanecieron en prudente silencio.

Todos los miembros de ambas cámaras menos uno, un republicano, aprobaron en el Capitolio la Ley de Transparencia con los Archivos de Epstein. Se daba por hecho que el nombre del presidente de Estados Unidos aparecería en los nuevos documentos, aunque no que lo haría tan poco, porque ha sido una presencia constante en las diferentes desclasificaciones que se han ido dando con el tiempo, gracias al empeño de las víctimas o de los miembros del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes. Estos, sobre todo del lado demócrata, han difundido una gran cantidad materiales en los últimos meses. El último lote, con unas 70 fotografías, llegó este jueves, y en él también hay un cruce de mensajes en el que dos personas hablan de “enviar chicas” de 18 años.

El presidente de Estados Unidos fue amigo del financiero pederasta durante unos 15 años. Dejaron de serlo −según Trump, por iniciativa suya− en 2004, antes de que Epstein fuera procesado por primera vez en Florida y saliera prácticamente indemne, pese a las decenas de testimonios de menores a las que este reclutaba con el reclamo de hacer de masajistas a cambio de dinero y que fueron tratadas por la fiscalía como prostitutas. El final de la relación entre ambos amigos llegó mucho antes también de que el magnate inmobiliario y estrella de la telerrealidad decidiera dedicarse a la política y acabase en la Casa Blanca. La sombra de Epstein nunca ha dejado de perseguir a Trump.

Además de dar ese plazo de 30 días, la ley, de tres páginas, obligaba a que el material publicado fuera fácilmente descargable, y que permitiera hacer búsquedas, aunque en la web del Departamento de Justicia publicada este viernes esa opción no funcionó correctamente durante las primeras horas.

La norma también autorizaba la censura de cualquier información que pueda ser comprometedora para las víctimas, así como de los materiales con descripciones de abuso sexual de menores, imágenes escabrosas o datos que puedan poner en peligro una investigación en activo o un proceso judicial en marcha. Bondi está también obligada a justificar esas censuras y el Congreso, a redactar un informe adicional que detalle el contenido tachado en un plazo de 15 días a partir de la publicación. Este expirará, por tanto, a principios de enero, en el caso de los documentos recién difundidos.

“Publicar una montaña de páginas censuradas viola el espíritu de la transparencia y la letra de la ley”, declaró en un comunicado Chuck Schumer, líder de la minoría demócrata en el Senado. “Por ejemplo, las 119 páginas de un documento estaban completamente tachadas. Necesitamos explicaciones sobre el motivo”.

Esas explicaciones, como muchos de los secretos que aún pesan sobre la telaraña de abusos y poder de Epstein, se están haciendo, una vez más, de rogar.

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