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La campeona olímpica Lindsey Vonn se rompe en plena final de descenso en los Juegos de Milano Cortina

La estadounidense aspiraba a medalla pese a que se lesionó la rodilla izquierda durante la última prueba de la Copa del Mundo previa a los Juegos de Invierno

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El momento del rescate a la equiadora Lindsey Vonn
Lindsey Vonn, en el momento en que pierde el equilibrio antes de la caída en la final de descenso. Foto: Jacquelyn Martin (AP)

La campeona olímpica Lindsey Vonn, estrella de los Juegos de Invierno que se celebran estos días en Milano Cortina, se ha roto en la final de descenso cuando aspiraba a una medalla pese a que se lesionó la rodilla izquierda durante la última prueba de la Copa del Mundo. La deportista, premio Princesa de Asturias de los Deportes en 2019, ha dejado en silencio las pistas cuando todos esperaban su gran regreso. Se marcha lesionada de los Alpes tras una bajada accidentada.

Se asomaba Lindsey Vonn a la vertiginosa pista de Tofane, summum de peligrosidad y belleza alpina donde los esquís surcan pendientes de hasta el 65% y se disparan, incontrolables, hasta los 140 kilómetros por hora, y la estación de Cortina d’Ampezzo contiene su aliento. No es un lugar cualquiera para la estadounidense, que a sus 41 años, una rodilla de titanio y la otra con los ligamentos recién destrozados, ha ganado doce pruebas de la Copa del Mundo allí, más que ningún otro deportista en la historia, hombre o mujer.

Sonrió allí por vez primera en 2004, cuando algunas de sus hoy competidoras aún no habían nacido, tras lograr con 19 años su primer podio mundialista. Allí testó sus piernas, y sobre todo su cabeza, el pasado viernes, donde, cauta tras la abrupta caída en Cras Montana (Suiza), su primer gran revés tras volver a la élite en 2024, terminó a algo más de segundo y medio del mejor tiempo en la primera sesión de entrenamiento. El sábado, ya con las sensaciones a tono, y su carta medalla olímpica en el punto de mira, la de Minnesota marcó el tercer mejor tiempo, a solo tres décimas de su compatriota Breezy Johnson.

Un día después, todos animan y jalean a la leyenda del descenso, que se lanza montaña abajo y flexiona las rodillas lastimadas para embalarse y perseguir un sueño al que ni lesionada quiso renunciar. Llega sin embargo el jarro de agua fría en la segunda curva, cuando el brazo derecho de la estadounidense se engancha en la puerta de entrada a la diagonal Pomedes, tramo técnico al que da nombre uno de los más transitados refugios de los Dolomitas, y la física se encarga de hacer el resto.

Clavada sobre la nieve que dominó como ningún otro ser humano, inmóvil hasta la llegada de los servicios médicos, Vonn rompe en llanto desconsolado. “¡No puedo, no puedo!”, grita tras el revolcón en la soledad de un valle ya enmudecido. Todos miran a las cámaras y cruzan los dedos a los pies de la estación, también Johnson, poseedora del mejor tiempo en la final olímpica, ahora interrumpida. Solo los aplausos rompen un silencio en el que nadie se atreve a verbalizar el temor común: Tofane acaba de firmar ante sus ojos el doloroso punto y final de su mayor mito, la esquiadora que, retirada en 2019, harta ya del dolor en sus rodillas, decidió volver en 2024 para desafiar a la ciencia y abordar lo improbable.

No pudo ser esta vez. Con la final olímpica reanudada, la triple medallista olímpica, esquiadora más longeva en ganar nunca una prueba de la Copa del Mundo —lo hizo el pasado diciembre en St. Moritz (Suiza), con 41 años y 55 días— y premio Princesa de Asturias de los Deportes en 2019, se somete a esta hora a pruebas médicas en un hospital del norte de Lombardía. Triste final para una carrera inolvidable.

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