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Lindsey Vonn se aferra al milagro y buscará la medalla olímpica con el ligamento cruzado roto: “No me voy a rendir”

La estadounidense se lesionó la rodilla izquierda el pasado viernes durante la última prueba de la Copa del Mundo previa a los Juegos Olímpicos de Invierno que arrancan este fin de semana

Lindsey Vonn

Todo parecía un guion perfecto en el apacible invierno de Lindsey Vonn hasta el pasado fin de semana, cuando, en la última prueba de la Copa del Mundo de esquí alpino antes de los Juegos Olímpicos que arrancan este viernes, la estadounidense, leyenda absoluta de la disciplina, perdió el control de sus esquís en una velocísima curva a derechas y terminó atrapada por las redes de seguridad de la imponente estación de Crans Montana, en Suiza. “Vonn se ha caído, ¡Vonn se ha caído! ¡Que alguien nos despierte de esta pesadilla!”, alertaban desde la retransmisión norteamericana mientras varias rivales se echaban las manos a la cabeza a los pies de la estación.

Inmóvil durante algo más de dos minutos, la esquiadora de Minnesota pudo recuperar la estabilidad con ayuda de tres auxiliares de pista, pero pronto notó algo extraño en su rodilla izquierda. Vonn trató de movilizarla una, dos y hasta tres veces. Y dolía. Algo no andaba bien. Pero se incorporó a la pista, completó el descenso a menor velocidad de la que acostumbra y cruzó el arco de meta entre la ovación de un público que aún se mostraba compungido.

“Me he caído y desde el primer momento tenía claro que me había lesionado la rodilla izquierda, algo difícil de asimilar a apenas una semana de que empiecen los Juegos Olímpicos”, lamentó Vonn ya desde un hospital alpino donde fue trasladada en helicóptero. “En cualquier caso, mi sueño olímpico no ha terminado aquí”.

Cuatro días después, con la llama olímpica a punto de llegar al pebetero que ya ardió en los Alpes italianos hace siete décadas, en los Juegos de 1956, Vonn ha confirmado su propio diagnóstico en una multitudinaria rueda de prensa celebrada en Cortina d’Ampezzo. “Bueno, ha llegado el momento de decirlo: el pasado viernes me rompí por completo el ligamento cruzado anterior de mi rodilla izquierda”, ha arrancado la estadounidense, rostro serio. “También sufrí una contusión ósea, algo muy común en este tipo de lesiones, y un desgarro en el menisco de la misma rodilla”.

“Después de varias consultas médicas, terapia intensiva y muchas pruebas, hoy he conseguido esquiar por primera vez, así que he decidido que estoy en condiciones de competir en la prueba de descenso de este domingo”, ha añadido Vonn, que ya se perdió los Juegos de Sochi, en 2014, por la misma lesión, por aquel entonces en su rodilla derecha. “Por supuesto, todavía tengo que prepararme para llegar a competir este domingo en unas condiciones aceptables, pero confío plenamente en la capacidad de mi cuerpo para rendir”.

Hasta 2019, año en el que anunció su retirada como esquiadora profesional, Vonn se rompió los ligamentos de sus dos rodillas en varias ocasiones. Ahora, poco más de un año después de anunciar su inesperado regreso a la élite, y justo tras convertirse en la ganadora más veterana de una prueba de la Copa del Mundo de esquí alpino con 41 años y 55 días, la norteamericana se niega a aceptar que una lesión, otra más, le prive de su quinta experiencia olímpica.

“A pesar de todos los infortunios que he sufrido, mi rodilla se encuentra estable, no tengo inflamación y mis músculos están reaccionando a cada estímulo como deberían”, ha sentenciado Vonn, campeona olímpica en Vancouver 2010. “Obviamente, mi equipo médico y yo vamos a continuar evaluando el estado de mi rodilla a diario. Tengo la intención de competir, pero también quiero tomar la decisión más inteligente posible. A fin de cuentas, sé cuáles eran mis posibilidades en estos Juegos Olímpicos antes de la caída. Y aunque ahora no sean las mismas, todavía existe una oportunidad. Y mientras exista un mínimo rayo de esperanza, no me voy a rendir”.

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