China reivindica su derecho al Ártico: “Estados Unidos no debe utilizar a otros países como excusa”
Pekín replica a Trump que sus actividades en la región “tienen como objetivo promover la paz”

Ante la creciente presión del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre Groenlandia, China ha reivindicado este lunes el derecho de todos los Estados a emprender actividades en el Ártico de conformidad con la ley. “Estados Unidos no debe utilizar a otros países como excusa para perseguir sus propios intereses egoístas”, ha replicado la portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Mao Ning, a las palabras de Trump, quien aseguró el domingo que es necesario tomar el control de Groenlandia para evitar que Rusia o China obtengan el control de ese territorio estratégico.
“El Ártico afecta a los intereses generales de la comunidad internacional”, ha zanjado la citada portavoz durante una comparecencia rutinaria en Pekín. “Las actividades de China en el Ártico tienen como objetivo promover la paz, la estabilidad y el desarrollo sostenible de la región, y se ajustan al derecho internacional”.
“Si no tomamos Groenlandia, Rusia o China lo harán, y no voy a permitir que eso suceda... De una forma u otra, vamos a quedarnos con Groenlandia”, había espetado el magnate republicano el domingo a bordo del Air Force One, el avión presidencial, en su enésima amenaza verbal sobre el territorio autónomo danés.

Las intimidaciones y advertencias de Trump y su Administración han puesto en guardia a Copenhague y el resto de capitales europeas ante el principal aliado de la OTAN, sobre todo después del ataque relámpago de Estados Unidos sobre Venezuela. La intervención en América Latina ha marcado la apertura del año geopolítico, y ha abierto un enorme agujero en el derecho internacional.
En sus declaraciones sobre Groenlandia, Trump ha subrayado que no le interesa un acuerdo temporal, como el arrendamiento del territorio, sino una adquisición permanente. En otras intervenciones, ha asegurado que se hará con la vasta región, donde viven 56.000 personas, “por las buenas o por las malas”.
A medida que el casquete polar se retira por el aumento de las temperaturas, el Ártico se está volviendo un creciente foco de interés para las superpotencias: alberga petróleo, gas, minerales, abundante pesca. Y promete un nuevo vínculo marítimo entre el Atlántico y el Pacífico, ofreciendo una alternativa a las rutas comerciales que pasan por el canal de Suez y el de Panamá.
China es uno de los contendientes y está haciendo avances. En otoño, un buque portacontenedores de este país zarpó desde el puerto de Ningbo, en la República Popular, hasta el de Felixstowe, en el Reino Unido, a través de esta ruta del norte, compleja y practicable de forma estacional.
Tardó 20 días, lo que supone un ahorro de 20 jornadas respecto a las 40 que suele durar la travesía de un mercante por el canal de Suez. Si persiste el conflicto de Yemen, que supone un riesgo para atravesar el golfo de Adén, es probable que esta ruta se vuelva aún más interesante.
El Gobierno chino insiste, como en otros terrenos, en que sus incursiones en la región son amistosas. “Más allá de su destreza técnica, el enfoque de China para desarrollar la ruta ártica da prioridad a la cooperación inclusiva sobre el control exclusivo”, expresaba en septiembre un editorial de Global Times, propiedad del Diario del Pueblo, órgano de propaganda del Partido Comunista chino.

Mientras, Washington ve el avance de peones chinos (y también rusos) como una amenaza creciente para sus intereses, y considera al gigante asiático una nación que, si bien no pertenece al Ártico, sí muestra un interés cada vez mayor en este territorio. La Casa Blanca ve con especial preocupación la creciente cooperación entre Moscú y Pekín en esta zona.
Tampoco es una inquietud nueva, ni ha nacido de la Administración Trump. En 2024, el Departamento de Defensa estadounidense publicó una nueva Estrategia del Ártico en la que citaba, entre los elementos que motivaban su edición, “la creciente colaboración entre la República Popular China (RPC) y Rusia”. La región, “cada vez más accesible, se está convirtiendo en un escenario de competencia estratégica, y Estados Unidos debe estar preparado para afrontar el reto junto con sus aliados y socios”, señalaba el texto, elaborado al final del mandato de Joe Biden.
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