Estados Unidos cancela la excepción de minimis en sus aranceles para los paquetes de poco valor
Durante seis meses los remitentes podrán optar por una tarifa plana de 80 a 200 dólares por paquete


A partir de este viernes, recibir un paquete en Estados Unidos será mucho más caro. Eso, si el paquete llega: numerosos servicios de correos nacionales habían anunciado desde hace días que suspenderían la distribución hacia este país a la espera de instrucciones claras. Washington ha cancelado, con efecto desde este viernes, la cláusula conocida como de minimis que liberaba de pagar aranceles a los envíos por valor de menos de 800 dólares.
La medida, que Trump ya había prometido a principios de verano que aplicaría, representa una nueva escalada en la guerra comercial que Estados Unidos libra contra el resto del mundo durante el mandato del republicano.
Los próximos seis meses se considerarán una etapa de transición durante la que los remitentes podrán elegir pagar una tarifa plana de 80 a 200 dólares por paquete. El coste oscilará dependiendo del país de origen y los aranceles que Washington aplique a esa nación. El objetivo de ese plazo es dar a los servicios postales mayor tiempo para establecer sistemas que permitan recabar información sobre los remitentes y los contenidos de los paquetes.
La Agencia de Aduanas y Protección de Fronteras comenzará a partir de las 00.01 hora estadounidense (06.01 hora peninsular española) del viernes a cobrar el aranceles a todos los paquetes que se reciban, con independencia de su valor, si no optan por pagar la tarifa plana disponible en los próximos seis meses.
La Administración Trump ya había cancelado la cláusula de minimis (llamada así porque, en teoría, el coste de cobrar el arancel es mayor que el arancel en sí) para los paquetes que se recibieran de China y Hong Kong. La medida afectó sobre todo a las empresas que envían directamente por correo sus productos al consumidor, como Temu o Shein.
El paso supone que, a lo largo de los próximos meses, los consumidores estadounidenses empezarán a ver cómo se elevan las facturas de productos a los que se habían acostumbrado en su vida diaria llegados desde el exterior: desde ropa y textiles hasta productos alimenticios.
Según la Casa Blanca, la medida no solo contribuirá a engrosar las arcas federales, sino que también permitirá interceptar al menos parte del flujo de narcóticos y sus precursores que asegura que entra por esta vía en Estados Unidos. “Poniendo a este vacío legal, el presidente Trump salvará miles de vidas, al restringir el flujo de narcóticos y otros artículos prohibidos y peligrosos, y añadirá hasta 10.000 millones de dólares en ingresos arancelarios a nuestro Tesoro”, ha declarado el asesor económico presidencial Peter Navarro.
El cambio, insiste la Casa Blanca, va a ser permanente. Cualquier intento de lograr excepciones para otros países, por estrecha que sea la relación comercial, “no llegará a ningún lado”, ha asegurado un alto cargo que habló con los periodistas bajo la condición del anonimato.
En días previos a la entrada en vigor de la medida, los servicios de correos de diversos países y bloques comerciales, desde México a la Unión Europea, habían anunciado la suspensión de sus envíos hacia Estados Unidos a la espera de recibir instrucciones sobre cómo se cobrarían estas tasas. El alto cargo aseguró que Washington colabora con el servicio postal estadounidense y gobiernos extranjeros para asegurarse de que “los problemas se reducen al mínimo”.
En 2024, se enviaron un total de 1.360 millones de paquetes bajo esta exención, por bienes con un valor de 64.600 millones de dólares, según datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos.
Nueve años después, el volumen se ha multiplicado por diez y se calcula que en 2024 se movieron en EE UU 1.400 millones de paquetes, poco más de cuatro millones al día.
Desde que se eliminó la cláusula para China y Hong Kong, ese número ha caído a un millón al día. Pero, según el alto cargo, si no se ampliaba la cancelación al resto del mundo, se corría el riesgo de que los remitentes chinos desviaran los envíos a un tercer país para esconder el origen real de los paquetes.
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