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TRABAJAR CANSA
Columna

Nosotros (y los Blues Brothers) somos los tiempos

En este choque entre Donald Trump y el Papa, me da tranquilidad saber que León XIV comparte los valores de la película de John Belushi y Dan Aykroyd

Robert Francis Prevost, el Papa León XIV (cuarto desde la izquierda, con gafas de sol), disfrazado de uno de los protagonistas de 'The Blues Brothers' cuando tenía 25 años.Vatican News

En 1949 nacía en un barrio de Chicago, de inmigrantes albaneses (hoy le esperarían a la salida del colegio y sería deportado), un tipo muy gracioso que tuvo una revelación al descubrir el blues. Formó un grupo y luego incluso hizo una película, cuya historia es la siguiente: dos hermanos, Jake y Elwood, tienen una iluminación en misa y deciden salvar de la quiebra un orfanato. Por el camino, su mayor oponente es un grupo nazi, y Jake enuncia una declaración de principios que podría ser el undécimo mandamiento: “Odio a los nazis de Illinois”. Lo habrán adivinado, es John Belushi, y el otro, Dan Aykroyd (canadiense, hijo de inmigrantes, también sería deportado): los Blues Brothers. De pocas palabras, vestidos siempre igual y con una misión divina. Pues bien, a otro chico hijo de inmigrantes de Chicago (igual, sería deportado), nacido en esos años, le encantó la película. También habla poco, viste siempre igual y tiene una misión divina. Hay una foto suya de juventud disfrazado como uno de los Blues Brothers (facilitaba las cosas que era cura, ya llevaba el blanco y negro de serie y solo tuvo que ponerse sombrero y gafas de sol). Se trata de Robert Prevost, el actual papa León XIV.

Al margen de lo que uno crea o no crea, más allá de San Agustín, que sí, es un santo muy importante, a mí, lo que me da cierta confianza en este Papa es que comparta los valores de los Blues Brothers, incluido el undécimo mandamiento. Es una referencia en tiempos de zozobra. Prevost suele citar una frase de San Agustín: “Vivamos bien y los tiempos serán buenos. Nosotros somos los tiempos”. Estos son los tiempos de Trump, qué duda cabe, y muy buenos no son, así que supongo que la misión divina de cualquier persona de bien es, como desde la noche de los tiempos, oponerse a los nazis de Illinois, que siempre han estado ahí, incluso antes de que existiera Illinois. Asistimos a un choque de imperio y papado, como en los mejores conflictos medievales, que tiene la virtud de aclarar el debate sobre en qué cree realmente la gente. Y en concreto esta ultraderecha paleta global, y el mundo conservador que tontea con ella, cuando dice representar los valores cristianos: ¿con quién están, con el Papa o con Trump?

Estos nazis de Illinois presumen mucho de valores, pero luego creen en cualquier cosa. El jefe del Pentágono, Pete Hegseth, lleno de tatuajes de las cruzadas, citó el otro día un pasaje de la Biblia para justificar la guerra de Irán que a todo el mundo le sonaba de algo, aunque no de la Biblia. Y, en efecto, lo sacó de Pulp fiction, la célebre parrafada del profeta Ezequiel que Samuel L. Jackson soltaba a sus víctimas antes de liquidarlas. Lástima que Tarantino se lo había inventado libremente. Pero se ve que la idea de la fe del jefe del Pentágono es la de un asesino de la mafia. Otro caso notable es el de Gregg Phillips, conspiranoico al frente de la Agencia Federal de Emergencias, toda una garantía de tranquilidad. Este señor ha contado que ha sido teletransportado varias veces. Yo he pensado lo mismo algunas noches de sábado, aunque luego he barajado otras hipótesis, pero este señor, por lo visto, no. Dice que un día iba en coche y fue teletransportado hasta una iglesia que estaba a 65 kilómetros, con coche y todo. Otra vez le apetecía ir a un restaurante que estaba a 100 kilómetros y apareció allí. “No es en absoluto divertido. Sabes que está ocurriendo, pero no puedes hacer nada, simplemente te dejas llevar”. Mira qué definición tan acertada de cómo se ha tomado a Trump la derecha supuestamente seria.

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