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TRABAJAR CANSA
Columna

Epstein, Thiel, Bannon: aaah, la oscuridad

Los medios destapan historias incómodas, como la del empresario que organizó una red de pederastia, y, al mismo tiempo, se hacen recortes en grandes diarios como ‘The Washington Post’. El plan es menos periódicos y más caos

Melania Trump, Jeffrey Epstein y Ghislaine Maxwell

No hay que ser un genio para hacer el cálcu­lo: Jeff Bezos, el dueño de Amazon y de The Washington Post, se gasta 75 millones en el documental sobre Melania Trump, y después del estreno despide a 300 personas del periódico (con un e-mail, como le pasó a la enviada a la guerra de Ucrania). No era cuestión de dinero, que le sobra, porque está claro que la película no es un negocio. En España el primer fin de semana recaudó solo 5.373 euros, que ya es una barbaridad, porque piensen que no es gente que la vio en casa: ¡fue al cine a verla! Cuando Bezos compró el célebre periódico en 2013 tampoco fue para sacar pasta, supongo que pensó que le podía ser útil y estaba a buen precio: el Post iba mal y a él le venía bien. Los ricos y poderosos, en Washington o en Ulán Bator, siempre han querido tener mano en un periódico. En el mejor de los casos porque les hace ilusión, y en otros, para mangonear. Desde luego últimamente no es para forrarse. Más bien se pasan por el forro la leyenda, vivimos una época de demolición. En Italia los Agnelli venden su histórico diario, La Stampa, y ante el temor de los tifosi de que también vendan la Juventus han dicho: “Nuestros valores no están en venta”. Los del fútbol, claro, los otros sí. Este es el clima de nuestro tiempo.

La élite empresarial y tecnológica de EE UU pagó con donaciones estratosféricas la investidura de Trump, donde se pasó lista a los adictos al nuevo régimen: 239 millones de dólares netos. Amazon, de Bezos, puso un millón, que era la cuota media. Como Google, Meta, Nvidia, Apple, OpenAI. También apoquinaron bancos, petroleras, farmacéuticas, firmas de criptomonedas. Pero son cifras ridículas al lado de las fortunas que se donan en las campañas electorales, tanto republicana como demócrata. Cualquiera de estos magnates podría comprar el Post y financiarlo 100 años. Yo no sería un buen millonario, porque si me sobraran las montañas de dinero de estos señores haría un periódico alucinante, tendría corresponsal hasta en el Polo Norte, pero es que hacer el mejor periódico posible sí que da miedo a esta gente. Por eso el plan es menos periódicos y más caos. Para crear adictos al régimen, qué mejor que la desinformación en redes sociales, que producen adicción.

Lo que sale del caso Epstein es muy instructivo. En 2016, tres días después del Brexit, le decía a Peter Thiel, paladín del tecnofascismo y dueño de Palantir, firma de datos, seguridad e IA: “Esto es solo el comienzo. Regreso al tribalismo. Contra la globalización. Increíbles nuevas alianzas. (…) Encontrar cosas a punto de derrumbarse era mucho más fácil que encontrar la próxima ganga”. También era muy amigo de Steve Bannon, ideólogo de cabecera de Donald Trump, que en 2018 empezó a recorrer Europa para financiar la ultraderecha y que triunfara en las elecciones europeas de 2019. Bannon le confirmó que ya era consejero de Le Pen, Salvini, Orbán, AfD y demás elementos. Estaba emocionado: “Podemos pasar de 92 a 200 escaños y bloquear cualquier ley sobre criptomonedas o cualquier cosa que queramos”. Epstein le dijo que estaba haciendo un gran trabajo: “Espero que estés sentado en las rodillas de Salvini”. Y Bannon respondió: “Al contrario”. Réplica final de Epstein: “Lol. Pero él no se da cuenta. Aaah, el poder de la oscuridad”. Aaah, recuerden el lema en la portada de The Washington Post: “La democracia muere en la oscuridad”. La buena noticia es que en aquellas elecciones los votantes decidieron otra cosa y que ahora los periódicos estamos contando todo esto. Aunque Salvini es vicepresidente del Gobierno italiano. Eso es lo mágico, que aquí seguimos a pesar de todo.

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