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TRABAJAR CANSA
Opinión

Los humanos primero

Tras una invasión marciana, los terrícolas tendrían problemas para explicar qué es un país y por qué algunos son mejores que otros

Santiago Abascal junto a Manuel Gavira en la Plaza de las Pasiegas, Granada, el pasado 16 de abril. Álex Cámara (Europa Press )

Un día llegaron los marcianos y dominaron el mundo en cuestión de días. Antes habían estado observándonos para conocer nuestras costumbres y que el primer contacto no fuera problemático. Así que usaron la ley del más fuerte, que les pareció una forma estupenda de arreglar las cosas. No obstante, hubo objeciones y uno de los gobernantes indígenas más llamativos, porque era grandón, naranja y con el pelo rubio, así como los de otros países que decían ser más importantes, por ser más ricos, alegaron que debían respetarse los derechos humanos. Los marcianos se quedaron perplejos. Habían oído hablar de ello, pero desde fuera les había parecido una cuestión menor. Se podía matar a un montón de gente sin mayor problema o incluso hacer desaparecer en una noche una civilización. Además, ellos no eran humanos, no se sentían obligados. Normal que un humano sí, pero ellos no. Entonces estos terrícolas que se habían erigido en portavoces de la humanidad cambiaron de estrategia, precisaron que ellos merecían cierta prioridad, aunque los marcianos no entendían por qué. Los humanos les parecían todos iguales, pero por lo visto entre ellos se distinguían. Contaron que había países y que los suyos en concreto eran distintos y mejores. ¿Países? Es que hemos dividido el suelo con rayas, les explicaron. Los marcianos sacaron sus imágenes de la Tierra captadas desde el espacio profundo, pero no veían nada, y cuando les explicaron que eran líneas imaginarias, no reales, entendieron todavía menos.

Como insistieron tanto, les hicieron caso. Les confiaron las tareas más urgentes, como limpiar los retretes de sus inmensas naves espaciales. “América primero”, dijeron. “Españoles primero”, argumentaron. Pero hubo una fuerte discusión y se replantearon estrategias. Surgieron movimientos contrarios: “América última”, “Españoles al final”. Un nacionalismo al revés. Se indicó la posibilidad de hacerlo por orden alfabético, pero Alemania protestó y se apostó también por el orden alfabético inverso: “Zimbabue primero”. Fue el lema de moda ese verano en Europa y Estados Unidos, con grandes manifestaciones de la ultraderecha.

Los extraterrestres estaban confusos y tras la visita de una delegación de Junts se les acabó la paciencia con los humanos. Decidieron mezclarlos. Si alguien decía: “Es que yo soy austrohúngaro”, le ponían el primero, por pesado. Así que la gente dejó de decirlo. Dejó de haber prioridad nacional, sobre todo desde que las autoridades marcianas les quitaron a todos, no tanto el pasaporte, como la tarjeta de crédito. Habían concluido que ese era el auténtico documento de identidad, pues quien lo tenía viajaba a cualquier país sin problema, era bien recibido y hasta les daban la nacionalidad y se compraban pisos. Es más, hicieron el experimento de coger a un español, un alemán y un francés, como en ciertos relatos orales que habían estudiado, dejarlos caer en el Sáhara y no hubo ninguna diferencia con sus congéneres: los tres se afanaron por salir de allí y llegar como fuera a lugares más agradables.

La población terrestre se vio así ante la evidencia de que eran todos iguales. Surgieron movimientos nacionalistas, pero a escala planetaria: “Prioridad terrícola”, “Humanos primero”. Al cabo de un tiempo los marcianos empezaron a aburrirse. En realidad habían ido de visita, sin pensar en aportar nada a la economía local, ni arraigarse ni nada. Total, que un día se fueron como habían venido, y los humanos volvieron a sus cosas. Bielorrusos, andorranos, todo el mundo corrió a recuperar sus pasaportes. Por fin se restablecieron las prioridades.

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