Eileen Gu, tan estadounidense como china, riega de millones el arranque de los Juegos Olímpicos de invierno
Nacida y criada en San Francisco, donde aún reside, pero representante del gigante asiático, la reina del estilo libre se ha establecido como una de las deportistas mejor pagadas de la década


Cuando Eileen Gu (San Francisco, 22 años), aún torpe para sostenerse en pie, aprendió a dominar los esquís en las laderas del lago Tahoe, muros de interminables pinos donde Francis Ford Coppola brindó un hogar a la familia Corleone en El padrino II, Lindsey Vonn ya había acariciado la medalla olímpica en dos ediciones de los Juegos de invierno. Es una de las muchas paradojas que unen a dos nombres, dos inconfundibles estrellas de la nieve moderna, que, con 19 años de diferencia, confluyen desde esta semana en lo más alto de los Dolomitas italianos, sede de las vigesimoquintas Olimpiadas invernales de la historia.
Nacida y criada por su madre y su abuela en Sea Cliffs, una de las zonas residenciales más exclusivas de San Francisco, Gu creció contemplando el Golden Gate desde la mansión que su madre Yan, de origen chino, había comprado tras finalizar su maestría en bioquímica y biología molecular en la Universidad de Auburn. Sin la compañía de su padre biológico, estadounidense y del que apenas consta información oficial, Gu conoció el esquí a los tres años de edad, cuando su madre, instructora de esta disciplina, le enseñó a disfrutar deslizándose sobre el manto blanco montaña abajo.
Fue años después, ya con 16 y al borde del profesionalismo, cuando Gu decidió defender la bandera china en lugar de la estadounidense, una decisión que siempre ha justificado como una forma de “honrar” las dos partes de su identidad, eligiendo una de ellas para competir en esquí de estilo libre. Precisamente en los Juegos Olímpicos de Pekín, ya en 2022, llegó el boom que todavía hoy rige su vida: con apenas 19 primaveras, mechones rubios y mirada aún infantil, Gu se colgó dos oros, en halfpipe y big air, y una plata olímpica, en slope, ante el regocijo del público local, encantado de abrazar a su nueva diosa del deporte.
Poco afectó a la causa que el gigante asiático no reconozca en su legislación la doble nacionalidad, una condición inherente al deporte y a la sociedad moderna. “Mi identidad no la define un documento”, ha remarcado ella en numerosas ocasiones, siempre reacia a entrar en confrontaciones políticas, algo que, eso sí, no le ha librado de recibir críticas en las redes sociales, donde ciertos sectores de la sociedad china la han acusado desde su salto a la fama de poco patriótica o incluso de utilizar la nacionalidad para explotar el rédito personal.
Another gold for the host country's star Eileen Gu!!
— The Olympic Games (@Olympics) September 7, 2025
Eileen Gu 🇨🇳 made history at #Beijing2022, becoming the first freestyle skier to win three medals in three different events at a single Winter Olympics. She took gold in halfpipe and big air, and silver in slopestyle. 🥇🥇🥈… pic.twitter.com/D90KhpKwvR
Lo cierto es que, descorchada la selecta botella del éxito deportivo, y con la llave del mercado asiático en la mano, Gu se convirtió en un reclamo publicitario a nivel global. Ligada a empresas relacionadas con el esquí desde su debut en la élite —The North Face, Red Bull, Faction Skis—, la esquiadora china de origen estadounidense comenzó a cerrar acuerdos multimillonarios con firmas de lujo, bancos y gigantes de la telecomunicación, tarea que compaginó con una de sus grandes pasiones, la pasarela, donde, aupada por la agencia IMG Models, llegó a desfilar para marcas como Louis Vuitton o Victoria’s Secret.
Tan lucrativo fue el impacto, que desde 2022, su gran temporada en la nieve, Gu no ha dejado de aparecer entre las cuatro deportistas mejor pagadas del mundo según la revista Forbes: tercera en 2022, segunda en 2023, tercera, de nuevo, en 2024 y cuarta, su peor dato, en 2024. Este último curso, la de San Francisco se embolsó 23,1 millones de dólares, cuantía solo superada por tres tenistas: la inamovible Coco Gauff (33 millones), líder de las dos últimas listas, Aryna Sabalenka (30) e Iga Swiatek (25,1).
La diferencia entre ellas, no obstante, reside en el origen de tan boyantes ingresos. Mientras que las tenistas, ancladas a las primeras posiciones del ránking, recibieron el grueso de sus beneficios por su actividad en la pista, solo 100.000 de los 23,1 millones de dólares que percibió Gu llegaron del esquí, esto es, menos de un uno por ciento del total. La cantidad restante provino de la publicidad y los acuerdos extradeportivos, un campo en el que la deportista nacida en California roza la primera posición del ránking (genera 23 millones por los 25 de Gauff, única mujer que la supera en la tabla).
“Me alegra que ahora haya suficiente dinero en este deporte como para que los deportistas, especialmente los más jóvenes, puedan ver aquí un futuro realista y esperanzador”, explicó Gu a la revista Time, donde admitió ser capaz de hablar inglés y mandarín con idéntica fluidez. “Al final, a quienes se adentran en este mundo les diría que no tengan miedo de defender su valor [económico], o al menos de intentarlo. Lo peor que puede hacer alguien es conformarse o quedarse a medias. [...]. Yo lo he conseguido. He creado mi propio camino para lograrlo”.
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