Marzio G. Mian, periodista: “El Ártico es el nuevo Congo boreal”
El reportero italiano ha hecho múltiples investigaciones en el Ártico, hoy el gran punto de fricción planetario. Señala que los inuits no sienten nada por Europa

El italiano Marzio G. Mian, periodista explorador, es uno de los mayores expertos en el Ártico, por el que viaja desde hace tres décadas. Hasta fundó The Arctic Times Project, asociación de periodistas internacionales para documentar el cambio climático en esas tierras áridas. Acaba de volver de Canadá y en breve se va a Corea del Sur, a ver los puertos y astilleros que nacen para la ruta polar china.
La cita es en su casa de Milán, llena de libros, y cocina un plato de pasta para conversar; cree que la gente se conoce mejor comiendo juntos. En su maleta siempre hay espaguetis, aceite y orégano, y así ha conocido bien, por ejemplo, a los inuits de Groenlandia, cocinando con ellos. “Están obsesionados con la comida, con sobrevivir”, relata. Señala que el reciente acuerdo entre Trump y Mark Rutte, secretario de la OTAN, demuestra una vez más que los inuit están siendo ignorados en perfecto estilo neocolonial. “Es el comienzo de la entrada de Groenlandia en la esfera estadounidense”, señala.
Mian es autor de dos libros fundamentales para comprender qué pasa cerca del Polo Norte: Guerra blanca. En el frente ártico del conflicto mundial (Ned Ediciones, 2025) y Ártico. La batalla por el Gran Norte (Ariel, 2019). Pronto publicará Volga blues, un viaje por el gran río ruso. En 2024 fue candidato al Premio Pulitzer por otro texto sobre Rusia.
Pregunta. ¿Cuándo se dio cuenta de que el futuro se jugaba en el Ártico?
Respuesta. El Ártico es el nuevo Congo boreal. Me impactó los verbos en futuro, se siente un mundo nuevo. Pasaban cosas de las que no se hablaba. En Noruega, en la frontera con Rusia, estaba todo claro. La URSS los liberó de los nazis. Tenían un acuerdo histórico de colaboración. La guerra de Ucrania acabó con ello. En 2016, en Groenlandia dimos una exclusiva: una mina de uranio y tierras raras en Narsaq con capital del Ministerio de Defensa chino. Ahí empezó la alarma. Una historia perfecta: un lugar pequeño te cuenta el mundo. Y estaban los inuits.
P. ¿Qué piensan ellos? En esta historia es como si no existieran.
R. Pasé tiempo comiendo con ellos, todo menos foca, no me gusta. Reno, ballena, ¡la morsa, deliciosa! ¿Qué piensan? Un inuit no dice: “Yo pienso esto”. No puedes preguntar qué opinan de Trump. No tienen primera persona, no usan el yo. Forman parte de un todo, de una comunidad. Facebook los ha matado: es un narcisismo inconcebible allí. Es el lugar con más suicidios, no se sienten preparados para lidiar con este mundo.
P. ¿Cuándo vio usted la posibilidad de un conflicto en el Ártico?
R. La OTAN hacía maniobras mayores que en la Guerra Fría. Y en el Ártico ruso, donde entran pocos periodistas, comprendí lo que estaba en juego. Quien conoce Rusia y su paranoia sabe que en esta frase de Putin está todo: “No hay Rusia sin el Ártico, y no hay Ártico sin Rusia”. Incluso las reglas disuasorias que funcionaron en la Guerra Fría, la paz gracias a la bomba atómica, no se aplican. La URSS era un imperio ateo; Rusia es otra cosa, tiene este elemento autodestructivo y apocalíptico, la capacidad de tomar el camino equivocado en la historia.
P. ¿Rusia ve una amenaza en el Ártico?
R. Están allí desde el siglo XVIII, 24.000 kilómetros de costa, el Ártico es como un Mediterráneo si lo miras desde arriba. Así lo ven en EE UU, ven que son potencia ártica, pero no superpotencia. Lo es Rusia, que tiene 40 o 45 rompehielos, y EE UU solo dos.
P. Llegan tarde.
R. Deben ponerse al día, pero en términos de presencia física. La razón principal es instalar el Golden Dome, un escudo antimisiles. En la presidencia de Biden ya hubo una intervención fuerte con Groenlandia. Expulsaron a los chinos en tres años. Ya se adjudicaban contratos, tenían dos minas de azufre. También Silicon Valley, Peter Thiel, quieren convertir Groenlandia en una utopía libertaria, sin leyes. Si el proyecto de Trump no se concreta será solo por culpa de Trump. Los inuits no sienten nada por Europa. El 100% quiere la independencia de Dinamarca. Y saben que los inuits de Alaska, pactando con EE UU, se han hecho ricos con los beneficios de la minería. Además, en el Ártico hubo un colonialismo brutal de EE UU, Canadá y Dinamarca del que no se habla, con la complicidad de la Iglesia católica y anglicana. En mi último viaje estuve en Grise Fiord, Canadá, el asentamiento más al norte del continente. Estos inuits fueron deportados allí por Canadá en 1953, en plena Guerra Fría. EE UU envió 10.000 soldados a Thule, enfrente (en Groenlandia), y Canadá, para ejercer su soberanía, tuvo que enviar a gente que pudiera sobrevivir. Deportaron a inuits de Quebec 2.500 kilómetros al norte, con engaños. Murieron en meses. Lo que he descubierto es que planean llevarlos aún más al norte, donde hay una estación de radar: es ahí donde se enfrentan hoy EE UU y Canadá. El Paso del Noroeste se ha convertido en prioridad para EE UU. Y Canadá cree que este paso es suyo.
“Estamos en una guerra sin disparos con un nivel que precede a la guerra. Los dos conflictos globales nacieron así”
P. Entonces la tensión entre Canadá y Estados Unidos no es un asunto menor.
R. No, el reciente acuerdo entre Canadá y China es increíble, un desafío para Trump. Estamos en una guerra sin disparos con un nivel que precede a la guerra. La Primera Guerra Mundial, la Segunda, nacieron así. Y vemos en Europa una tendencia a presentar la guerra como inevitable. El error es que la OTAN debería haber desaparecido con la URSS en 1991. Su misión terminó ahí.
P. ¿La clave en el Ártico son los recursos naturales: tierras raras, petróleo, gas?
R. Y geografía. Explotar el Ártico es caro. Rusia es la única con experiencia, pero necesita a las petroleras que se fueron con las sanciones. EE UU también quiere. Hay una especie de Yalta en el Ártico. No es raro que la cumbre de Putin y Trump fuera en Alaska.
P. Así que, en realidad, hay un deseo de cooperación entre Rusia y EE UU.
R. Exacto. Putin dijo que no le sorprendía la ambición de EE UU en Groenlandia, daba luz verde. La alarma ha surgido cuando la OTAN va allí. La relación entre Trump y Putin es más fuerte de lo que imaginamos. Quién sabe si quieren dividir la OTAN. Rusia también sufre por la alianza con China, su enemigo histórico. No sería raro que China apoye una Rusia débil para serle necesaria.
P. Pero si hay grandes negocios son el mejor antídoto contra la guerra.
R. Sí. Uno de los socios de un consorcio de Delaware (EE UU) para acuerdos comerciales con Groenlandia es la ministra de Exteriores de la isla: quieren exportar agua de iceberg. ¡El agua más pura del mundo!
P. ¿Y qué pasará cuando el polo se derrita en verano? Se estima que será en 2035. Puede alterar totalmente el clima en Europa.
R. Rusia y Canadá son los mayores beneficiarios del cambio climático. Rusia ya cultiva en el sur de Siberia. En Canadá hay inmobiliarias que invitan a fondos a invertir en lugares inauditos, Yukón, norte de Alberta.
P. Trump es negacionista del cambio climático, pero sabe que existe en el Ártico.
R. Sí. Putin no es negacionista. Tiene un problema con el permafrost, se derrite y caen infraestructuras. En Rusia ha habido un desastre ambiental con minas del Ártico de níquel y cobalto. Quedaron fuera de las sanciones europeas: se usan para fabricar coches eléctricos… no contaminantes. Nunca ha habido un nivel de hipocresía como hoy.
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